Abogados penalista sostienen que las Penitenciarias hacen "la vista gorda porque baja los niveles de conflictividad interna".


A partir de que Nahir Galarza subió fotos a su redes desde un celular que tenía en su celda, a pesar de estar prohibido, se hizo público un aspecto del ambiente carcelario que no es novedad. En requisas realizadas por el Servicio Penitenciario bonaerense en los distintos penales de la provincia se incautaron en poder de los privados de libertad en el 2016: 20.655 celulares; en 2017: 24.637; en 2018: 25.106 y en lo que va de 2019 secuestraron 18.679, según datos oficiales. Esto suma casi 90.000 teléfonos en los últimos 4 años.

Los celulares entran desarmados durante las visitas (se han hallado algunos en las vaginas y hasta en el ano), “claro que para esto sea posible necesitan el acuerdo con alguien del servicio”. Otras veces, alguno del servicio les vende el teléfono y el chip.

“Esta prohibido que los tengan por la ley de ejecución penal, salvo en algunas provincias que a los que tienen buena conducta se les permite tener”, explicó otro abogado penalista. El problema es que algunos presos los usan para manejar desde adentro las bandas por WhatsApp.

“Hay unidades que hacen la vista gorda porque entendieron que les bajan los niveles de conflictividad interna, al tener celulares están más ocupados, tienen acceso a series, películas y ya no se matan por tarjetas de teléfono o por turnos para usar los públicos”, sostiene otro abogado.

A un visitante le encontraron un celular escondido en el recto.

Al señalado narco colombiano “Mi sangre”, Henry de Jesús López Londoño, en su momento se le encontró un celular escondido en un libro ahuecado. También desde los celulares de las cárcel se realizaron secuestros virtuales. Los mismos abogados se comunican con sus clientes vía WhatsApp.

En los penales en cada pabellón hay teléfonos públicos que funcionan con tarjeta, pero según dicen ya no hay las filas que había antes para utilizarlos. “Estadísticamente hablando podemos decir que el 95% es positivo, y si es que llega al 5% tiene un uso negativo”, comentó un detenido.

“Los que no lo utilizan para hacer daño tienen una mejor conducta, una mayor conexión con el mundo exterior e incluso mayores vínculos con la gente y su familia. En mi experiencia personal el aislamiento total es algo que al ser humano lo termina matando. Por más ridículo que suene, un celular hoy permite tener conexión y algunos a través de una videollamada pueden compartir momentos de manera virtual, eso para un detenido es un factor psicológico fundamental”, consideró el interno.

Y agregó: “Cuando un detenido no tiene nada por qué luchar que le haya quedado fuera de la cárcel, se convierte en una bomba imposible de desactivar”.

“Mi humilde contribución sería: que se registre el número de celular del preso en el legajo. De esa manera se puede llevar un control de los números asignados y a quiénes corresponden. Incluso se pueden fabricar dispositivos para que no se les pueda llegar a cambiar el chip con algún convenio de una fábrica”, opinó. Lo cierto es que ahora no es legal, pero eso no quiere decir que no accedan a ellos. Según publicó Crónica.



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