Piba, una cervecería situada en la esquina de Costa Rica y Gurruchaga, fue la única que mantuvo sus puertas abiertas luego de las 19 h, y con una importante cantidad de clientes. Enseguida, la Policía de la Ciudad y agentes de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) debieron exigirles que acaten lo determinado por el Gobierno nacional.

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“Creemos que nosotros no somos la fuente de contagios. Volvimos a abrir con protocolos en septiembre y en septiembre, octubre, noviembre y diciembre bajaron los casos”, dijo Hernando Lagos, uno de los socios del bar, quien definió a las nuevas medidas como “una condena a muerte” para los gastronómicos. “Nos obligan a quebrar, es una decisión difícil”, agregó.

Ni bien se hizo público el anuncio del presidente, el bar advirtió que no acataría la orden y así fue. En la zona, fue el único caso de este tipo.

El bar "Piba" minutos antes de las 19. (Foto: Federico López Claro)

Minutos antes de las 19, la Policía comenzó a recorrer las calles palermitanas. Se empezaba a notar en los bares alrededor de la Plaza Serrano como los mozos levantaban las mesas. Cinco minutos ya no quedaba nadie.

Los tickets empezaron a aparecer en las mesas antes del horario límite, y los controles se dieron en buenos términos entre los efectivos policiales y de la AGC con los propietarios.

Gastronómicos, muy afectados

Durante dos semanas, los restaurantes y bares deberán cancelar el servicio de cena, lo que hace que los ánimos en el sector estén por demás caldeados. Es que las ventas en horarios nocturnas representan en promedio un 70% de los ingresos de un restaurante porteño, y hasta el 90%.

De allí que las nuevas determinaciones dejan al rubro inmersos en la desesperación, la frustración y, en algunos, la negación a acatar el decreto.

El colectivo Sillas al Revés, un movimiento independiente del sector gastronómico que nuclea trabajadores de la industria y que integran los dueños de locales como Café Martínez, Happening, Chungo, Emily Daniels y el Club de la Milanesa, ya anunció que “no acatarán el decreto ante la prohibición a trabajar en el interior de los locales publicada por el Gobierno Nacional”. Y argumentan: “Implica el cierre definitivo de 15.000 locales más y la pérdida de 200.000 puestos de trabajo”.

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Por otra parte, desde la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés mantuvieron el mensaje pero con mayor mesura: “La gastronomía no contagia”. Y pidieron programas de asistencia al trabajo, exenciones impositivas, moratorias y créditos blandos.

Ante este escenario, la mayoría optó por reinventarse y pasar sus propuestas de la noche al día, medida tomada con mucho esfuerzo, especialmente entre los gastronómicos que abrían únicamente a la noche.