Hablar de sexualidad de manera abierta se convirtió en una de las características de Alessandra Rampolla a lo largo de su carrera. En una entrevista que brindó en 2018 en Cortá por Lozano, la reconocida sexóloga abordó una de las preguntas que suelen aparecer alrededor de las relaciones íntimas: qué características distinguen a un buen amante.

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Contrario a la idea de que existen personas que tienen habilidades naturales en la intimidad, Rampolla sostuvo que ser un buen amante es algo que puede aprenderse. Para ella, la clave no está necesariamente en la experiencia o en dominar determinadas técnicas, sino en la actitud que se adopta frente a la otra persona.
Alessandra Rampolla explicó qué característica distingue a quienes saben desenvolverse en la intimidad y aseguró que no se trata de experiencia ni de una habilidad innata pic.twitter.com/rgMjNRxhQ8
— Vía País (@ViaBsAscomar) August 28, 2026
“Se puede enseñar, sí. Un buen amante para mí es el que tiene entusiasmo por conocer y descubrir. Y conocer y descubrir podemos hacer todos”, explicó la especialista durante la entrevista.
Qué característica tiene un buen amante, según Alessandra Rampolla
Para Rampolla, una de las principales cualidades de un buen amante es la curiosidad. Esto implica dejar de lado aquello que se aprendió en experiencias anteriores y entender que cada persona tiene gustos, necesidades y preferencias diferentes.

“O sea, cada persona que tienes de frente es un mundo aparte. Y para mí el buen amante es el que se encuentra ante una persona, un cuerpo nuevo, una situación nueva y dice: ‘Yo no sé nada. Aquí vengo a ver qué encuentro’”, sostuvo.

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De esta manera, la especialista cuestionó la idea de que existe una fórmula que puede repetirse con todas las parejas. Incluso una persona con mucha experiencia puede equivocarse si da por sentado que aquello que funcionó anteriormente necesariamente tendrá el mismo resultado con alguien nuevo.
Durante la conversación, una de las panelistas mencionó que algunas personas pueden mostrarse excesivamente seguras de sus capacidades y actuar como si “se las supieran todas” cuando se trata de relaciones íntimas.
Frente a esa situación, Rampolla remarcó que la verdadera habilidad pasa por adoptar la actitud contraria: reconocer que no se conoce de antemano qué quiere la otra persona y tener disposición para descubrirlo.
“Tener la actitud y el entusiasmo de ir a descubrir estas nuevas tierras, por decirlo de alguna manera. Conquistar esto que tengo de frente que va a ser nuevo, distinto”, explicó.
La actitud que puede marcar la diferencia en la intimidad
Para Alessandra Rampolla, partir desde la curiosidad tiene otra consecuencia importante: permite prestar mayor atención a las reacciones, gustos y necesidades de la pareja.

En lugar de concentrarse únicamente en aquello que una persona considera que hace bien, el foco debería estar puesto en descubrir qué disfruta específicamente quien tiene enfrente.
“Esa actitud te pone en un lugar de realmente estar pendiente de qué es lo que pasa con otra persona, qué es lo que le gusta a él o a ella, no lo que yo me creo que yo hago bien, que es distinto”, reflexionó.
Así, ser un buen amante no dependería de acumular experiencias ni de aplicar una serie de conocimientos de manera automática. La capacidad de escuchar, observar y aprender de cada pareja ocuparía un lugar mucho más importante.
Alessandra Rampolla explicó si se puede aprender a ser un buen amante
La sexóloga también dejó en claro que estas características pueden desarrollarse. Desde su perspectiva, nadie conoce de manera automática los gustos de otra persona, por lo que la sexualidad también supone un proceso de aprendizaje.
En ese camino, la comunicación y la disposición para conocer al otro resultan fundamentales. Incluso dentro de una misma relación, las preferencias pueden descubrirse y construirse a medida que existe mayor confianza y conocimiento mutuo.
“Y eso es aprender de la otra persona y eso es ser buen amante. Nadie nace sabiendo cómo es el otro”, concluyó Rampolla.
Su planteo pone así el énfasis en una característica sencilla pero fundamental: acercarse a cada encuentro sin asumir que ya se tienen todas las respuestas y con suficiente curiosidad para descubrir qué disfruta la otra persona.

