"Todavía me duele la mano": el mensaje de una guardiacárcel tras pegarle a dos presas en Córdoba
Una conversación encontrada en su celular fue una de las pruebas centrales de la causa.


Una conversación privada encontrada en un teléfono celular se convirtió en una de las pruebas centrales de una causa por presunta violencia contra dos internas de la cárcel de Bouwer, en Córdoba.

La Justicia federal procesó a Jésica Soledad González, una agente penitenciaria de 37 años, acusada de agredir a dos mujeres que se encontraban bajo custodia dentro del establecimiento. Los hechos investigados ocurrieron en abril de 2025 y habrían tenido lugar en un sector sin cámaras de vigilancia.
La resolución fue dictada por el juez federal N° 2 de Córdoba, Alejandro Sánchez Freytes, quien procesó a González por el delito de severidades. También dispuso un embargo sobre sus bienes por $10 millones.
La investigación, impulsada por el fiscal federal Carlos Casas Nóblega, reconstruyó lo ocurrido entre el 9 y el 10 de abril de 2025. Según consta en la causa, el episodio comenzó después de un disturbio protagonizado por varias internas en el anexo A del establecimiento. Una vez controlada la situación, González habría trasladado a dos detenidas, identificadas como Rocío de los Ángeles Dávila y Florencia Dagum Rolle.
La acusación sostiene que ambas fueron llevadas hasta el consultorio 5 de la enfermería, un sector que no contaría con cámaras de vigilancia. Allí, mientras tenían las manos precintadas, habrían sido golpeadas, tomadas del cabello y arrojadas al piso. También habrían sido obligadas a permanecer en posiciones que les provocaban dolor.
Uno de los elementos que adquirió mayor relevancia durante la investigación surgió del análisis del teléfono celular de González. Los investigadores encontraron una conversación en la que la propia agente hacía referencia a lo ocurrido con las internas.

“Agarré y las llevé allá... Te juro... les pegué un puñete, amiga... todavía me duele la mano”, decía uno de los mensajes incorporados al expediente. En otro tramo de la conversación, González habría dado más detalles sobre las agresiones: “Me quedó doliendo la mano porque le pegué como el ocote. Y a la otra la agarré de los pelos”.
Para la investigación, el contenido de esos chats resulta especialmente relevante porque coincide con aspectos de la denuncia formulada por las internas.
Según la investigación, las presuntas agresiones no fueron consignadas en el libro de novedades. Allí únicamente habría quedado registrado el traslado de las mujeres por razones de seguridad.
Para la Fiscalía, esta circunstancia debe ser analizada junto con los mensajes encontrados en el celular y el resto de las pruebas reunidas para establecer cómo se desarrolló el procedimiento dentro del penal.
El caso llegó a la Justicia después de que una de las internas denunciara lo sucedido mediante la presentación de un hábeas corpus. A partir de allí comenzó una investigación que incluyó testimonios, documentación del establecimiento y el peritaje del teléfono de la agente penitenciaria.

Con esos elementos, la Justicia resolvió avanzar con el procesamiento de González. La causa continuará ahora con la producción y evaluación de pruebas para determinar las responsabilidades penales por lo ocurrido dentro del penal de mujeres de Bouwer.