Provoleta: nació en Córdoba y llegó a ser una de las entradas más famosas del mundo
Tiene su origen en una localidad del interior cordobés. Toda su historia.
La provoleta es casi una parada obligada antes del asado. Dorada por fuera, cremosa por dentro y cocinada directamente sobre las brasas, se convirtió en uno de los grandes clásicos de la gastronomía argentina.

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Su popularidad incluso trascendió las fronteras. En una oportunidad, Taste Atlas la ubicó entre las 10 mejores entradas del mundo, con una puntuación de 4,6 sobre 5.
Pero detrás de ese queso que hoy aparece en prácticamente cualquier parrilla hay una historia que comienza en Córdoba, con un inmigrante italiano que buscaba adaptar una tradición de su país a las costumbres gastronómicas argentinas.
La provoleta nació en Córdoba
El protagonista de esta historia fue Natalio Alba, un inmigrante italiano nacido en 1902 en Rossano, Calabria. Después de llegar a la Argentina, trabajó en distintos rubros vinculados con la comercialización de alimentos y pasó por Buenos Aires y Santa Fe. Finalmente se radicó en Córdoba, donde encontró el escenario para desarrollar su proyecto.

A fines de la década de 1930 se instaló en Arroyo Algodón, una localidad ubicada a unos 160 kilómetros de la ciudad de Córdoba y con una fuerte actividad tambera. Allí comenzó a trabajar en la elaboración de productos lácteos y puso el foco en los quesos de tradición italiana.
El invento que cambió el asado
Alba experimentó con el provolone, un queso de pasta hilada de origen italiano, hasta encontrar una forma que permitiera llevarlo directamente a la parrilla.
El desafío era conseguir que el queso pudiera calentarse sobre las brasas, dorarse y ablandarse por dentro sin derretirse completamente y caer entre las rejillas.

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Después de distintas pruebas, alrededor de 1940 desarrolló un formato cilíndrico de provolone hilado que podía cocinarse directamente sobre la parrilla.
Entonces, Alba eligió el nombre provoleta como un diminutivo relacionado con la provola, el queso italiano que sirvió como antecedente de su creación. El producto comenzó a comercializarse y rápidamente se incorporó a las parrillas y carnicerías de distintas partes del país.
De una creación cordobesa a un clásico nacional
La innovación de Alba no solo consiguió instalar un nuevo producto en el mercado argentino. También permitió incorporar un queso de tradición italiana a una de las costumbres gastronómicas más características del país: el asado.
En 1955, la creación fue incorporada al Código Alimentario Nacional bajo la denominación de “queso provolone hilado”. Alba también había registrado la marca y el método de elaboración, buscando proteger comercialmente su invento.
Después de su muerte, en 1983, la empresa continuó en manos de su familia. Sin embargo, décadas más tarde, el nombre “provoleta” terminaría protagonizando una disputa judicial.
El juicio que cambió el nombre de la provoleta
La empresa Natalio Alba fue declarada en quiebra en 2003 y, años después, una disputa con Sancor llegó a la Justicia. En 2008, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal resolvió que la denominación no podía quedar bajo el monopolio de una empresa.

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El tribunal consideró que se trataba de una “marca débil” y sostuvo que el registro no permitía impedir que terceros utilizaran un término que ya se había incorporado al uso común. A partir de ese fallo, “provoleta” quedó consolidado como un término de uso genérico para identificar este tipo de queso destinado a la parrilla.

