Un informe reveló la presión silenciosa que sienten 7 de cada 10 mujeres argentinas y que afecta su bienestar
Un informe realizado por Natura junto a la consultora Gentedemente reveló las tensiones que atraviesan las mujeres a la hora de buscar bienestar. Aunque el autocuidado está cada vez más presente en la vida cotidiana, la falta de tiempo, los problemas económicos y las exigencias sociales dificultan llevarlo a la práctica.
La presión silenciosa que sienten 7 de cada 10 mujeres argentinas y que afecta su bienestar(Prensa)
El autocuidado dejó de estar asociado únicamente a una cuestión estética para convertirse, para muchas mujeres, en un momento de conexión emocional, bienestar y amor propio. Sin embargo, entre el deseo de cuidarse y la posibilidad de hacerlo existe una brecha importante.
Así lo refleja un informe realizado por Naturay la consultora Gentedemente sobre la manera en que las mujeres viven actualmente el bienestar en América Latina. En Argentina, 7 de cada 10 encuestadas aseguran que el autocuidado forma parte de su día a día, pero 6 de cada 10 reconocen que no consiguen cuidarse de la manera que les gustaría.
El bienestar puede construirse a partir de pequeños momentos dedicados a uno mismo.(Prensa)
Los resultados muestran que detrás de esa dificultad no solamente aparecen obstáculos cotidianos, sino también una creciente presión por alcanzar determinados estándares de bienestar.
La presión por estar bien y, además, demostrarlo
Uno de los datos más significativos del estudio tiene que ver con las exigencias que perciben las mujeres. Siete de cada diez argentinas consideran que actualmente existe una presión social por estar mejorando constantemente algún aspecto de sí mismas.
A eso se suma otra demanda: 6 de cada 10 sienten que ya no alcanza con estar bien, sino que también hay que demostrarlo. De esta manera, una práctica concebida originalmente como una herramienta para sentirse mejor puede terminar transformándose en una nueva fuente de exigencias.
En Argentina, además, las dificultades económicas adquieren un peso particular como barrera para alcanzar el bienestar. También aparece entre los principales obstáculos la tendencia a priorizar las necesidades de otras personas por encima de las propias, incluso por delante de las tareas domésticas.
El resultado es una tensión entre las ganas de dedicarse tiempo y una realidad marcada por la falta de recursos y de tiempo.
Cuerpo, piel y estándares de belleza
La presión también se traslada a la apariencia física. Según el relevamiento, casi 8 de cada 10 encuestadas reconocen que existe demasiada exigencia sobre cómo deberían verse la piel y el cuerpo de una mujer.
Al mismo tiempo, el estudio identifica una transformación en la manera de entender las rutinas de belleza. Estas prácticas combinan una dimensión sensorial (aquello que se experimenta durante el momento de cuidado) con otra simbólica, relacionada con lo que esos rituales representan para cada persona.
En Argentina, de hecho, el cuidado de la piel y del cuerpo ocupa un lugar menos central dentro de la idea general de autocuidado que en otros países latinoamericanos. Esto no implica que haya perdido importancia, sino que las rutinas de belleza comienzan a ser entendidas como una dimensión específica del bienestar.
Un aroma puede asociarse con la construcción de una identidad personal, mientras que el cuidado de la piel puede aportar tanto beneficios funcionales como disfrute sensorial y confianza.
El cuidado de la piel puede convertirse en un momento cotidiano de conexión y bienestar.(Prensa)
Los resultados plantean así una paradoja: mientras crece el interés por el bienestar y el autocuidado, también aumentan las expectativas sobre cómo debería verse y sentirse una persona que se cuida.
Frente a ese escenario, el informe propone repensar el autocuidado desde una perspectiva menos ligada a los mandatos externos y más conectada con la construcción de rituales personales que puedan adaptarse a los tiempos y posibilidades de cada persona.
Más que alcanzar una rutina perfecta, el desafío que aparece detrás de los datos es encontrar prácticas que efectivamente generen bienestar sin convertirlas en otra obligación. Una transformación que pone en discusión una pregunta cada vez más presente: ¿hasta qué punto cuidarse sigue siendo disfrute cuando también se convierte en una exigencia?