Cada 11 de septiembre se agasaja a los docentes argentinos, recordando el deceso de Domingo F. Sarmiento, en 1888.


Se cumplen ya 130 años de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento en Paraguay. El expresidente se había mudado a Asunción por consejo de sus médicos, para escapar del frío del invierno porteño que podía afectar su deteriorada salud. Sin embargo, una insuficiencia cardíaca y bronquial terminó con su vida.

En el momento de su deceso, Sarmiento no estaba solo, lo acompañaban su hija mayor Faustina y sus nietos. El primer acto del velatorio fue la toma de una fotografía del muerto ilustre acomodado en una poltrona.

Tomar una foto post mortem era una costumbre corriente. Para lograrla se vestía al difunto con sus mejores ropas y se lo hacía posar solo o con el resto del grupo familiar en escenas de la vida cotidiana.

Así fue como surgió esta foto, tomada por el retratista Manuel San Martín por disposición del embajador argentino en Paraguay, Martín García Mérou, que luego fue publicada en La Prensa de Buenos Aires.

El cuerpo fue repatriado diez días después. El barco que lo llevaba se detuvo en cada puerto para que la gente pudiera despedirlo.

Antes de morir, Sarmiento ya había dejado todas las disposiciones para su futuro entierro y para acondicionar el espacio que le habían cedido en Recoleta.

Mausoleo donde se encuentran los restos de Domingo F. Sarmiento en el Cementerio de la Recoleta.

Durante su funeral, fue recordado por Carlos Pellegrini como “el cerebro más poderoso que haya producido la América”. Aquel “cerebro” que, por su labor en materia de educación, se convirtió en el personaje principal a la hora de celebrar el día de los docentes argentinos. 





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