El metabolismo de cada persona depende del peso, la altura, el sexo, y la edad que, además, son factores que influyen en la cantidad de músculo que tiene el cuerpo. Por el metabolismo, algunos engordamos más y otros menos al ingerir la misma cantidad de alimento y realizar similar actividad física. Pero hay algo que se puede asegurar sin vueltas y sin distinción de género: a partir de los 30 años bajar de peso cuesta mucho más y los cambios comienzan a notarse en nuestra silueta. Menor elasticidad en la piel y mayor flacidez en brazos y piernas son los síntomas de que los años ya están aquí y que llegaron para quedarse.

En el libro “La comida no engorda. ¿Por qué engordamos nosotros?”, el Dr. Adrián Cormillot explica por qué a las mujeres les cuesta más bajar de peso que a los hombres: “A diferencia de los hombres, ellas acumulan grasa extra en las caderas y cintura que está destinada a funcionar como fuente de energía para el bebé durante el embarazo. Al tener una mayor proporción de grasa que de músculo, su metabolismo es más lento y queman menos calorías”.

La "comida chatarra" no favorece al proceso.

Y agrega que “hasta los 25 años, una mujer sana tiene hasta un 22% de grasa en su cuerpo. A partir de entonces, el porcentaje sube progresivamente hasta superar el 31% después de los 60. En el hombre, el porcentaje aceptable de grasa pasa de 15% hasta los 25 años a un 23,5% pasados los 60”.

Cormillot, médico clínico con orientación en enfermedades crónicas y director del Centro de Educación e Investigación en Diabetes, Obesidad y Nutrición (CEIDON), asegura que si somos sedentarios y ya pasamos los 30 años, nuestro cuerpo empieza silenciosamente a quemar cada vez menos calorías. “Por esta razón, aun cuando no aumentamos la cantidad de comida que incorporamos, engordamos casi sin darnos cuenta”, afirma.

Existe gran cantidad de frutas y verduras para incorporar a nuestra alimentación.