Ateo y de linaje intelectual, el actor pasó del cielo al infierno y, cuando su vida tocó fondo, renació de la mano de la fe religiosa.


Volvió después de “un forzado exilio”, grafica con algo de sarcasmo Gastón Pauls, que decidió aceptar entrevistas después de más de cinco años. En su elegido silencio, sólo había hecho un mano a mano, hace unos años, con Rumbos, medio al que volvió a elegir. Dice que nunca fue “muy amigo” de las notas durante su trayectoria, pero cuando estuvo “señalado y acusado” por emitir cheques sin fondos desde su quebrada productora Rosstoc, el bajón anímico lo llevó a “desaparecer” de los medios y del mundo. No quería salir de su casa, de la cama literalmente. “Me liquidaron, a nadie le importó mi verdad”, justifica su actitud, mientras de un largo trago vacía el vaso con limonada.

A los 47 luce bien el actor, con una barba entrecana, desordenadamente prolija y ojos achinados, como de recién despierto. “La gente me estima, me respeta y confía en mí. Debo reconocer que el cariño y el apoyo de la calle estuvieron siempre desde el día uno. Siempre”, enfatiza.

¿Y los medios cómo te trataron?

Priorizaron el escándalo. Si se puede embarrar al otro, mucho mejor. Ningún medio nunca me dio la posibilidad de aclarar los tantos. En el caso de la productora, los cheques sin fondos fueran firmados por otra persona –su ex socio- de quien nunca se habló y siempre se lo blindó. Prefirieron destruirme a mí.

¿Pudiste aclarar los tantos con las personas damnificadas?

Sí, por suerte, con quienes quedaron afectados pude hablar y explicarle lo sucedido, y quedó todo más que claro. Y bueno, basta con ver lo que hice yo durante todos estos años, y lo que hicieron del otro lado.​

Cuando se mancha, es difícil recuperar la credibilidad…

Muy cuesta arriba, pero no imposible si mis hijos me miran a la cara y yo a ellos, si mis hermanos confían, si mis amigos siguen siendo los mismos. Luego de 5 fallos que me declararon inocente, la confianza y la verdad me dieron mucha energía… Se te vio muy poco en televisión en los últimos siete, ocho años.​

¿Estuviste vedado?

No, para nada. Trabajé, hice algunos ciclos especiales con la gente que me conoce y que confía en el tipo de persona que soy. Y no me llamaron los que creen que soy un estafador. Pero para mí fue una bisagra, ya que pude separar y revincularme con los que me respetaron. El resto, que crea lo que quiera.

¿Pero te llaman para hacer tele?

​Acabo de decir que no a una propuesta de Netflix con Pol-Ka para hacer una serie. Y estoy hablando con Telefé para otro proyecto que puede funcionar. Nunca paré de laburar, por suerte pude construir una carrera que me permitió que me llamaran del exterior. Tuve rodajes en Chile, Cuba, Honduras, Ecuador y Uruguay, películas que todavía no llegaron a la Argentina.

Imagino que tu vida, que tuvo momentos de lujo, se debe haber ajustado…

Siempre me las arreglé para tener un mango en el bolsillo y para que a mis hijos Nilo y Muna no les faltara nada. Cuando no filmaba, daba clases y charlas en el interior. A la gente todavía le sigue pareciendo interesante lo que puedo llegar a decir.

¿En qué consistían esas charlas?

Muchos temas relacionados a la profesión, a mi vida como adicto recuperado y a la Fundación que tengo, que se llama “La casa de la cultura de la calle”, y que le da protección a 4.000 chicos en situación de vulnerabilidad de derechos, actividad que sigo haciendo con gusto y sin necesidad de hacer prensa para quedar bien. Yo seguí encargándome de esa fundación mientras me pegaban de todos lados…

Cuenta Gastón que está a las corridas, entre inminentes estrenos y rodajes que se aproximan, como el que está por embarcarse en Misiones, a las órdenes de Víctor Laplace. Se llama “El plan divino”, en la que Pauls interpreta a un monaguillo que quiere adueñarse de una iglesia, hasta ahora en manos de un sacerdote non-sancto. “La verdad es que agradezco seguir siendo convocado para laburar?”, admite el actor.

¿Por qué agradecés?

Yo agradezco cada día de la vida poder estar vivo, tener a mis hijos sanos y también seguir teniendo trabajo. Soy un privilegiado por poder estar viviendo del cine, en 2018 tuve la suerte de filmar siete películas (“OEST3RN”, de Raúl Perrone; “La espuma de los días”, de Fernando Timossi, “El Príncipe”, de Sebastián Muñoz, “Matar a Will Willys”, de Gaspar Antillo; “Cuando brillan las estrellas”, de Natalia Hernández, “Días Contados”, de Mariano Cirigliano y “Palau”, de Kevin Knoblock, que acaba de estrenarse. Por lo que no puedo hacerme el desentendido.

Justamente “Palau”, en la que interpretás al famoso pastor y predicador evangelista, te llega en un momento especial de tu vida…

Si “especial” es ser creyente, digamos que sí, me convertí en una persona de fe. Hacer de Luis Palau fue uno de los personajes más importantes de mi carrera por todo su predicamento, por lo que representa y porque, además, es una persona que está viva y a la que tuve la posibilidad de conocer.​

¿Qué te pareció Luis Palau como persona?

Tan sencillo, tan humilde y de una generosidad maravillosa. Me transmitió su creencia y su fe, y yo compré y soy una persona de fe, hoy creo en Dios. Y que me haya tocado este trabajo no es una casualidad, algo debe haberse producido para que aparezca esta oportunidad a esta altura del camino.​

¿Cómo se llega a creer en Dios, a decir con convicción “gracias a Dios” habiendo sido ateo toda la vida?

Si tuviera que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo. Pero creo que cuando se está en la desesperación, cuando ya no hay más salidas, aparece Dios como último recurso, por lo menos es lo que me pasó a mí, una persona que no tenía ningún vínculo con la religión, con la fe y menos con Dios, pero empecé a abrirme, a ser menos inflexible y a suponer que hay alguien un poco más elevado que nosotros, que es el Creador de todo esto –gesticula un amplio círculo-.​

¿Vos suponés que hay un Creador?

Yo estando en las difíciles, estando en tiempo de descuento, no encontrando salidas a mis adicciones, me urgía creer que había alguna puerta que me tenía que ayudar a escapar. Y la encontré, de verdad, vi una luz al final del túnel, y puede sonar a joda, a personaje de Capusotto, pero en la oscuridad que atravesaba esa claridad me salvó.

¿Vas a rezar a la iglesia?

Rezo, pero no voy a la iglesia. Y soy más de agradecer que de pedir. Agradezco todos los días y muchas veces por día lo que soy y por lo que tengo, que es poco, pero suficiente para vivir con dignidad.​

Estás en una etapa de transparencia, blanqueo y sinceramiento. ¿Te hace bien exteriorizar lo mal que estuviste y reconocer haber sido adicto a la cocaína?

Existe una necesidad de sinceridad. Yo no soy un delincuente ni un estafador. No le hice mal a nadie, pero reconozco que fui adicto, una palabra que da miedo pronunciarla, que no se la reconoce y a mí me pasó. Y sabés que aprendí, que “dicción” es decir y “adicción” es no decir. Yo era una persona que no decía y me animé a decir. En este mundo en el que vivimos todos somos adictos a algo: al trabajo, al dinero, a los fármacos, al juego, a la comida, a la televisión, al sexo, al alcohol, al cigarrillo, a las operaciones estéticas. Y hoy lo reconozco porque no tengo más ganas de ser un adicto.

¿Cuándo dejaste de consumir?

Viene bien la pregunta porque se mezcla lo que pasó con la productora con mi adicción. Yo dejé hace once años, en 2006 fue la última vez que me quedé duro, bastante antes de que quebrara Rosstoc. Es otra gran mentira de los medios, pero ya que tengo la ocasión, la aprovecho.​

¿Estás haciendo algún tratamiento?

Sí, claro, soy un adicto en recuperación y voy a Narcóticos Anónimos…

Gastón Pauls

¿Qué sería exactamente un adicto en recuperación?

Es aquel que acepta que tiene o tuvo un problema que se había vuelto ingobernable, y decide pedir ayuda. Me siento un privilegiado, porque fui un adicto que pude reconocerlo y no me tembló el pulso, porque de lo contrario hoy no estaría en este mundo.​

¿Cuesta manejarlo?

Sólo por hoy. Esto es así. Es como un cáncer que se cura, pero hay que atenderlo y estar pendiente. Por eso también agradezco estar en mis cabales.

“Sólo por hoy” parece un eslogan…

Es lo que es… Porque la droga es un problema con el que vivís todos los días. Y yo cada mañana agradezco poder estar limpio. Puedo decir que hace diez años que estoy limpio”.

Gastón, ¿te mentiste mucho?

Es que en un mundo en el que casi todos mienten, yo no podía ser la excepción, obvio. Ocurre que yo no le mentía a nadie, me mentía yo, me hacía pelota… Creía que podía solo con todo, con el laburo, con tener empleados, con mis hijos, con la escuela, con mi mujer y lamentablemente no se puede.

¿Difícil?

Crudísimo, salvaje… Actores que han trabajado durante treinta, o cuarenta años, a los que no llamaron nunca más y terminaron muriendo abandonados en la Casa del Teatro en el mayor de los olvidos. Soy un tipo que entiende y soy bien consciente de lo fugaz y ciclotímico que es este trabajo.

¿Cuándo te diste cuenta de que habías atravesado la tormenta?

En 2015 pude advertir que estaba reinventándome, volviendo a ser, a tener ganas de vivir mejor. Creo que volví a quererme luego de mucho tiempo de descuidarme, desatenderme y quererme nada…

¿A quién encontrás cuando te mirás al espejo?

Te juro que me miro en el espejo y me reconozco, y no sabés la traquilidad que me da. Estoy más liviano, voy sin tanta carga por la vida. Simplemente porque cada cosa que emprendo tiene que ver con mi esencia, con mi verdad.

¿Cómo ve este Gastón de hoy en día a aquel perdido y desesperado?

Lo veo con la mirada en alto y él me observa a mí, también de frente. Sin bajarla ni evadirse. Yo estoy orgulloso de aquel Gastón, que siempre fue de frente, que nunca mintió para perjudicar a nadie y sabe bien qué clase de persona es. Te digo más: le puedo jugar una pulseada de honestidad y de dignidad a cualquiera que se me cruce. Aunque viva al día, aunque me cueste cargarle nafta al auto, atravieso los altibajos que pasa mucha gente en este país.

Las redes sociales son muy crueles con los famosos “caídos”…

Me alejé de lo virtual para vivir ciento por ciento en lo real. No me interesa lo virtual, apunto a vivir en el aquí y ahora, en vivir lo que yo puedo advertir, no en lo que me dice otro. En este país todo el mundo habla pestes del otro, es un circo romano y los que más seguidores tienen no gozan de mi respeto…​

¿Y tus hijos cómo ven a su papá?

Por suerte, y lo más importante de todo, es cómo me ven ellos, quién soy… Y lo saben, y no sabés la tranquilidad que me da eso. El resto es tan relativo, tan chiquitito, que no vale la pena perder el tiempo.​





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