La votación en la Cámara de los Comunes de Reino Unido y en la que se pondrá a prueba el Tratado de Retirada de la UE pactado entre Londres y Bruselas ha generado todo tipo de especulaciones, no tanto por el sentido del voto sino en lo que puede ocurrir en los días posteriores. 


El Fiscal General del Reino Unido, Geoffrey Cox, reanudó el debate en el Parlamento sobre el acuerdo del divorcio de la Unión Europea logrado por la premier Theresa May con Bruselas, previo a la votación.

El fiscal general Geoffrey Cox habla en la Casa de los Comunes, en Londres donde votará el Parlamento.
Foto: AFP PHOTO / PRU

Cox pidió a los diputados contrarios a repensar su postura, invitándolos a aceptar el camino del “compromiso”, interpretado del acuerdo, como el único para garantizar el respeto del mandato referendario de 2016 sobre el Brexit, y al mismo tiempo una salida de la UE con garantías para los puestos de trabajo y la seguridad del país.

Cox insistió en el “valor legal” de las últimas garantías de Bruselas sobre el backstop, el mecanismo de salvaguardia de la frontera abierta en Irlanda objetado por muchos en Westminster y en Belfast.

Pero Nigel Dodd, jefe del bloque de los unionistas norirlandeses del DUP, aliados vitales del gobierno, replicó al ratificar su escepticismo sobre la cuestión. Eso preanuncia el voto negativo de los 10 diputados del DUP.

En tanto, son cuatro las enmiendas admitidas en la votación prevista en la Cámara de los Comunes por el titular, John Bercow, antes de la rendición sobre el acuerdo por parte de May.

Dos provienen de la oposición y fueron promovidas por el líder laborista, Jeremy Corbyn, y el jefe del bloque del partido escocés SNP, Ian Blackford. Las otras dos fueron patrocinadas por los diputados conservadores “brexiteers” Edward Leigh y John Baron.

Campaña por el segundo referendum contra la primer ministra Theresa May con demostraciones anti-Brexit.

No fueron admitidas en cambio otras dos enmiendas potencialmente favorables al gobierno, además de la presentada por los liberaldemócratas de una votación sobre un eventual segundo referendo.

La enmienda de Corbyn, si se aprueba, impondría al gobierno intentar “cualquier posible acción” para evitar una falta de acuerdo. La de Blackford abriría las puertas a una extensión del artículo 50 y un aplazamiento de la salida de la UE más allá del 29 de marzo.

La primera ministra británica, Theresa May, ha prometido a sus compañeros de gabinete que reaccionará “rápidamente” a la votación en la Cámara de los Comunes, en la que previsiblemente los diputados rechazarán su plan para sacar a Reino Unido de la UE el 29 de marzo.

La primera ministra británica, Theresa May, sale de su residencia oficial en Downing Street en Londres antes de la votación

May ha reunido por la mañana a sus ministros, ante los cuales ha recordado que el Gobierno es “servidor del pueblo” y, por tanto, cree “firmemente” en que es necesario cumplir con los resultados del referéndum de junio de 2016 y consumar el Brexit, según fuentes de Downing Street citadas por la BBC.

La premier, que no ha develado ningún ‘plan B’ en caso de que los diputados tumben el actual Tratado de Retirada, se ha comprometido a responder “rápidamente” al resultado de la votación.

Hay tres posibles escenarios tras la votación del acuerdo de Brexit.

Que el Parlamento apruebe, que sería el camino más fácil aunque improbable, dando el visto bueno por la mayoría de diputados al acuerdo del Brexit. De esta manera, Reino Unido saldría de la UE el 29 de marzo con una ‘hoja de ruta’ clara sobre la mesa para la fase de transición.

En el caso de que la Cámara de los Comunes rechazara el acuerdo por estrecho margen, May podría volver a Bruselas a buscar nuevas garantías para sumar apoyos para una segunda votación parlamentaria.

Si el Parlamento británico tumba por abrumadora mayoría el plan de May, el margen de la premier británica para reclamar a Bruselas algún gesto quedaría reducido al mínimo, por lo que el Gobierno británico podría verse abocado a solicitar una ampliación de los plazos para que el país no abandone la UE el 29 de marzo.

Esta prórroga, descartada por ahora por el Gobierno, daría más tiempo a Reino Unido para resolver cuestiones internas y celebrar nuevas elecciones o una segunda consulta ciudadana, de tal forma que se pueda encontrar una salida aceptable para todas las partes.

Manifestantes anti-Brexit fuera del Parlamento

El escenario más convulso pasaría por una ruptura sin ningún tipo de red, en el que las normativas comunitarias dejarían de aplicarse en Reino Unido el 30 de marzo de forma drástica. Aunque todas las partes han confirmado planes para esta hipótesis, pocos dudan a estas alturas del caos que conllevaría para empresas y ciudadanos.

Los euroescépticos más radicales, sin embargo, han acusado al Gobierno de May de incurrir en el alarmismo para tratar de convencer a los diputados de que apoyen el Tratado de Retirada y han asegurado que, en este caso, las dos partes llegarían rápidamente a pactos para suavizar el golpe.

Mientras tanto, Wall Street abrió en débil alza, recibiendo tímidamente una salva de resultados de empresas y a pocas horas de un voto decisivo sobre el Brexit: el Dow Jones ganaba 0,02% y el Nasdaq, 0,37%.

La Bolsa de Nueva York había cerrado a la baja, arrasada, como las principales bolsas mundiales, por cifras sobre el comercio exterior chino consideradas decepcionantes y que levantaron de nuevo el espectro de una ralentización de la economía mundial: el Dow Jones perdió 0,36% y el Nasdaq, 0,94%.






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