En las últimas semanas se conocieron los casos de dos uniformados que intervinieron en hechos que fueron claves para ayudar a los pequeños.


En las últimas semanas se conoció en Tucumán las historias de dos policías que en diferentes casos, fueron claves para salvar la vida de tres niños.

Se trata de Carlos Mirk y Johanna Gómez, quienes asistieron y lograron salvar la vida a tres niños al realizarles maniobras de animación y actuar en el momento justo.

“Siento una satisfacción muy grande de ver como en segundos tanto esfuerzo da sus frutos. Esto no se vive todos los días y cuando uno hace bien lo que estudió, llena de entusiasmo”, contó Mirk, el agente que forma parte del equipo de ciclopolicías que recorren la ciudad.

El policía fue alertado el pasado 11 de junio por una emergencia en el medio de una manifestación en la Plaza Independencia. Se trataba de un niño que se estaba asfixiando tras ahogarse con una golosina. Inmediatamente, el agente le practicó la maniobra de Heimlich. Luego, el menor fue asistido por personal médico del 107.

“No todos los días tenemos estas experiencias y llegado el momento tenemos que actuar con rapidez”, dijo Mirk muy emocionado al ser la primera vez que asiste a un niño en esta situación.

Diariamente, unos 400 policías de Guardia Urbana recorren a pie, en bicicletas y en moto, el radio de las cuatro avenidas de la Capital.

Hace unos meses, la agente Gómez recató a una niña de dos años que había bajado del auto en la avenida Aconquija para seguir a su papá sin que él se diera cuenta. La uniformada corrió y logró empujar a la menor justo cuando se acercaba un ómnibus. El pasado miércoles 5 de junio, otra vez demostró que su vocación va más allá del deber.

“Cerca de las 23 horas, salia mi guardia en la Patrulla Motorizada de Yerba Buena y caminaba calle por la calle Alfredo Guzmán, cuando escuché que una señora desesperada a gritos pedía ayuda porque su hijo no respiraba, así que no dudé”, expresó la policía.

Asimismo, al comentar los hechos dijo que “entré a la casa donde se encontraba el niño y comencé a realizarle maniobras de respiración. Después de varios intentos empezó a llorar y logramos estabilizarlo”. Además, recordó que “no me deje llevar por el miedo y actué para salvarle la vida”.






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