Catalina Ayalef (19), Mikaela Ormeño (20) y Antonio Blanco (18) reflejan lo que sienten como estudiantes en cuarentena.


El avance a una nueva etapa de estudio, el ingreso a la Universidad, a una Universidad desconocida para muchos, ubicada a miles de kilómetros de nuestras casas son etapas que los estudiantes de la Patagonia se animan a dar pensando en un futuro mejor, en su desarrollo personal. En esta nueva etapa los ingresantes a la Universidad comienzan a conocerse a si mismos cuando deben vivir solos o con compañeros, pero sin familiares cerca. Desde aprender a cocinar, a manejarse económicamente mes a mes, desde tener la responsabilidad de cursar, todo es un gran cambio en la vida de nuestros estudiantes. Este año ese ingreso a la Universidad fue extraño, algo que nadie esperaba en medio de la ansiedad de conocer a compañeros de la carrera y a los docentes.

Mikaela Ormeño tiene 20 años, ingresó a la Universidad de Buenos Aires pero con la cuarentena volvió a Caleta Olivia.

Sin dudas es difícil para todo aquel que comienza a dar sus propios pasos pero juega en ello en como adaptarnos a lo que nos suceda. En el año 2020 se desata la pandemia del coronavirus, en marzo se decreta la cuarentena en el país y muchos de nuestros estudiantes esperando a iniciar las clases que según el calendario universitario comenzaba en abril no pudieron conocer ni a sus compañeros ni a sus docentes.

“Es difícil. Si bien me pude adaptar a la idea de cursar virtualmente, es complicado. Yo estudio educación física y es una carrera que desde el primer año ya tenemos prácticas, y bueno, este año las perdimos y solo avanzamos con la teoría”, dijo Catalina Ayalef (19) y destacó en relación a los docentes que “hacen su mayor esfuerzo para que no perdamos este año”.

Por su lado, Mikaela Ormeño (20) expresó que “la situación que estamos atravesando actualmente es difícil para todos, desde alumnos a gente que quedó sin trabajo, temo rozar la falta de empatía al decir que es muy difícil, ya que gozo el privilegio de poder seguir con la universidad al tener computadora y wifi, y seguir estando en una situación estable. En mi caso, me mudé a Buenos Aires a principio del año con la idea de comenzar a cursar en la Universidad de Buenos Aires; sólo asistí al edificio educativo para inscribirme, ya que la cursada comenzaría en Abril”.

En su caso, para Antonio Blanco (18), “desde el primer momento fue muy difícil, no conocía a nadie, fui a una ciudad donde no tenia ningún amigo. Empecé a estudiar en la Universidad de Mar del Plata, estaba con un montón de compañeros que no conocía, tampoco los profesores y al principio ni siquiera nos mandaban actividades, simplemente nos decían que leyéramos, y era muy difícil”.

Catalina Ayalef tiene 19 años y estudia en La Plata.

Entre compañeros de la carrera, aunque sea de forma virtual y sin conocerse personalmente, son los que de alguna manera se incentivan para “no aflojar”.

Catalina explicó que “entre todos nos ayudamos y nos vamos incentivando a no dejar la carrera”. Igualmente aclaró que “nunca se me pasó por la cabeza dejar la carrera y no lo considero un año perdido o sabático. En mi caso nosotros avanzamos bastante y bueno, aprendimos lo que tuvimos a nuestro alcance”.

Mikaela, contó que “hubo bastante diligencias a la hora de organizar todo de modo online en comparación a otras universidades, supongo que por la cantidad excesiva de alumnos. Pero finalmente, empezamos a recibir material y mantener contacto con los profesores en Junio. Desde que comenzó la cuarentena, un 20 de marzo, hasta que comencé a cursar, varios fueron los días que me preguntaba qué hacer no sólo con la universidad sino también conmigo, si quedarme en BA o volver a Caleta, había muchas incógnitas que nadie sabía a ciencia cierta, al principio pensé que la cuarentena no duraría mucho por lo que desistí de volver al sur, pero pasados dos meses de soledad en una ciudad gigante y desconocida viviendo una realidad totalmente distinta (repleta de alcohol en gel y barbijos), me di cuenta que no había mejor opción que volver a mi hogar hasta que la situación mejorara; la Casa de Santa Cruz me permitió regresar en un colectivo con personas en mi misma situación”.

En tanto Antonio, él volvió a Caleta Olivia al inicio de la cuarentena y cuando la Facultad donde cursaría cerraba sus puertas. “Regresé temprano por suerte, pero nunca pensamos que iba a ser tanto tiempo. Y con el correr de los meses un poco me fui adaptando a la situación y después nos empezaron a dar un par de clases virtuales, como que nos fuimos acostumbrando, pero igual sigue siendo muy complicado”, dijo y agregó que “ahora conocí a un montón de mis compañeros, naturalmente a ninguno en persona, pero tengo un montón de compañeros y compañeras con los que hablo casi todos los días y eso fue lo que un poco más me ayudó a no bajar los brazos”.

Antonio tiene 18 años e ingresó a la Universidad de Mar del Plata.

En cuanto al deseo de abandonar la carrera y pensar en el próximo año, manifestó que “al principio era muy difícil y obvio un montón de veces pensé en desertar y seguir el año que viene o un montón de cosas, y el haber vuelto a Caleta como que tampoco ayudaba mucho eso, porque estaba en mi casa, porque es como que era una suma de cosas que hacían que estudiar sea lo ultimo que quería hacer”.

Catalina se fue a estudiar a La Plata, pero no volvió a Caleta Olivia. “Es una ciudad que ya conocía. La despedida si fue difícil. Despedirme de mis familiares y amigos costó un poco pero uno piensa en su futuro y en lo mejor para uno mismo, así que a amoldarse nomás.

En mi caso no me pude volver. Sigo acá pero estoy acompañada de familiares. Si estuviera completamente sola hubiese sido otra cosa pero por suerte estoy contenida”, indicó.

Mikaela en tanto, consideró que “no creo que esté siendo un año perdido. Tal vez sí en lo académico, pero no en otros aspectos. Todo el mundo (literalmente) tuvimos mucho tiempo libre para conocernos a nosotros mismos, definir nuevos objetivos y trabajar en ellos en la medida de lo posible. Personalmente aprendí a hacer muchas cosas y mejoré algunas habilidades.

Los estudiantes ingresantes a la Universidad no consideran que haya sido un año perdido.

En conclusión, todos estamos viviendo una actualidad compleja que nos presenta muchos desafíos, pero considero que es en las situaciones adversas donde más podemos crecer, aprender de nosotros mismos y demostrarnos que podemos salir adelante si actuamos en conjunto con la sociedad. También me parece muy importante resaltar que nos merecíamos la pandemia y todo lo malo que trajo con ella, luego de años y años de ignorar el daño que provocamos al medio ambiente, necesitábamos un tirón de oreja de nuestra verdadera madre, la Tierra; para que de ahora en más seamos más conscientes y de una vez por todas entendamos que la contaminación desmedida, el consumo de animales (en este caso salvajes), termina afectándonos a nosotros mismos”.

Finalmente, Antonio tampoco piensa que haya sido un año perdido, “sí lo sentía los primeros meses de la cuarentena porque no hacía nada pero a medida que fue avanzando pude retomar a tiempo y me puso un poco las pilas. Estoy seguro que no aprendí ni la mitad que lo que habría sido cursando la carrera de forma normal y presencial, pero lejos está de haber sido un año ideal”.




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