La investigación por el femicidio de Agostina Vega reveló un patrón de manipulación por parte de Claudio Barrelier para captar a sus víctimas. Según el avance de la causa, el sospechoso explotaba la confianza y las necesidades económicas para atraer a jóvenes a la casa ubicada sobre la calle Juan del Campillo 878.

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Este accionar, definido por la querella como un "señuelo" o "ardid", permitía al imputado trasladar a las víctimas a un ambiente controlado antes de iniciar sus ataques. Las autoridades analizan ahora si este modus operandi formaba parte de una logística mayor vinculada a un grupo criminal organizado.
“Una sorpresa para mamá”: el último mensaje
En el caso de Agostina Vega, la adolescente de 14 años fue captada mediante un engaño vinculado a su entorno familiar más cercano. Barrelier, quien mantenía un vínculo de confianza con la madre, convenció a la menor para organizar un regalo.

“Tengo que ir con el novio de mi mamá, para hacerle una sorpresa a mi mamá. Me tengo que escapar”, decía el fragmento del audio que la niña envió a sus amigas por WhatsApp antes de desaparecer. Según la investigación, Barrelier coordinó el encuentro y pagó el viaje en remis desde barrio General Mosconi hasta Cofico.
Este audio es una pieza clave para la fiscalía de Raúl Garzón, ya que demuestra cómo la víctima fue manipulada para abandonar su hogar sin avisar. La joven creía que participaba en un plan positivo, lo que facilitó su traslado a la que luego sería denominada la “casa del horror”.
El antecedente de 2025: la misma trampa
La abogada Mónica Picco, representante de una joven que escapó de Barrelier en mayo de 2025, confirmó que el engaño era una herramienta habitual del sospechoso. En aquel hecho previo, el imputado utilizó una supuesta oferta económica como "anzuelo" para atraer a una mujer de 21 años.
Barrelier le ofreció dos millones de pesos a cambio de que le guardara un dinero en su domicilio de barrio Cofico. “Era una persona muy manipuladora, muy entradora. Utilizaba ofrecimientos de dinero para captar a las víctimas”, describió Picco sobre el perfil del acusado.

Una vez dentro de la vivienda, el patrón de violencia se repetía: el hombre cerraba la puerta con llave y sacaba un arma para amenazar. El engaño inicial servía únicamente para anular las defensas de las jóvenes y asegurar que ingresaran voluntariamente a la propiedad.
Un patrón de manipulación y “anzuelo”
Para el abogado Carlos Nayi, la privación de la libertad de Agostina tuvo dos momentos claros, siendo el primero el engaño o “señuelo”. Según su hipótesis, Barrelier cooptó a la adolescente mediante mentiras para llevarla a su ámbito de exclusividad en la vivienda de tipo “chorizo”.
“Utilizó como herramienta de trabajo una mentira o una cadena de mentiras”, sostuvo Nayi al referirse a la cooptación de las víctimas. Esta estrategia de manipulación es lo que hoy permite a la Justicia sospechar que Barrelier no actuaba por impulso, sino con una planificación previa.

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La querella sostiene que estas acciones demuestran una peligrosidad extrema, ya que el acusado se valía de la vulnerabilidad de las menores y de su conocimiento sobre el entorno familiar. El lunes 15 de junio, con el levantamiento del secreto de sumario, se espera conocer si existen más denuncias que confirmen la repetición de este estremecedor engaño en Córdoba.
