Qué dicen los especialista sobre los padres que duermen con sus hijos en la misma cama
Un neuropsicólogo analizó el comportamiento que pueden tener los niños si duermen en el colecho. Qué pautas hay que tener en cuenta para estas situaciones.


Una de las estrategias de crianza que se ha expandido en los últimos años es la utilización del colecho. Esta modalidad permite dormir con los hijos es la misma cama y eso trae determinados beneficios que son recomendados por los especialistas.
El colecho se consolidó como una práctica frecuente en muchas familias, especialmente durante los primeros años de vida de los niños. Desde la perspectiva neuropsicológica, dormir en la misma cama no solo es una cuestión cultural o de comodidad, sino que cumple una función clave en el desarrollo emocional y la regulación neurológica infantil. El neuropsicólogo Nacho Roura sostiene que no existen recetas universales, ya que cada familia debe decidir según su realidad y bienestar, pero subraya que la cercanía nocturna proporciona un acompañamiento afectivo esencial en la infancia.

La evidencia científica actual muestra que el colecho favorece la sensación de seguridad, reduce la angustia nocturna y facilita que el niño recupere el sueño tras pesadillas o despertares. El adulto actúa como figura de contención y ayuda a los pequeños a autorregularse, ya que en la infancia aún no cuentan con recursos completos para gestionar sus emociones durante la noche. El contacto físico y la presencia del cuidador aportan calma, fortalecen el vínculo y generan un ambiente propicio para el desarrollo de la autonomía futura.
Dormir con los hijos en la misma cama permite un acompañamiento emocional directo durante los momentos de mayor vulnerabilidad infantil. Según Roura, “durmiendo juntos, se puede acompañar a alguien en un momento en el que esté mal, porque eso es una manera que tenemos de autorregularnos y hacer contacto humano”. El colecho calma la ansiedad, reduce los temores nocturnos y da la sensación de que las necesidades emocionales del niño están cubiertas. Diversos estudios señalan que esta seguridad brinda una base sólida para que, en el futuro, la independencia y el sueño autónomo lleguen de forma más natural y sostenida.

El neuropsicólogo advierte que el colecho debe surgir de una necesidad real del niño y no como una solución permanente a miedos adultos o dificultades para poner límites. El bienestar de la familia y la calidad del descanso son factores determinantes a la hora de mantener o modificar la práctica.
No existe una edad fija para dejar el colecho. Los especialistas recomiendan estar atentos a señales como la aparición de conflictos familiares, el deterioro del descanso o la dificultad para delimitar espacios personales. Si la decisión de continuar con el colecho responde más a la conveniencia del adulto que a la necesidad del niño, es momento de repensar la situación.

La transición fuera del colecho debe ser gradual y respetuosa. Es fundamental planificar rutinas nocturnas, acompañar con señales de seguridad y evitar rupturas bruscas para que el niño mantenga la sensación de protección. El objetivo es que la independencia surja sobre una base emocional sólida, sin generar sentimientos de abandono ni inseguridad.