Boina y bombacha. Con la faca en la cintura. Ese es el look con el que usualmente se lo ve a este personaje tan querido de la localidad de Pergamino y que trabaja como clasificador de semillas en el campo. Se trata de El Pájaro, un futbolista de 50 años, que hasta hace poco pasaba inadvertido. Cuando Cristian Pereyra, un fotógrafo y profesor de tenis de ese destino, lo conoció, la vida pública del jugador cambió. Los videos y fotos comenzaron a viralizarse y hoy es furor en las redes.

Las cuentas de Pergamino, tanto en Instagram, como en Tik Tok muestran las diversas facetas de Le Bird, como también lo conocen. Las imágenes lo muestran listo para un picado, otras con la camiseta de Boca, y por supuesto, sus destrezas con la redonda.

En uno de sus videos cuenta cómo es su rutina: “De mi casa para el campo salgo a las 6 de la mañana todos los días, y desde que llego hasta las 20, más o menos, aunque hay días que terminamos antes o después, estoy parado y con la pala. Aparte todo el tiempo al rayo de sol, es muy bravo”.

“El año pasado en plena pandemia no tenía a quien sacarle fotos y los clubes estaban cerrados así que estaba sin trabajo y me tuve que reinventar. Creé una cuenta de Instagram y empecé a hacer mandados. En ese contexto me proponen ser sponsor de un equipo de fútbol y yo no tenía un peso, pero le dije de hacer de fotógrafo. En diciembre arrancó el torneo, me llamó y fui. Cuando llegué vi a esta máquina mojándose los pelos abajo de una canilla y con el cigarrillo en la boca que me cautivó. Le pedí si me dejaba sacarle una foto y lo terminé filmando”, revela Pereyra.

Y detalla: “Cuando se fue a jugar empecé a seguirlo y filmarlo porque me generaba algo increíble, su look, su forma de jugar, todo. Corría para todos lados, estaba endemoniado. Se lo mostré a Jacinta, mi hija, y me dijo: ‘Este tipo es un amor’. Y me recomendó subirlo a Tik Tok que lo iban a entender más. A las 3 horas explotó, fue una cosa fenomenal”.

El Pájaro usa su fama para ayudar a los demás. Aprovechó los regalos que le hicieron algunas marcas y comerciantes de Pergamino para donar los alimentos al comedor Ángel Guardián, en el que trabajan dos de sus hermanas -en total tiene 11 hermanos- y al que acuden alrededor de 77 niños y niñas.

Tanto él y Pereyra buscan llevar un mensaje de espontaneidad: “Reivindicar el fútbol de potrero y una forma de vivir en la que es feliz disfrutando sin necesidad de lograr ciertas cosas que a veces creemos que son necesarias para serlo”, dice el fotógrafo.

El 24 de marzo pasado, Le Bird cumplió uno de sus sueños: conocer La Boca. Desde el equipo Senior lo invitaron a jugar un amistoso, pero además aprovechó para pasear por Capital Federal por primera vez.

Yo no soy nadie, me conocieron como el Pájaro y me voy a morir como el Pájaro. No tengo nada, pero el que quiera venir a mi casa tiene las puertas abiertas”, asegura el jugador.