Quién es el violador serial de ancianas de Córdoba que busca salir en libertad
A más de 15 años de su condena por atacar a 15 mujeres mayores, intenta agotar los recursos legales para salir de la cárcel de Villa Dolores.


El nombre de Oscar Ernesto Barraza no es un caso más dentro del sistema judicial cordobés. Conocido como el “violador serial de ancianas”, sembró el terror en la capital provincial durante la década del 2000, cuando atacó a al menos 15 mujeres mayores que vivían solas. Hoy, con más de 70 años, busca salir de prisión, pero se enfrenta a una fuerte barrera judicial basada en la gravedad de sus delitos y su peligrosidad actual.

Entre 1999 y 2004, barrios como San Martín, Providencia y Crisol fueron escenario de una serie de ataques que conmocionaron a la sociedad. Las víctimas, de entre 52 y 84 años, compartían condiciones de vulnerabilidad que el agresor aprovechaba con precisión.
Según determinó la Cámara 6ª del Crimen, Barraza ingresaba a las viviendas durante la noche, trepando techos o forzando aberturas. Una vez dentro, reducía a las mujeres, las ataba con cables o ropa, les cubría el rostro y luego cometía los abusos. Después, robaba dinero y objetos de valor y cortaba los cables telefónicos para impedir que pidieran ayuda.

Su detención se logró gracias a una prueba clave: una huella dactilar encontrada en una botella de gaseosa en una de las escenas. El juicio, que concluyó en 2008 con una condena a 25 años de prisión, evidenció el peso de la prueba científica frente a los testimonios. A pesar de que dos víctimas afirmaron que Barraza no era el agresor, el tribunal dio mayor valor a los estudios de ADN.
Los jueces sostuvieron que la memoria puede verse afectada por situaciones traumáticas, mientras que la evidencia genética ofrece mayor certeza. En ese sentido, destacaron que el ADN tenía mayor “contundencia convictiva”.
Los peritajes psicológicos descartaron que Barraza padeciera una patología que redujera su responsabilidad penal. Sin embargo, sí detectaron rasgos psicopáticos y conductas de carácter sádico.

Uno de los aspectos más relevantes fue la interpretación de su conducta desde una perspectiva psicológica: los informes señalaron una conflictiva relación con la figura materna. Según los especialistas, elegía víctimas ancianas porque representaban un “objeto menos ansiógeno”, lo que le permitía canalizar su agresividad y reforzar su identidad.
Actualmente, Barraza cumple su condena en la cárcel de Villa Dolores, donde mantiene una conducta considerada “ejemplar” y trabaja en la panadería del penal. A pesar de ello, la Justicia ha rechazado sus pedidos de prisión domiciliaria.
La jueza de Ejecución Penal, Soledad Juncos, fue clara: cumplir 70 años no garantiza el acceso automático a beneficios. “Debe existir un plus que lo justifique”, señaló.

El principal impedimento es su condición de reincidente, con antecedentes por complicidad en un homicidio en 1973 y tentativa de robo en 1995. Sin informes favorables ni el aval del Servicio Penitenciario, Barraza seguirá detenido.
Recién el 29 de junio de 2031 podrá solicitar la libertad asistida, seis meses antes de cumplir la totalidad de la pena. Para la Justicia de Córdoba, el riesgo que representa sigue siendo demasiado alto como para permitir su regreso a la sociedad.