Se define la unidad ganadera (UG) como una vaca que pesa 380 kg y gesta y desteta un ternero. Asignamos a esta vaca un consumo equivalente al 2% de su peso vivo, por lo tanto consumirá diariamente 7,6 kg de MS. Con esta determinación se hace necesario estimar el balance forrajero mes a mes de acuerdo a la disponibilidad de la oferta forrajera del campo para cada momento y a la carga que se disponga.

Consideramos que los animales aprovechan un 60% del forraje que tienen a disposición ya que el resto se perdería por pisoteo, muerte de hojas, cañas florales secas, etc. El contenido de agua de los pastos es en esta situación muy bajo, por lo que se desintegra fácilmente, particularmente aquellos de los suelos superficiales, donde rápidamente se secan por la falta de agua y las altas temperaturas.

En general durante el verano la cantidad de proteína disminuye, en este caso de forraje relativamente seco la disminución es mayor, por lo tanto sería necesaria alguna suplementación que aporte este nutriente.

Normalmente durante el invierno la alimentación de los animales está asegurada por el pasto acumulado de estaciones anteriores, siempre que la dotación haya sido la adecuada.

En la ganadería regenerativa, los animales se alimentan de pastizales naturales a los que se les permite un tiempo de recuperación óptimo para su rebrote y desarrollo. (Gentileza Asociación Grass Fed)

Hasta ciertos límites, las subdivisiones de los campos facilitan el manejo en situaciones de bajo crecimiento de forraje porque permiten tener algún potrero con mayor cantidad de pasto que ayuda a solucionar en parte estos inconvenientes.

Pero es básico determinar la dotación adecuada al potencial productivo de las pasturas, porque de lo contrario ningún sistema de pastoreo será capaz de borrar estos errores. Teniendo en cuenta nuestra variabilidad climática es difícil determinar una dotación que se adapte a la misma. Por lo tanto debe planificarse lo más aproximadamente posible la dotación y tratar de ajustarla a las fluctuaciones estacionales de la producción de forraje, lo que no es posible cuando ocurren estos eventos de sequía que pueden tener consecuencias económicas muy negativas para la empresa pecuaria.

Para la conservación de nuestras pasturas naturales debemos prestarles gran atención a su estado en las distintas estaciones, porque por lo general, lo que ocurre en una de ellas es el resultado de lo acontecido en las dos anteriores. Esto exige un seguimiento continuo, como el que se hace con los animales, siendo el estado de los mismos un buen indicador de la cantidad y calidad del forraje disponible en el campo.