Ya son seis los casos de jóvenes de la comunidad aborigen wichi que sufrieron accidentes o murieron por el consumo de alcohol etílico y nafta. En algunos casos las consecuencias fueron fatales, otros terminaron con discapacidades e invalidez.

Según un relevamiento realizado por los líderes de cada comunidad, al menos seis de cada diez jóvenes wichi de entre las edades de 10 y 19 años se encuentra perdido en el consumo de alcohol puro o nafta. Cabe decir que a lo largo de la provincia hay unas 26 comunidades integradas por 9.600 familias, con un alto porcentaje de riesgo en la juventud a raíz de este problema que afecta a casi todas.

Las consecuencias del consumo son fatales para los jóvenes de la comunidad wichi. (Web)

Cuenta Pablo Campos, miembro de la comunidad wichi de Morillo, Salta, que el jueves 5 de octubre, minutos antes de la cena, José Campos (19) se mostraba inquieto dentro de su vivienda. Sin previo aviso, sacó una botella de alcohol etílico, se rocío de pies a cabeza y se prendió fuego frente a su padre y un hermano. El joven murió en el Hospital San Bernardo 5 días después del incidente, según informó Infobae.

José vivía el desolador drama del consumo desde hacía más de un año, y tras la muerte de su madre, Patrocinia Santillan, y otras dos tragedias que marcaron su vida, inhalaba nafta y bebía alcohol puro rectificado de 90º.

La familia ya había sido golpeada por la tragedia con anterioridad, y según contó Campos, sufrió la muerte de tres de sus cinco hijos antes de que llegaran a los 25 años, dos a causa del consumo de drogas. La mayor falleció a lo 14 años, producto de complicaciones durante un parto, el segundo a los 20, se suicidó también víctima del consumo de alcohol y nafta, y finalmente José, el cinco de este mes.

Forma de consumir e inhalar la nata que utilizan los adolescentes wichi. (Web)

Hasta estos últimos meses el drama que atraviesa la juventud wichi en la provincia de Salta había permanecido invisible.

"Estamos desesperados. Estamos viendo cómo se destruyen las vidas de nuestros jóvenes y ya no sabemos qué hacer para frenar esto. Necesitamos que el Estado nos ayude a poder frenar la venta de estos productos a nuestros menores de edad", dijo Reinaldo "Oso" Ferreyra, presidente de la comunidad wichi de La Cortada, ubicada en la localidad de Coronel Juan Solá y la misma a la que pertenecía el joven José Campos.

"El primer caso trágico que ocurrió fue hace tres años, en la comunidad El Chañar. Un chico de 18 años que se apellidaba Arias se prendió fuego en su casa a causa de un accidente. La casa también se quemó. Después, la alarma volvió en marzo de este año, cuando una pareja de dos chicos de 16 años adictos se prendió fuego cuando uno de ellos quiso encender un cigarrillo. Ella quedó inválida y él sufrió quemaduras de tercer grado de las que todavía no se pudo recuperar", agregó Ferreyra.

La pobreza y la marginalidad que viven estas comunidades son algunas de las causas que los llevan al consumo. (Web)

"Es una situación terrible la que están viviendo estos chicos y lo peor es que parece que nadie los quiere escuchar. Es como si fueran invisibles, pero son vecinos del pueblo como cualquier otro. Incluso, la mayoría de ellos ni siquiera tiene idea de que nos pueden pedir ayuda a nosotros. Hicimos marchas en el pueblo, pero hay pocos que escuchan este reclamo", detalló Mariana, docente en una de las tres escuelas secundarias de Coronel Solá.

La docente contó que a partir de los 12 años, la mayoría de los chicos wichi dejan de presentarse en la escuela y quedan a la deriva sin trabajo y en un nivel de miseria extremo.

Existe una ordenanza municipal que prohíbe a los comercios vender alcohol puro y combustible a menores de edad, sin embargo, la comunidad aborigen denuncia que algunos comercios lo hacen y no hay firmeza en la regulación.

"Con la nafta, antes los chicos la compraban en cualquier estación de servicio. Ahora, como cerró la del pueblo, la consiguen de manera ilegal o incluso la roban con mangueras a motos estacionadas en la calle", reveló Ferreyra.

Marcha de comunidades wichi. (Web)

El presidente de la comunidad no sabe como hacerse escuchar, que si bien cortar las rutas o escrachar los comercios puede ser una forma, no quiere que los odien. "(…) no sabemos qué hacer. Uno de mis abuelos me decía que nosotros vivíamos a la vera del río. Sembrábamos, recolectábamos frutos silvestres, vivíamos de la carne de nuestros animales y de las frutas. Nuestros niños no tenían ni caries en los dientes. Pero nos metieron en el mundo de los blancos y es como si nos hubieran contaminado. Nos metieron en el mundo pero para ser marginales. Y eso no puede ser así", concluyó el referente de la comunidad.