“La Carta” de Juan Antonio Barroso, excombatiente de Malvinas

por Silvia Brandariz

Barroso integró en 1982 el Regimiento 6 de infantería, como Cabo de la Compañía B y escribió esta carta para compartir públicamente sus vivencias y las de su batallón

Querido amigo Esteban, hace tiempo que quiero contarte algo sobre lo que sucedió esa noche del 12 de junio cuando nos atacaron los ingleses y se replegaba la compañía de Infantería “B”.

Usted sabe que yo estaba con el mortero de 81mm, quizás esto le parezca una novedad, pero bueno… pasaron los años y se lo tengo que contar: Para mí ha sido muy difícil vivir con esto, y peor es no borrar de mi memoria a los muertos y la retirada de mis compañeros. No voy a olvidar nunca cuando se replegaba la compañía y tome la posición de combate a los gritos diciendo que: ¡Yo no me voy!…, me quede esperando ordenes, no me iba a retirar cuando teníamos tantas municiones para tirar, y entre el combate se escuchaban gritos de los soldados argentinos y el apoyo de fuego de Irigoitia con otros grupos militares. Hasta que llegó mi jefe de sección a buscarme…

Juan Antonio Barroso en Malvinas

Me llama y me dice: -Barroso, Barroso!!! Vamos!!!

-Yo le contesto, a dónde?

-Con la compañía.

Yo no me voy, quiero tirar.

-Entonces él me manifiesta: usted cumple la orden que le doy!.

Le dije: la orden que usted me da me la pasó por las pelotas y me amenazó con meterme preso cuando llegáramos al continente.

– Le meto 3 días de arresto.

-Métame 50 también si quiere, yo voy a tirar.

Estábamos discutiendo y llegó el subteniente “Franco” y me pregunta: -Que pasa Barroso?

-Este no quiere que tire.

Él le dijo a mi jefe porque no lo deja tirar.

Es que lo van a matar si tira.

Al instante le conteste: Que mierda le importa si me matan, yo quiero tirar, no escucha los gritos de nuestros soldados pidiendo el apoyo de fuego.

-El me contesto: usted sálvese, y deje que los demás se salven como puedan.

Estaba como loco, porque escuchaba los gritos de mis compañeros y del soldado “Guanes”.

-Entonces el joven oficial Franco me dice: usted quiere tirar… -“Tire barroso” “tire barroso, que yo lo voy a defender.

Discutí feo con mi jefe de sección, hasta que llegó el soldado “Romero Javier” quien era de mi grupo, y me manifestó: -Que pasa mi cabo?.

-Le digo te animas a tirar?

Si mi cabo, yo lo acompaño.

Saltamos los dos a donde estaba el mortero, ocupando posición, y preparamos dos cajones de proyectiles españoles en instantáneos, listos para tirar.

Comenzamos hacer fuego en dirección a Monte KEN donde venía avanzando el enemigo y nuestros compañeros estaban muriendo. Tirábamos un tiro y regulaba las manivelas mientras nuestros soldados intentaban llegar a la parte alta de la montaña. Seguíamos tirando, hasta que abrace el tubo del mortero con mis brazos, para moverlo de un lado a otro, según el ángulo que necesitábamos para defender la posición de retirada.

Grupo del batallón en un momento de descanso del combate

Tiramos y tiramos para todos lados, tratando de cometer el menor error y salvar la mayor cantidad de vidas, recuerdo que el fuste me rebotaba en mi brazo, no sentía nada, nada me importaba, solo quería que mis compañeros llegaran.

El enemigo hizo una pausa por un instante, ellos subieron a la montaña, complete los doce tiros y le grite al soldado Romero que desarmáramos el mortero. Hoy sigo escuchando en mis oídos los gritos del Subteniente Franco, que me decía: -“Vamos Barroso, esos son huevos, mierda”…

Esas palabras me quedaron para siempre, después de desarmar el mortero, alcanzamos a cubrirnos, se venía el infierno, habían detectado la posición y nos dispararon con todo lo que tenían. Lo único que alcance a decir a los soldados que estaban en la posición, fue: -“Tápensen bien fuerte los oídos y abran grande la boca”.

Comenzó el fuego de la artillería, la pesadilla se desato, los proyectiles caían encima y alrededor de la posición, parecía que mi cabeza explotaba y mi pecho se partía, donde me manifesté: -“Hasta acá llegamos, de esta no salimos”.

Sufrimos todo el cañoneo de la artillería, hasta que se silenciaron, ahí pudimos abrazarnos por la divina gracia de Dios…

“Bueno…, esto lo sabían muy pocos de mis compañeros, mi jefe, el Sub-Tte. Franco y el soldado Romero. Ellos fueron testigos de esta acción. Quizás usted mi Coronel hoy se entera de esto, jamás nadie dijo nada, pero por respeto lo lleve en silencio hasta hoy…”

Entrega de distinciones a veteranos de Malvinas de San Rafael

Recordemos que los últimos tres días del conflicto fueron los más sangrientos, más inciertos y más terribles de toda la guerra. Allí, en los montes Kent, Harriett, Dos Hermanas y Longdon, se desarrollaron los más intensos combates, que finalizarían con el rendimiento de argentina el 14 de junio.