Enrique Fernando Romero es actual subsecretario de Tránsito de la Municipalidad de la Capital. Un político extrovertido, polémico y confrontativo. Romero ocupó diversos cargos públicos durante gestiones peronistas. Sanjuanimo, pero reconoce que en Tucumán, “son más revoltosos, son más transgresores, expresan más la rebeldía de la verdad y la rebelión contra la injusticia. Así que soy un enamorado de Tucumán”.

Nació en San Juan Capital, el 2 de septiembre de 1953. Sus padres fueron Enrique Fernando Romero y de Ana Elida Massa. Fue bachiller de Físico Matemático, y “tenía promedio 10 en matemáticas”. Estudió abogacía en la Universidad Católica de San Juan; luego se incorporó al servicio militar en 1975 - 1976 y cuando egresó emigró a Tucumán para continuar estudiando derecho. Estos son algunos de los conceptos de Romero en una conversación en el programa Primer Plano, que se emite por Canal 10.

- ¿Cómo fue carrera política?

“Cuando llego a Tucumán me convierto rápidamente en presidente de la Unidad Básica. Por ese entonces era Medina el presidente y me conectó con Walter Suter, de quien era amigo cuando estudiaba abogacía. Le pregunté quién estaba acá de “Guardia de Hierro” y señaló a Antonio Guerrero. Entonces lo fui a buscar y encontré a su hermano Ernesto con quien empecé a hablar. Cuando nos conectamos con Antonio no hacía falta que nos pongamos de acuerdo, ya sabíamos cómo pensábamos cada uno. Esta es la virtud de pertenecer a una “Orga” que está formada con las mismas directrices. Fui asesor de la Dirección de Promoción, Asistencia y Servicio Social. He sido asesor en las cámaras de Diputados y Senadores; he ocupado casi todos los cargos partidarios: secretario político del Consejo Provincial, presidente de la Junta Departamental, entre otros”.

- ¿El máximo logro es en la época de (el ex gobernador Julio) Miranda?

“No. Mi máximo logro que justifica mi paso por el peronismo, es la denuncia del “Pozo de Vargas” y las fosas del Cementerio del Norte (en estos dos lugares de la provincia se encontraron cuerpos de desaparecidos durante la dictadura militar)”.

- ¿Y de ocupar cargos públicos?

“Hoy tengo un cargo tanto o más importante que en aquel momento de Miranda. Yo ocupé dos carteras con Miranda: fui director general de Transporte y, después me pasaron a Dirección de Comercio. Así que era a la vez director general de Transporte de la Provincia y director general de Comercio Interior de la Provincia. Después me rescata el compañero (el intendente de la Capital, Germán) Alfaro, que me pide unirme a su fila. Soy en primer término asesor y después me dijo: “Tomá el cargo de tránsito porque eso es un quilombo”.

- Sobre su paso por el servicio Militar, ¿que opina con estas nuevas generaciones? ¿Sería bueno que vuelva el servicio militar?

“Sí. Vos sabes que el gran conocimiento de Perón, socialmente, está en el servicio militar, porque ahí se ven todas las miserias humanas. Los soldados que venían desnutridos, con muelas con caries, tuberculosos, y se los recuperaba en el Ejército, y se formaba el carácter. Yo era un tipo muy rebelde, pero ahí moderé un poco el temperamento. Aprendí muchas cosas, pero ahora está todo tan trastocado que es muy difícil encarar que un chico vaya. En aquel momento no se consideraba que se perdía un año. Cuando vos terminabas el servicio militar, o trabajabas o estudiabas. Ya eras un hombre”.