En pleno corazón del centro histórico de Córdoba se levanta una institución que ha sobrevivido a imperios, guerras civiles y profundas transformaciones sociales. El Colegio Nacional de Monserrat, conocido popularmente como "el Monse", no es solo uno de los edificios más emblemáticos de la provincia, sino también un verdadero reservorio de la memoria argentina. Su historia está estrechamente ligada a la de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), conformando un proyecto educativo que se ha mantenido vigente durante más de tres siglos.

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El legado de Ignacio Duarte y Quirós y la etapa jesuita
La historia del colegio comenzó el 1 de agosto de 1687, cuando el presbítero cordobés Ignacio Duarte y Quirós donó todos sus bienes a la Compañía de Jesús para fundar el Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat.
El fundador entregó un patrimonio valuado en más de 38.000 pesos de la época, que incluía la Estancia de Caroya y su vivienda de siete habitaciones. Aunque la autorización del rey Carlos II había llegado previamente, el establecimiento comenzó a funcionar de manera efectiva el 10 de abril de 1695.
Durante la administración jesuita (1687-1767), el colegio funcionó como un convictorio o internado. Sus alumnos, provenientes de distintas regiones de Sudamérica y Europa, seguían una estricta rutina de estudios, oración y disciplina.

Para ingresar se exigía acreditar "limpieza de sangre" y contar con recursos económicos. Sin embargo, Duarte y Quirós también creó un sistema de becas que permitió el ingreso de un 16% de estudiantes con menores posibilidades económicas.
La crisis institucional y la "cacería" de esclavos del Deán Funes
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el establecimiento pasó a manos de la Orden Franciscana. Ese período, que se extendió hasta 1807, estuvo marcado por problemas económicos y administrativos que pusieron en riesgo la continuidad de la institución. En 1782, el colegio fue trasladado desde la antigua casa de los Duarte al segundo claustro de la Manzana Jesuítica, donde permanece hasta la actualidad.
La llegada del clero secular, encabezado por el deán Gregorio Funes, significó un cambio profundo. Como rector impulsó una modernización de los planes de estudio, incorporando materias como castellano, francés, aritmética y geografía.

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No obstante, la delicada situación financiera lo llevó a adoptar medidas controvertidas. Uno de los episodios menos conocidos de su gestión fue la organización de una búsqueda sistemática de esclavos fugitivos que pertenecían legalmente al Convictorio. Para recuperar recursos, Funes contrató a un particular encargado de localizarlos en Buenos Aires y Montevideo. Los esclavos recuperados podían ser vendidos o intercambiados por ganado destinado a la Estancia de Caroya. El rector sostenía que no debían regresar al colegio para evitar que difundieran ideas de rebeldía y libertad entre el resto.
El Monserrat y la construcción del Estado argentino
Con el inicio de las autonomías provinciales en 1820, el Colegio Nacional de Monserrat ingresó en su etapa provincial. A pesar de las guerras civiles entre unitarios y federales, el gobernador Juan Bautista Bustos promovió importantes reformas. Entre ellas, eliminó el antiguo requisito de "limpieza de sangre", favoreciendo una mayor apertura social.

En 1854 el colegio fue nacionalizado junto con la universidad de Córdoba durante el gobierno de la Confederación Argentina. Durante esta etapa (1854-1907), el establecimiento dejó de funcionar como internado. En 1878 el Gobierno nacional eliminó definitivamente el sistema de convictorio y lo convirtió en un colegio secundario con características similares a las actuales. En esos mismos años, la Estancia de Caroya dejó de pertenecer al Monserrat y comenzó a recibir a los primeros inmigrantes friulanos.
La modernización y la histórica incorporación de las mujeres
El siglo XX marcó otra etapa decisiva. En 1907 el colegio pasó a depender formalmente de la Universidad Nacional de Córdoba. Poco después, sus estudiantes protagonizaron movimientos que serían el antecedente directo de la Reforma Universitaria de 1918.
Figuras como Arturo Orgaz y Arturo Capdevila, vinculadas al histórico Manifiesto Liminar, se formaron en sus aulas y lideraron las huelgas estudiantiles de 1912.
Uno de los cambios más trascendentes llegó casi un siglo después: el ingreso de las mujeres. Durante más de 300 años, el Monserrat fue exclusivamente masculino y la apertura generó una fuerte resistencia de sectores conservadores.

En 1997, luego de que la UNC aprobara una ordenanza que habilitaba la inscripción sin distinción de sexo, se produjeron tomas del edificio, recursos judiciales y un intenso debate público.
Finalmente, en 1998 la Justicia avaló la medida y el 9 de marzo ingresaron las primeras 44 alumnas. En 2004 egresó la primera promoción mixta, demostrando que el nivel académico y humanista del colegio permanecía intacto.
Patrimonio de la Humanidad y memoria histórica
En el año 2000, la UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad al edificio del Monserrat junto con el resto de la Manzana Jesuítica. Su arquitectura actual, restaurada por el arquitecto Jaime Roca entre 1927 y 1928, combina elementos neocoloniales y platerescos, además de la emblemática torre con reloj que dialoga con la iglesia de la Compañía de Jesús.

El Monserrat rompe una tradición de 339 años y por primera vez, una mujer será directora
La primera directora en 339 años
En julio de este año, el Monserrat escribió otro capítulo histórico con la elección de María José Alcázar como primera directora en los 339 años de vida de la institución.
Profesora de inglés y hasta entonces secretaria académica, Alcázar obtuvo el 62,98% de los votos, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el máximo cargo del colegio.

Tras su triunfo, definió el momento como el cierre de un largo proceso de transformación institucional. Su designación simboliza el final de una etapa marcada por la exclusión femenina y el reconocimiento del lugar que las mujeres fueron conquistando dentro de una de las instituciones educativas más emblemáticas de la Argentina.
Un archivo único que conserva más de tres siglos de historia
Además de su prestigio académico, el Monserrat resguarda uno de los patrimonios documentales más importantes del país. Su Archivo Histórico, creado formalmente en 2005, conserva miles de documentos, planos, fotografías y registros administrativos que se remontan al siglo XVII. Entre sus colecciones se encuentran valiosos documentos vinculados a la primera imprenta instalada en territorio argentino y al funcionamiento cotidiano del colegio durante más de tres siglos.

Hoy, mientras mantiene la enseñanza de disciplinas como latín y griego y conserva tradiciones como el histórico Bautismo Monserratense, el colegio continúa formando nuevas generaciones bajo el lema "En virtud y letras".
Después de más de 339 años de historia, el Monserrat forma parte de los grandes símbolos de la educación pública argentina y de la identidad cultural de Córdoba.
