El destino ideal para los amantes del café que cada vez conquista más argentinos
De la taza al territorio, Colombia se posiciona como una experiencia completa: cultura cafetera, turismo y una conexión directa con un público local cada vez más interesado.
El destino ideal para los amantes del café que cada vez conquista más argentinos(Web)
En Buenos Aires, una taza de café puede ser apenas una excusa. Pero a veces funciona como puerta de entrada. Eso fue lo que pasó en Casa Martínez, donde una degustación guiada terminó trazando un mapa bastante más amplio: el de un país que encontró en el café no solo un producto exportable, sino una narrativa turística en expansión.
La iniciativa, impulsada por Café Martínez, ProColombia y Copa Airlines, propone justamente eso: usar el café como hilo conductor para contar Colombia desde otro lugar. Menos postal, más experiencia. Forma parte, además, de la campaña internacional “El país de la belleza”, con la que el país busca reposicionarse en mercados clave como el argentino.
De la cata a la historia detrás de cada taza
La dinámica fue conocida: olfato, sorbo, análisis. Pero con un giro extra, incluso pedagógico. Guiada por el especialista David Ledesma, la cata buscó desarmar la idea del café como hábito automático y reconstruirla como experiencia consciente.
Una cata, la excusa perfecta para explorar el café y su origen.(Web)
El objetivo, explicó durante la actividad, es que el consumidor tenga herramientas para interpretar lo que está tomando. Que pueda reconocer "sabores, orígenes y procesos". Solo ahí es donde el café deja de ser solo una bebida.
Ahí aparecen las diferencias entre arábica y robusta, la lógica de los procesos (lavado vs. natural) y algo más difícil de capturar: cómo el origen impacta directamente en lo que termina en la taza.
En el caso colombiano, el perfil es bastante reconocible, incluso para paladares no entrenados: acidez brillante, notas frutales y florales, dulzor cercano a la panela y un final limpio. No es casual. Colombia lidera globalmente en cafés arábicos lavados, una categoría que privilegia justamente esa claridad sensorial.
El café colombiano, un producto que también es origen.(Web)
Pero hay un dato que baja la discusión a tierra: detrás de esa taza hay más de 550.000 familias productoras. El 90% trabaja en parcelas pequeñas. Es una industria fragmentada, casi artesanal, que sostiene una identidad bastante consistente.
Desde Café Martínez lo sintetizan en una idea que atravesó toda la presentación: el café de origen “representa identidad, trazabilidad y cultura”. No es un matiz menor en un contexto donde el consumo empieza a volverse más consciente y más exigente.
El café como puente cultural
Uno de los ejes más interesantes de la presentación vino de la mano de ProColombia, que puso el foco en el café como herramienta de conexión.
“El café es el hilo conductor que nos permite generar vínculos, experiencias e incluso negocios”, señalaron sus representantes. La frase, que podría sonar a slogan, se vuelve más concreta cuando se la cruza con el impacto real de la industria: no solo económico, sino también social y cultural.
El cultivo, una experencia que atraeor su autenticidad.(Web)
Colombia produce café en 23 regiones distintas, cada una con microclimas específicos que modifican el perfil del grano. Esa diversidad territorial es, al mismo tiempo, un activo productivo y una oportunidad narrativa. Porque cada café cuenta una historia distinta.
El Eje Cafetero como destino
La clave de la propuesta no está solo en entender el café, sino en seguirlo hasta su origen. Y ahí aparece el llamado Eje Cafetero, que incluye Caldas, Risaralda y Quindío, una región donde la experiencia turística gira en torno a las fincas, los recorridos productivos y el contacto directo con el territorio.
El objetivo es que el visitante "viva el café, no solo que lo consuma”, explicaron desde la agencia durante la presentación. Eso implica desde participar en cosechas hasta recorrer procesos de producción o simplemente alojarse en entornos rurales donde el café es parte del paisaje cotidiano.
No es un invento reciente: el Paisaje Cultural Cafetero fue declarado Patrimonio de la Humanidad y funciona como uno de los principales motores turísticos del país. Pero en los últimos años empezó a dialogar mejor con un viajero que busca algo más que paisaje: trazabilidad, contexto, relato.
El paralelismo con el vino argentino aparece solo. Así como el enoturismo convirtió a Mendoza en destino, el café empieza a hacer lo propio en Colombia.
El eje cafetero, un destino en crecimiento.(Web)
Cómo se arma el viaje
En ese esquema, la conectividad juega un rol clave. Copa Airlines opera desde Argentina vía Panamá, con conexiones a múltiples ciudades colombianas, incluyendo Medellín y Pereira, puertas de entrada al circuito cafetero.
Sin embargo, hoy el desafío no es solo llegar: se trata de facilitar "experiencias más completas”, señalaron desde la aerolínea. En esa línea, el programa Stopover permite sumar una escala en Panamá de hasta 15 días sin costo adicional en el pasaje, ampliando las posibilidades del itinerario.
La propuesta se completa con opciones que buscan cubrir distintos perfiles. Desde experiencias rurales en fincas hasta alojamientos de alta gama como Hotel Las Islas, un complejo en el Caribe colombiano con bungalows integrados a la naturaleza y acceso restringido, pensado más como destino en sí mismo que como base de operaciones.
Más allá del relato, los números acompañan. El flujo de turistas argentinos hacia Colombia viene en alza sostenida: de 100.000 visitantes en 2023 a 130.000 proyectados para 2025.
Desde ProColombia destacan que el crecimiento no es casual. “Hay una búsqueda cada vez más marcada por experiencias auténticas, vinculadas a la cultura local”, explicaron. En ese contexto, el café funciona como un punto de entrada natural.