En el año 1992 más de 200 construcciones fueron demolidas por el Ejército en Miramar de Ansenuza, restos de la inundación que hacía 14 años se había llevado gran parte de un pueblo que hasta ese momento, mostraba ser un floreciente centro turístico regional y provincial.

Fueron tiempos de decisiones importantes, de debates que incluso perduraron en los años subsiguientes, pero una acción juzgada por la historia como necesaria para sentar las bases de la recuperación de la localidad.

Manzanas anegadas por las aguas (Museo Fotográfico)

El mes de septiembre será siempre recordado por los habitantes de Miramar, quienes tuvieron que despojarse de gran parte de su pueblo, dejando atrás no solo recuerdos, también parte de su identidad, de esa postal que mostró durante sus años felices, del lugar donde crecieron, desarrollaron a sus familias, de los espacios de vivencias, de amores, de amigos y tanto más.

La historia antes de ésta historia

La inundación de mayo de 1978 significó una de las peores catástrofes naturales de la historia de Miramar al anegar las aguas de la laguna gran parte del poblado, sumergiendo unas 37 manzanas que conformaban la planta céntrica, significando que la gran mayoría de las inversiones turísticas se perdieran por completo, quedando numerosas viviendas, brillantes complejos hoteleros y lujosos comercios bajo el agua, con la consiguiente emigración masiva de sus pobladores.

Restos de construcciones que fueron demolidas (Museo Fotográfico)

Así Miramar pasó del esplendor del turismo como medio económico a sobrevivir durante todo ese período con pocas alternativas como la cría de "nutrias" con fines peleteros. Lenta y gradualmente en los años 80, la población fue recuperándose con asentamientos que se fueron ubicando en la zona sur del plano original de la localidad.

Las demoliciones

En septiembre de 1992, una cuadrilla del Ejército Argentino llegó a la población para derrumbar los restos de las construcciones que por acción del agua ya no se podían recuperar. Toda una determinación de la que se tomó real dimensión a medida que explosión tras explosión, los restos de viviendas, hoteles e instituciones eran reducidos a escombros.

Algunos quisieron estar para ver los que sucedía, otros preferían no mirar, chicos y jóvenes solo entendían lo que pasaba a través de las lágrimas en los ojos de sus padres y abuelos. Era la historia que cambiaba a partir de ese acontecimiento.

El Gran Hotel Viena sobrevivió al suceso y hoy es un Museo de Sitio

La historiadora Mariana Zapata, guía del Museo Fotográfico local, nos brinda algunos datos que ayudan a dimensionar el suceso.

"Se vivió como un velorio, donde la gente se conmueve pero después llega el alivio y la esperanza, eso fue lo que le pasó al miramarense, como si sepultaran parte de su historia para resurgir, el puntapié inicial para reiniciar como pueblo. Dejar de ver ese pueblo sumergido era un alivio al alma", comento a Vía Ansenuza.

Aprender a dejar atrás el pasado

Las manzanas inundadas fueron 37 de las cuales 10 se demolieron de manera manual con personal municipal, las otras 27 tenían agua por lo que fue necesario contratar al ejército, esto se pudo hacer gracias a un aporte de la Provincia y de la Nación.

Las barcazas del Ejercito que traban en el lugar (Museo Fotográfico)

En total había 198 construcciones para demoler. "Los lugares emblemáticos que la gente recuerda es la primera demolición que fue del Centro Termal Municipal el 15 de septiembre, se demolió también el Hotel Marchetti que para dimensionarlo era un poquito más chico que lo que es hoy el Hotel Ansenuza, el Hotel Copacabana, muchas casas de familias, fue intensa la tarea", relató la guía.

Parte de la historia aún puede verse en distintos lugares de la zona de costa. "Se dejaron como mojones históricos el tanque de agua del Hotel Copacabana, hoy convertido en una emblemática torre en la costanera, la caldera de lo que era el Centro Termal, la torre del Hotel Viena y se dejó como espacio histórico la Colonia Naturista que esta hoy en esas condiciones porque en el año 1977 los dueños la demolieron en parte", contó Mariana Zapata.

El romance continúa

Aunque en el año 2003 la laguna volvió a mostrar su "enojo", la localidad fue recobrando el esplendor con una nueva costanera edificada luego de numerosos estudios de cota que brindan seguridad a los embates de la laguna.

Hoy Miramar se vuelve a potenciar a nivel nacional e internacional como aquella perla del turismo cordobés, renovando cada día su relación con el mar al punto de hoy ostentar su apellido, "de Ansenuza". Esa es otra historia…