Impecable a sus casi 65 años, Guillermo se sienta a charlar con Rumbos sobre El robo del siglo, que evoca el famoso atraco al Banco Río de Acassuso, perpetrado por una banda de cinco delincuentes de guante blanco, que se llevaron más de 15 millones de dólares.


Coqueto,France dice que no tuvo en cuenta maquillarse para las fotos, por lo que le pide a su agente de prensa si le puede conseguir algo para ensombrecer cierta palidez. No se le pasa un detalle al actor más puntilloso de la Argentina. “Me gusta estar en todo, quiero estarlo, pero lo del maquillaje es una pavada, me veía algo paliducho, pero finalmente no fue necesario”, minimiza quien también será protagonista en la segunda parte de 2020 con el ansiado estreno teatral de “Casados con hijos”, el ciclo legendario de Telefé.

Una pequeña digresión lo entusiasma a este futbolero de ley y se pone a hablar de su amado Racing y desliza cierto desencanto por la partida de Coudet, el técnico. “Me hubiera gustado que siguiera un poco más, creo que tenía cuerda para un año más como mínimo, pero la gente del fútbol es poco paciente y se olvida rápidamente”, argumenta el actor que en el filme encarna al uruguayo Luis Mario Vitette.

Vuelve al trabajo luego de esa pequeña distracción “permitida” y dice que es un amante de los trabajos incómodos, “esos que me ponen contra la espada y la pared, esos que me generan preocupación y que todavía me hacen sentir nervios y cosquilleo en el estómago”, hace alusión al amplio abanico que le viene ofreciendo el cine.

¿En qué momento de tu trayectoria te sentís?

En la plenitud –responde sin vacilar–. Amo este oficio, que me permite hacer lo que quiera. Me convoca una gama de directores heterogéneos que me llevan a viajar por paisajes diferentes. No puedo pedir más, un actor con mis características necesita esto: alternar, probar, desafiarse y sentirse satisfecho.

¿A qué te referís con un actor de tus “características”?

Yo soy un actor que no puede remar siempre en las mismas aguas, necesito moverme, viajar, incursionar lo nuevo para enriquecer mi mirada como actor. Y, por suerte, los directores me buscan, y lo sigo viendo como algo milagroso…

Guillermo, sos Francella. Aunque seas un tronco –claramente no es el caso- sos Francella…

El nombre propio, el actor que trae cierta chapa ya no cuenta más… Hay flamantes valores que están pidiendo pista. Hoy a los viejitos que no rinden, se los deja a un costado. Es así de cruel este oficio, pero por suerte creo que soy un actor adaptable, ya que en las últimas películas me llamaron Burman, Ana Katz, Trapero, Armando Bo, Duprat y, ahora, Winograd.

¿Qué fue más incómodo: encarnar a Arquímedes Puccio en “El Clan”, o a Vitette en “El robo del siglo”?

Puccio es un personaje execrable de la historia criminal argentina, pero pude descubrir una manera para interpretar al personaje, no me resultó nada sencillo; en cambio, Vitette es un tipo con carisma, con ángel, con un atractivo especial pese a que cometió un ilícito.

¿Un ilícito? Se afanó un banco, fue el robo del siglo, ¿o no?

Yo no lo justifico ni lo reivindico, lo que digo es que Vitette tiene un gancho que no tiene Puccio, yo con Vitette pude empatizar, pero eso no quiere decir que apruebe su faceta delictiva.

¿Atrae a partir de que robó sin que hubiesen víctimas?

El tipo era muy inteligente en lo suyo, junto al estratega Fernando Araujo (en la piel de Diego Peretti). Ellos armaron el robo sin tocarle un pelo a nadie, utilizando armas de utilería y hasta construyó una relación atípica con algunos rehenes, como con esa señora que justo cumplía años ese 13 de enero, día del robo. ¿Y qué hizo Vitette? La abrazó, pidió que le trajeran una velita que puso en un bocadillo y le cantaron el feliz cumpleaños hasta los propios rehenes. Un genio… ¿No es cautivador el hombre?

En nuestra sociedad, por lo general, suele caer simpático quien roba un banco y huye sin dejar rastros…

Somos así los argentinos, pero no es un hecho menor el contexto del país en el momento del asalto. Era el año 2006 y hacía poco tiempo habíamos sido víctimas del corralito, por lo que el banco como institución no estaba bien visto.

¿Cómo fue encarnar a un ladrón que hoy vive en Montevideo y tiene una joyería en Uruguay?

Es una presión extra hacer de alguien que existió y más si está vivo. A Luis lo estudié mucho en entrevistas que vi en Youtube y leí mucho sobre él, con el fin de adquirir una postura natural que tuviera que ver con su ser… Dije adquirir, no copiar -enfatiza-. Y hasta pude hablar con Vitette y me reconoció que estaba orgulloso que yo lo interpretara. En la charla tuvimos buena onda, me contó algunas cuestiones de su vida, del libro que acaba de editarse (“El ladrón del siglo”), de su hijo y me contó que es muy hincha de Racing.

¿Por dónde sentías esa “presión extra”?

Por encontrar el tono adecuado para un personaje que no tenía violencia, pero tampoco era una carmelita descalza. Era clave dar en la tecla, hallar un tono equilibrado, que combinara drama y comedia para hacer creíble una historia que causó sensación y dio la vuelta al mundo.

La película llevó varios años en concretarse, pasaron varios directores y actores, pero siempre estuviste vos desde el vamos. ¿Qué exigencias tenías para hacerla?

Exigencias ninguna, sólo sugerí que una película que narra el robo del siglo tenía que tener una producción a la altura de las circunstancias. Imaginate que fueron como cinco años que llevó todo el proceso, necesitaba sentirme atraído por una historia con mayúsculas, y así fue gracias a que Ariel (Winograd) tomó las riendas.

¿Es verdad que Vitette estudió teatro antes del robo?

Sí, claro, fue por sugerencia de Araujo, quien le encomendó la tarea de ser el negociador con la policía, por lo tanto tenía que tener ciertos recursos interpretativos para hablar y gesticular.

Tu compañero Diego Peretti se quedó admirado de tu nivel de compromiso con el trabajo: “Hasta en el más mínimo detalle lo deja todo”, nos dijo…

Es que no concibo el oficio sin la entrega absoluta. ¿Cómo sería actuar en un 50 por ciento? No entiendo, me resultaría muy molesto. Además, para un actor como yo, que tiene inseguridades, dejar algo librado al azar es un dolor de cabeza. Lo doy todo porque esto es mi vida, aunque me siga doliendo la panza ante el primer día de ensayo o sienta cosquilleos en un estreno.

¿No pensás que podés intimidar al director? Pienso en Ariel Winograd, exitoso, pero joven… ¿Cómo te encara?

Pero Ariel tiene muchos éxitos (“Mamá se fue de viaje”, “Permitidos”), recorrido, quizás no tenga tantos festivales internacionales encima, pero es un director que tiene autoridad y carácter. Por otra parte, yo me encontré con él y le hice saber mis inseguridades a la hora de no dar el tono requerido.

Hablemos un poco de “Casados con hijos”…

Nos juntamos hace unas semanas con Florencia Peña para hacer unos copetes publicitarios y al minuto encontramos la sintonía que necesitábamos, es como andar en bicicleta, no te olvidás más. “Hola Moni… Ay Pepe, tanto tiempo” (imposta la voz y trae a los personajes centrales de “Casados…”). Y en minutos nos dimos cuenta que algo volvía a conectarnos y nos abrazamos. Por eso insisto con que será otro tipo de dirección, donde la dinámica y el timing serán fundamentales.

¿Y te sentís involucrado, también?

Estoy en todo, en la producción, el vestuario y hasta en el color de la lamparita. Tengo esa capacidad de tomar posesión, adueñarme. Me sale naturalmente.

Demoraste en aceptar la propuesta… ¿cuál fue el click para que dieras el sí?

Es que no la veía, no encontraba las razones para volver a hacerlo, pensaba que era bueno dejarlo lejos, más allá de que la tele lo venga emitiendo desde hace tiempo y lo considere un tapa agujeros sino para levantar el rating. No era tan sencillo, encima con Luisana (Lopilato) viviendo en Canadá.

Hasta que…

Hasta que me encontré en un evento con Darío Turovelzky, gerente de contenidos de Telefé, que me dijo: “Guille, querido, en 2020 cumpliremos 30 años desde la creación de Televisión Federal (Telefé) y queremos tirar la casa por la ventana, por eso pensamos en la vuelta de ‘Casados con hijos’. Dale, decime que sí”. Y me pareció que esa era una buena razón.

¿Pusiste alguna condición de cómo debe ser tu personaje, Pepe Argento?

Tiene que ser igual, quince años más viejo, pero con la misma cabeza, la misma forma de pensar. Por supuesto que la obra tendrá un humor actual, no aquel de 2005… la impronta será la de antes. Sino sería como hacer a Superman y que no vuele.

Desde las redes sociales pedían que Moni (Peña) no sea tan corta ni frívola, ni Pepe tan machirulo…

Aquella Moni era una mujer que no le importaba nada de la casa y mucho menos la cocina. Y no era corta, Moni te la mandaba a guardar sin movérsele un pelo… Nunca le cocinaba nada a Pepe. María Elena (Erica Rivas) era una feminista en aquellos tiempos, no me quiero imaginar cómo será ahora… Y Pepe va a lucirse más exacerbado, así que pensá las respuestas que pueden llegar a tener si le hablás en lenguaje inclusivo.





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