Mendoza, San Juan, La Pampa y Buenos Aires serían las provincias más afectadas por el aumento de las temperaturas.


Las consecuencias del efecto invernadero son y seguirán siendo globales. El derretimiento de los hielos producirá un incremento en los niveles del mar y en la Argentina eso se verá reflejado en toda la costa atlántica.

Según el Informe Especial de Océanos y Hielo de Naciones Unidas, la costa argentina está en peligro. El nivel del mar podría subir más de un metro de aquí al año 2100 si se mantiene el actual aumento de las temperaturas, lo que podría obligar a millones de personas a desplazarse.

Solo si el nivel de las aguas subiera medio metro, unos 600 mil bonaerenses podrían ver de cerca marejadas ciclónicas y correrían riesgo unos 23 mil millones de dólares en activos.

En particular, la costa sur de la Bahía de Samborombón podría perder territorio ya que tiene una pendiente baja.

El Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) concluyó que el aumento podría ser menor, de entre 30 y 60 centímetros, si las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeran fuertemente y el calentamiento climático se limitara a 2 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales.

Este informe es el más extenso hasta la fecha sobre el impacto de la crisis climática en los océanos y la criósfera (partes de la superficie de la Tierra donde el agua se encuentra en estado sólido). Sus autores advirtieron que a pesar de que el mar abierto o los polos puedan parecer lejanos para mucha gente, la población depende en gran parte de ellos de forma directa e indirecta.

Mendoza sería otro de los lugares afectados. En esa provincia se producen tres cuartas partes del vino argentino, pero podría sufrir interrupciones en el suministro de agua, que viene principalmente del deshielo de la cordilllera de Los Andes. Sin embargo, los glaciares de esta cadena montañosa se derriten a un ritmo de vértigo.

Fotografía facilitada por el Instituto Metorológico de Dinamarca que muestra la fotografía tomada por Steffen M. Olsen, uno de sus investigadores, en el noroeste de Groenlandia el pasado 13 de junio en la que se ve un trineo que avanza por el hielo derretido. Crédito: EFE/ Steffen M. Olsen/instituto Meteorológico Danés (DMI).

Es un problemema global. Se calcula que pequeños glaciares en Europa, el este de África, los Andes Tropicales e Indonesia perderán más del 80 por ciento de su masa de hielo de aquí a 2100 con el actual escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero.

En los Andes centrales de Chile y Argentina, entre 2000 y 2016 la cobertura de nieve cayó un 13%.

Además, el IPCC recalcó la presión a la que la actividad humana ha sometido a los océanos, que han absorbido cerca de un cuarto de las emisiones de gases desde los años 80, lo que ha provocado su acidificación.

Fotografía del 24 de enero de 2019, muestra el glaciar Cóndor, en el sur de Chile. A 500 años del viaje en el que Fernando de Magallanes descubrió el principal paso natural entre el Atlántico y el Pacífico, quienes frecuentan hoy la zona advierten que el cambio climático ha llegado para quedarse: los pingüinos van en descenso y, salvo excepciones, los glaciares retroceden. Crédito: EFE/Rodrigo García.

“En zonas como Mendoza, San Juan o La Pampa se desactivaron muchos ríos que vienen de la Cordillera por el retroceso de los glaciares”, describió el geólogo Federico Isla, investigador superior del Conicet y director del Instituto de Geología de Costas, de Mar del Plata.

“Eso produce serias complicaciones en la agricultura: en Chile están preocupados por las paltas, y en San Juan tuvieron que hacer pozos para reemplazar el agua que venía de los ríos. Tambien afecta a Catamarca“, agregó el científico citado por Clarín.

Un enorme icberg, de un tamaño casi siete veces más grande que Berlín, se ha desprendido de la región, informó en julio de 2017 el Institudo Alfred Wegener de oceanografía e investigación polar de la ciudad de Bremerhaven, en el norte de Alemania. Crédito: NASA/Zuma Press/dpa.

“La palabra clave ahora es adaptación. Eso nos permite abordar muchos de los riesgos que se puedan presentar y nos podría ayudar también a disminuir los efectos que se puedan experimentar a través de esos riesgos. Por eso es importante tomar acciones tempranas“, explicó por su parte la científica chilena Carolina Adler, una de las autoras del texto.




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