Tarde quince años en escribirle una canción a mi madre. Y creo que si pudiera escucharla sonreiría feliz, se le escaparía una lágrima y nos daríamos un abrazo profundo, como solíamos hacer.


Prudente y atento, el Chaqueño Palavecino hace un alto en un parador de la Ruta Nacional 89. Está dejando la ciudad sanjuanina de Jachal para rumbear hacia Sáenz Peña, Chaco. Son unos 1.400 kilómetros, calcula que todavía le restan unas siete horas y llegaría alrededor de la cena. Él va solo en su camioneta y es uno más de la caravana de treinta músicos que lo acompañan, que van repartidos en autos y una combi.

“Me gusta manejar, me da tranquilidad el camino, el paisaje cambiante, me pongo a pensar en el show que hice, qué cosas puedo corregir para el próximo y repaso la lista de canciones. Así, de repente, pasan tres horas y el tiempo y el viaje se me pasa más rápido”, describe Oscar Esperanza Palavecino, que no acusa el cansancio pese a haber actuado hasta altas horas de la noche anterior.

Chaqueño Palavecino

“Así es mi estilo de trabajo y mi ritmo, siempre hago ocho, diez horas de ruta, llegamos y al otro día estamos en el escenario tres horitas, o a veces cuatro. Así somos los que actuamos en la Argentina, no nos queda otra: sacrificio y orgullo por recorrer nuestros pueblos”, expresa el salteño que está presentando su flamante álbum “Soy y seré”.

“Soy y seré…”, ¿qué sos Chaqueño?

Soy, con virtudes y aciertos, mi mejor versión –ríe, repasando la letra de ese tema-. Pero de verdad, soy con orgullo un criollo argentino.

¿Y qué serás, suponés?

“Un artista que quedará en la posteridad”, es lo que tendria que decir mi làpida.

¿Por qué?

Porque siempre me deslomé por llegarle al argentino de adentro, de la Argentina profunda, de las raíces…

Por fin decidiste mostrar, en “Soy y seré”, las canciones que escribiste…

Tenía algunas pero me costaba hacerlo, siempre fue una debilidad no tener la facilidad de escribir, por eso siempre me inspiré en grandes autores del norte argentino, o genios como Horacio Guarany, Atahualpa Yupanqui o Manuel Castilla, pero sentí una necesidad de sacarle el polvo a unos viejos textos a los que pude reescribir.

Como esa frase en la que decís que sos “monte, puro, rústico y soñador”…

Claro, soy todo eso, sobre todo rústico y soñador, esa mezcla de campo y sensibilidad. Rústico para escribir, soñador para pensar.

Pudiste darte el gustazo de dedicarle un tema a tu querida mamá…

Sí, creo que en “Flores para mi madre” me salieron todas las cosas que quería expresarle. (Y se pone a recitar el Chaqueño) “¡Válgame Dios, que dolor!/Que penar tan sin segundo/Hoy he perdido en el mundo/La joya de más valor/Perdí el imán de mi amor/Ya murió de quien nací/Ya murió a quien le di/Tantos desvelos al criarme”.

Profundo, Chaqueño… ¿Cuánto te llevó componerla?

Es un vals y tardé una eternidad, como unos quince años, la misma edad que yo tenía cuando mamá, que se llamaba Estela, murió de cáncer.

¿Qué pensás que diría la viejita si lo escuchara?

Sería una gloria, mi deseo, ojalá tuviera cinco minutos con ella para dedicarle esta canción. Creo que sonreiría feliz, se le escaparía una lágrima y nos daríamos un abrazo como solíamos hacer.

Oscar Esperanza, así su nombre de pila, camina por un amplio descanso de ripio a la vera de la ruta. De fondo se escucha el incesar paso de los vehículos y un viento que, por momentos, congestiona la charla con Rumbos. Cada tanto, un bocinazo que lo saluda.

Mientras El Chaqueño está serio, habla de su mamá, pero también, ante la consulta, aparece su misterioso padre, de quien se refirió poco y nada públicamente. “El murió en un duelo de varones, por mis pagos norteños, no lo conocí. ¿Sabés? Yo tendría que llamarme Balderrama, así se apellidaba mi padre, pero elegí el apellido de mi madre, Palavecino… Ella y mi abuelo lo fueron todo”, revela y pide cambiar de tema.

¿Cómo es tu relación con el ocio?

Mala, la verdad. No sé cómo relacionarme, me cuesta no hacer nada. Lo mío es andar en movimiento, estar activo, no frenar nunca. Así me criaron y así moriré, espero que en un escenario. Además, tengo la obligación de laburar siempre.

¿Por qué?

Porque soy como una empresa, que tengo 25 o 30 personas a mi cargo… son muchas familias. Yo podría retirarme, tomarme un año sabático, y estaría más o menos salvado, pero ellos ¿qué hacen, cómo hacen? Y ellos se matan laburando, eh, no les regalo la guita.

¿Te genera presión esa situación?

Es que yo soy así, no concibo el parate, además de que los impuestos y los contadores me despellejan. Los muchachos confían en mí, saben que yo moriré con las botas puestas.

Tu trabajo es una mezcla de amor al arte y necesidad de ganar plata…

¿Quién trabaja gratis? El laburo es sagrado, yo dejo todo en cada presentación y cobro en pesos, no en dólares. Y pongo el cuerpo, no te das una idea de cómo llego después de tantas horas al volante.

¿Hay artistas argentinos que cobran en dólares?

Seguramente, pero yo no hablo por ellos… Quiero decir que yo no voy a tocar a los Estados Unidos o a Canadá o a Inglaterra, nunca, yo recorro el país y las plazas menos opulentas.

¿Te hubiera gustado hacer una gira por Estados Unidos una vez por año?

¡Qué te parece! Nos salvaría a todos, pero es una utopía. Yo soy un criollo que canta música argentina, que hace cultura nacional y baila folclore del interior, no tengo material de exportación. El folclore no tiene el carisma y la seducción del tango, eso es así…

¿Por qué pensás que no “prendió” el folclore?

Porque los países tienen su música folclórica, difícilmente quieran importar una ajena, menos los de nuestra región.

¿Y qué hay de Abel Pintos, Luciano Pereyra, Jorge Rojas, Soledad?

Ellos son excepciones y han trabajado mucho y desde la cuna, y me parece bien que hayan abierto el juego hacia otra música, porque han llevado el folclore hacia el pop y la balada. Y hoy tienen una madurez sorprendente. En cambio, yo hago un folclore puro…

¿Qué querés decir?

Que hay que laburar a destajo para mantener el lugar que el folclore se ganó por peso propio y por pedido de la gente. Pero no está de moda, al contrario. Se lo deja de lado en radios y discográficas. Y en Buenos Aires creo que todavía no penetró lo suficiente.

Pero Buenos Aires te vuelve a abrir las puertas con dos Gran Rex (20 y 21 de diciembre)…

Soy una de las pocas excepciones dentro del folclore más puro que va a viajar a Buenos Aires. No es sencillo hacer hoy dos teatros en la calle Corrientes.

¿Y qué me contás de la Mona Jiménez, que no sólo que nunca sale al exterior, sino que tampoco se mueve de Córdoba?

La Mona es un genio, un grande, me encantaría ser como la Mona, un héroe nacional. Ojo, yo también me considero una Mona, pero con la modalidad de ir de aquí para allá. Yo meto entre 20 y 30 mil personas cada vez; es cierto que la Mona logró enamorar a su propio pueblo, que lo tiene en un trono. Y se lo merece. Es un artista único, un fuera de serie. ¿Quién puede cantar en el mismo lugar durante añares? No conozco a nadie… El chango labura todo el tiempo, no es el Indio Solari, que lo admiro, pero hace un show por año y la levanta en pala. Yo tengo que hacer 50 shows para ganar lo que gana él.

Vos tenés lo tuyo también…

Claro, tengo procesiones multitudinarias para mí, pero no muevo lo que mueve el Indio… Tampoco podría estar como él, quieto, yo soy un artista de movimiento, fogoso, necesito estar en acción, sino me oxido, me viene el bajón…

El Chaqueño mira la hora y dice que necesita llegar a la frontera con Catamarca para que no lo agarre la noche en plena ruta. Hace saber que luce una chomba y un jogging, bien informal, nada que ver con la indumentaria con la que lo conocemos todos. “Tengo tres tipos de trajes colgados en perchas, el atuendo de gaucho es mi impronta”, enfatiza el nacido en el remoto paraje salteño de Rancho Ñato.

¿No te da calor en estos tiempos ese “look”?

Estoy fresquito, además así soy yo, con bombachas, camisa, pañuelo, botas y sombrero. Esa es mi impronta, a esta altura una marca registrada Y la infaltable bijouterie… Eso es porque los mayores de mi familia la usaban y así me lo han inculcado madre y abuela… ¿Se entiende? Yo defiendo una tradición, lucho para conservar las costumbres, enarbolo la bandera del gaucho.

¿Incluye perfume?

Siempre, pero no doy marcas… Hay que estar de diez.

¿Es cierto que sos el metrosexual del folclore?

Yo soy bien varoncito, eso sí, me cuido, aprendí a querer verme bien, pero trato de no exagerar.

¿Cómo esperás el cambio de década? El 18 de diciembre cumplirás 60…

Me siento de 40 con veinte años de experiencia –dice a carcajadas-. Me siento entero, soy una persona que se cuida, que se hace chequeos con frecuencia y sé vivir en el desorden absoluto, en esa desprolijidad que a veces me domina. Tengo la sensación de que todavía tengo hilo en el carretel.

¿Por qué desprolijidad, decías?

Porque ahora en el verano, entre diciembre y marzo se viene la época de los festivales y la vida se transforma en caos, una anarquía absoluta y maravillosa. Pensá que en muchos festivales termino de tocar a las cinco de la mañana…

¿Cuántos años más te gustaría seguir actuando?

Ando por el 80 por ciento de la vida, ¿no? ¿Cuánto me queda de vida útil? Calculo que 15 años más puedo hacerlo con dignidad, sin dar lástima ni arrastrarme por el escenario.

Llegó el rumor de que te picó el bichito de la política… ¿Te han ofrecido algo?

Muchas cosas y desde hace un tiempo. Me han ofrecido para ser concejal, para que me postule como diputado, pero yo nada, en silencio, todavía no he respondido. No sé, la política en este país no está bien vista y si te dedicás después de pasar por la música, dirán que seguro vas a robar… No quiero mancharme, tengo que pensarlo bien.

Chaqueño Palavecino

Un artista y coterráneo tuyo, Roly Serrano, el actor, se postuló y entró como diputado…

Sí, Roly, claro, un amigazo. Él en Salta es muy querido, la gente sabe que es una persona de bien y tengo entendido que la gente del pueblo se lo pidió.

¿Y de vos, qué piensa la gente?

La gente sabe quién soy, de dónde vengo y qué hago. Hace 33 años que ando yirando por toda la Argentina, me conozco todas las ciudades, se sabe que soy un chango de bien, que doy una mano, que tengo una fundación en Rancho Ñato, que realiza actividades sociales para mejorarle la vida a los pueblerinos.

Chaqueño, ¿cómo te llevás con estos tiempos en los que una palabra de más, un gesto desmesurado, se viraliza y uno queda escrachado?

Hay que cuidarse mucho, no se puede joder, no se pueden hacer las bromas que uno solía hacer, viste, uno es muy jodón… Pero bueno, hoy los chistes de antes no se celebran, por lo que hay que ser precavido…

Cuando mirás hacia atrás y ves a ese Oscar Palavecino que manejaba micros de larga distancia… ¿qué pensás?

Que la vida fue muy generosa conmigo. Yo cantaba cuando llevaba a la gente de ciudad a ciudad y los propios pasajeros me decían que tenía que presentarme en Cosquín, pero la verdad es que yo nunca imaginé en hacer esto, nunca me creí artista… 





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