"Nosotros tenemos problemas graves y Brasil quiere proteger a sus productores", dijo el Presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén.


La suspensión de las importaciones de peras y manzanas nacionales por parte de Brasil no tiene una sola explicación porque la carpocapsa forma parte de un panorama más complejo donde se suman las necesidades de la propia actividad en el Alto Valle con las políticas proteccionistas del país vecino”, indicó a Télam el presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, Sebastián Hernández.

Hernández es uno de los productores que más a fondo conoce las raíces de la crisis frutícola y los avatares de la relación del Alto Valle con Brasil, dado que, más allá de su experiencia en el sector, en 2015 formó parte de los cientos de productores que cortaron el puente que une las provincias de Río Negro con Neuquén en reclamo por la falta de planes de ayuda hacia los chacareros y por la suspensión de los envíos hacia ese país, una protesta que puso en jaque la actividad durante más de tres meses.

“La situación no es muy distinta, nosotros tenemos problemas graves y Brasil quiere proteger a sus productores, la esencia del conflicto es la misma”, agregó.

Y, advirtió que “hace años que no hay planes importantes destinados a los productores que padecen la falta de recursos, pero también está la cuestión de lo que quiere Brasil, ellos están en su derecho de proteger a sus productores y yo lo entiendo, pero nosotros tenemos nuestros propios problemas”.

“La carpocapsa existe pero en el fondo está la decisión política de proteger al productor brasilero, porque ante todo ésta fue una decisión política“, sentencia.

El negocio de la exportación de peras y manzanas mueve en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén alrededor de $15.000 millones pero la cifra podría superar los $20.000 millones si se cuenta el mercado intento.

El mercado interno tampoco goza de buena salud, puesto que en los últimos 10 años el consumo en el país cayó de los 9,5 kilos por persona por año a los actuales 6,5 kilos.

En la misma década, la Argentina ha perdido espacios en algunos de los principales mercados internacionales a manos de países, como Sudáfrica, Nueva Zelanda y Chile, que lograron penetrar con nuevas variedades e industrializar buena parte del proceso abaratando costos, indican informes elaborados por la propia Secretaría de Fruticultura de Río Negro y por agentes comercializadores de firmas exportadoras a los que tuvo acceso esta agencia.

Solo en 2017, Chile colocó en el país alrededor de 6 mil toneladas de manzanas de acuerdo a cifras de la consultora Gabinete MAG.

Los chacareros se quejan especialmente de la inflación, los elevados costos internos y la diferencia que existe entre lo que ellos reciben y el valor al cual se vende la fruta en el exterior, detallan productores de Río Negro.

En el Gobierno nacional hay miradas disidentes y apuntan hacia otros aspectos del conflicto, dado que según algunos funcionarios “esta es una suspensión, no cierre, como en 2015, cuando tuvimos 23 intercepciones contra nueve de ahora” y remarcaron que se consideraba al caso como “una luz amarilla de alerta”.

Estamos en dialogo permanente con Brasil para levantar la suspensión“, indicó un alto funcionario nacional y remarcó que se trata de “una plaga que sabemos que existe, que no negamos ni desconocemos” para lo cual existe un plan de mitigación de riesgo que involucra a distintos sectores, entre los cuales, dijo, “los productores tienen la responsabilidad primaria, en la cadena, y así todos los demás, incluido Senasa“.






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