La mirada seria y dulce de Pochita, esa “guardiana de la casa por 12 años” que dejó “un vacío difícil de llenar”. La picardía de Siso, Los ojos curiosos de Sasha y los experimentados de Romeo. La simpatía de Sami. Esa expresión particular que le dan a Mala sus cejas. La ternura de Ramón. El lunar que hace única a la bella Morita. El pelaje de Pity. La sonrisa de Bianca...

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Cada retrato de perro tiene el encanto de la mascota que tuvo el cariño de una familia. Son más que dibujos; sólo les falta ladrar y escaparse del papel para salir a buscar la pelotita.

Alinna busca reflejar las expresiones de las mascotas a través del dibujo.

La mano detrás de las obras de arte es de Alinna. Alejandra Jorgelina Fichera, tiene 25 años, dibuja desde que se acuerda y desde siempre le gustan los animales, en especial, los perros.

Su madre la anotó en un instituto donde aprendió bellas artes. “En el colegio, le hacía las cosas a mis compañeras, las carteleras, los afiches”, rememora la joven emprendedora.

Alinna es profesora de Dibujo, pero no se ve dando clases.

Si bien es profesora de Dibujo, Alinna confiesa que no se ve dando clases. Trabajaba como administradora en una fábrica hasta que el año pasado en plena pandemia decidió cambiar el rumbo y dedicarse a su pasión. “Con la pandemia hice un click. Siempre quise trabajar independiente y sola”, apunta esta chica se desconecta en la naturaleza y sueña con vivir en el campo.

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Al principio hacía de todo, con todas las técnicas. Luego de practicar con sus perras -Gala, una mestiza adoptada, y las caniches Zoe y Magui- fue cuestión de tiempo para que le empezaran a llover los pedidos. En general, retrata mascotas que murieron y sus dueños quieren conservar en el recuerdo. La mayoría son perros, pero también dibuja gatos y otros animalitos.

Cualquier mascota es digna de ser retratada para Alinna.Instagram / @alinna.ok

Para darle vida, Alinna se centra en la mirada. Aunque a veces parte de fotos oscuras o borrosas, busca llegar a la expresión. “Lo primero es la mirada; con eso ya tenés la mitad logrado. Parecen personas realmente: con la mirada y los gestos dicen muchas cosas”, asevera la artista.

Al principio, Alinna no se sentía cómoda dibujando gatos, pero ahora disfruta llevar al papel cada felino.