Con los derechos humanos en el centro de su política exterior, Canadá desató un conflicto diplomático con Arabia Saudita.


La crisis diplomática entre Canadá y Arabia Saudí se inició la semana pasada cuando la ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, pidió en Twitter la liberación de los activistas saudíes Samar y Raif Badawi. Freeland también expresó su “profunda preocupación” por los arrestos en Arabia Saudí de activistas que defienden los derechos de las mujeres.

“Solicitamos a las autoridades saudíes que los liberen inmediatamente y a todos aquellos activistas pacíficos de defensa de los derechos humanos“, señaló Freeland.

El Ejecutivo saudí consideró que la queja canadiense era una “injerencia flagrante en los asuntos internos del reino“, y defendió la legalidad de las detenciones de los activistas.

Samar Badawi fue detenida a finales de julio en Arabia Saudí y es una activista reconocida internacionalmente por su trabajo a favor de los derechos de las mujeres; mientras que su hermano, el bloguero Raif Badawi, premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, cumple una condena diez años de prisión y un castigo de mil latigazos por “insultar el islam” y criticar a la Policía de la moral en su bitácora.

Ensaf Haidar, esposa del blogero Raif Badawi, con el retrato de su esposo ahora en prisión

Ottawa respalda con singular perseverancia, desde hace varios años, a la familia del bloguero disidente Raef Badawi, detenido desde julio de 2012. Su esposa y sus hijos viven en Quebec desde 2013, y fue un tuit canadiense sobre el arresto de la hermana de Raef lo que encendió la mecha entre los dos países.

Esa postura firme podría costarle caro a Canadá en el plano económico: Arabia Saudita es su segundo mercado de exportación en la región del Golfo (unos 1.080 millones de dólares estadounidenses en 2017), solo después de Emiratos Árabes Unidos.

La radiotelevisión pública canadiense, CBC, dijo que el Banco Central de Arabia Saudí dio órdenes a sus gestores de fondos para deshacerse de todo tipo de acciones, bonos y otros activos canadienses.

De confirmarse esta información, la decisión saudí se sumaría a otras medidas emprendidas en los últimos días por las autoridades de Riad contra Canadá en represalia por las críticas a las violaciones de derechos humanos en el reino.

Arabia Saudí anunció también la suspensión de todos los programas de tratamiento de pacientes saudíes en hospitales de Canadá y su traslado a otros países. También ordenó a más de 8.000 saudíes que estudian en Canadá, gracias a becas otorgadas por el Gobierno de Riad, que abandonen el país norteamericano y ha cancelado todas las compras de cereales procedentes de Canadá.

A estas medidas se suma la suspensión de todos los vuelos a Toronto de la aerolínea estatal Saudia, la expulsión del embajador canadiense en Riad y la de llamar a consultas a su embajador en Ottawa, debido a una “injerencia” cometida en sus asuntos internos.

Aunque son difíciles de cuantificar con precisión, esas medidas tendrán un duro impacto sobre la economía de la nación norteamericana.

La venta de vehículos blindados ligeros a Riad por Ottawa, firmada en 2014 por un monto cercano a los 11.500 millones de dólares estadounidenses, también aparece amenazada.

No es la primera vez que el gobierno de Trudeau se arriesga a perder un muy buen negocio en nombre de los “valores” del país.

Al colocar a los derechos humanos en el centro de su diplomacia, Canadá concitó la ira de Arabia Saudita y corre peligro de perder jugosos contratos, consecuencia de una política exterior “ética” que encuentra resistencias internas.

Unas horas después del anuncio de la expulsión del embajador canadiense en Riad, Ottawa reafirmó con fuerza las bases de su política exterior desde que el liberal Justin Trudeau llegara al poder, en 2015. La intransigencia en la defensa de los valores humanistas y progresistas del país preanuncia una fuerte crisis diplomática.

Que las cosas sean bien claras para todo el mundo (…): Canadá defenderá siempre los derechos humanos, en Canadá y en el resto del mundo“, declaró el lunes la ministra de Relaciones Exteriores Chrystia Freeland en su primera reacción tras la sorpresiva medida saudí.

Príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán y la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland

Los países occidentales como Estados Unidos y Alemania han guardado hasta ahora silencio sobre la crisis diplomática, mientras que los países árabes se han puesto del lado de Arabia Saudí. La aguda disputa diplomática ha dejado a Washington -socio y aliado de ambos- en un aprieto.





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