Si bien muchas veces los problemas corresponden a un hecho externo, en la mayoría de los casos no es así.


Muchas veces, los humanos nos sentimos confusos, atrapados por una vorágine de preocupación que no sabemos resolver.​

Si un familiar fallece, esto implica una tragedia que excede nuestra responsabilidad. Aquí hablamos, sin duda, de un hecho externo. Lo que ocurre es que, salvando estas excepciones, generalmente una persona cree que el cúmulo de malestar que la aqueja también proviene del afuera. Pero esto es un error: por regla general, ese laberinto de preocupación en el cual nos sentimos perdidos (y que creemos exterior), no es más que reflejo de un laberinto interno. Y es sobre este último que debemos accionar para que el malestar deje de manifestarse en el afuera.

El laberinto interior está plagado de prejuicios, mandatos familiares y sociales, creencias equivocadas y nocivas, inhibiciones, angustia, rencor, miedos, vivencias traumáticas, culpa... Y semejante mundo interno nos condiciona de tal modo, que proyectamos el malestar en conflictos aparentemente externos.

Laberinto

Existen personas que se amargan cuando se acercan las famosas fiestas de fin de año. Las viven con profunda pena y quisieran evitarlas. ¿Acaso las fiestas son un problema en sí mismo? Desde luego que no. La prueba de ello está en que, ante las mismas fiestas, otros reaccionan de manera entusiasta o con sencilla indiferencia. El único motivo por el cual una persona puede considerar que estas fiestas (hecho externo) son un problema, es que algo interno lo vivencia como tal. En este sentido, son vividas como problemáticas porque la historia individual de esa persona la lleva a percibirlas así.

Lo mismo sucede cuando una persona siempre termina vinculada con parejas tóxicas. Sale de una relación, pero luego comienza otra con quien parece un clon de la anterior. En estos casos, quien tanto padece, tiende a quejarse de su mala suerte y se pregunta por qué reiteradamente se le aparecen individuos similares. Y comete el error de creer que el problema es externo. Es evidente que, si vive repitiendo un conflicto, es porque busca inconscientemente revivir el mismo desastre.

Desde luego que el psicoanálisis y otras formas de terapia serán de invaluable ayuda a la hora de orientar a estas personas. Pero hay algo imprescindible que debemos hacer ante las diferentes problemáticas de la vida, y esto es cuestionarnos: ¿qué tengo que ver yo con eso que tanto me molesta del afuera? Tomar conciencia del verdadero conflicto inconsciente es vital para que deje de reproducirse externamente. Si no comprendemos que nuestro verdadero laberinto es interior, seguiremos sintiéndonos perdidos y enojados con quienes están allí afuera.





Comentarios