En su debut como productor junto a su padre en La odisea de los giles, el actor cuenta detalles de cómo es trabajar con Ricardo, de las libertades de su relación con Úrsula Tokio Corberó y del valor de los grises y de la tibieza.


Enciende un puchito que él mismo elabora con tabaco que trajo de Madrid. Dice el Chino Darín que de esta manera bajó la cantidad de cigarrillos por día, que superaba largamente el atado. Pita profundo, alza su cabeza y clava la vista en la copa de unos árboles, imagen que se borronea con las volutas de humo que exhala. “Tengo la cabeza explotada, estoy súper metido en la película y no veo la hora de que llegue su estreno”, le dice el actor de 30 años a Rumbos. Darín Jr. es protagonista y productor de “La odisea de los giles”, la película basada en la novela de Eduardo Sacheri, “La noche de la usina”, que dirige Sebastián Borensztein y que se estrenará en todo el país el 15 de agosto. Es la primera película que Chino comparte cartel con Ricardo Darín, su papá también en la ficción, además de ser la del bautismo de Kenia Films, la productora de los Darín.

¿“Explotada la cabeza”, dijiste?

Sí, mal. No me para, te juro. Además de que yo de por sí soy culo inquieto, imaginate ahora, que aparte de lo actoral tengo que estar en cuestiones operativas, administrativas, burocráticas…

¿En qué cambió tu tipo entrega, tus “prestaciones”?

Ahora, como productor, tengo que admitir que pongo la gamba de otra manera, trabo con la cabeza –ilustra con términos futbolísticos-. Bajo el ala de Kenia Filmsinspirada en el nombre de la perrita de los Darín-, nosotros somos los que desarrollamos la historia, compramos los derechos de la novela de Sacheri y pusimos esta maquinaria en marcha hace tres años. ¡Queremos parir de una vez!

Empezás a estar pendiente de gastos que, quizás, nunca antes te importaron…

Los números del cine son una locura, pensá lo que significa movilizar a unas 100 personas fuera de sus casas: darles de comer, brindarles un lugar donde estar y dormir… Para el promedio estándar de producciones argentinas, es una película grande. Sin embargo, pude desapegarme y comprometerme con mi trabajo de actor.

¿Quién eligió la novela de Sacheri?

Fue una decisión entre Borensztein y mi viejo, que la habían leído, sabían que era muy buena y que había funcionado bien. No descubríamos nada, había ganado el Premio Alfaguara. Yo no la había leído, estaba en España, pero me la hicieron llegar y me la devoré.

¿Cómo fue el esperado bautismo de trabajar con Ricardo, tu papá?

Teníamos muchas ganas, porque después de muchos ofrecimientos para compartir elenco nunca nos poníamos de acuerdo, hasta que finalmente encontramos algo que nos cautivaba a los dos.

¿Rechazaron muchas ofertas?

Hubo varias. A veces a mi viejo no le copaban y otras veces a mí… Queríamos estar convencidos, no queríamos forzar las cosas para laburar juntos, no hacía falta pagar un precio sólo por ese lindo caprichito. ¿Para qué? ¿Con qué sentido?

“La odisea de los giles”, que toma lugar en el año 2001, describe a un grupo de vecinos que descubre que perdieron todos los ahorros que tenían debido a una estafa realizada por un abogado y el gerente de un banco, por lo que se organizan y arman un plan para recuperar lo que les pertenece.

El Chino y Ricardo Darín en una escena de “La Odisea de los giles”

¿Cómo fue convivir en el set de filmación con tu viejo, muy conocido por ser “intenso” en los rodajes?

Papá es un apasionado de lo que hace y él quiere estar en todo, se mete en todo, hasta en cómo son las viandas. Y, por supuesto, en mi trabajo también tomó partido, pero no porque sí, o porque es un rompe bolas, que lo es, sino porque tenía un gran conocimiento en la historia que queríamos contar. Mi viejo es un tipo que le gusta estar presente, opinar, y tiene toda la autoridad para hacerlo.

¿Sirve ser obsesivo en este trabajo?

Es importante saber medirse, pero yo soy igual o peor que mi viejo. Me gusta intervenir en todo, me involucro en todo lo que pueda, acá y en España, hasta que alguien me pone un brazo y me dice “nene, hasta aquí llegaste”.

¿Sos así de metido con el trabajo de tu novia Úrsula Corberó?

A priori yo lo hago con todo el mundo, me siento con la libertad de hacerlo. Tal vez después descubro que a mi interlocutor le importa un bledo lo que yo digo, entonces, en el caso de Úrsula, directamente me lo ahorro –carcajada-. Tampoco es cuestión de ser un kamikaze y hacer propuestas sinsentido. No es que soy un opinator, y lo hago de manera ofensiva, no, eso jamás, aunque lo piense no lo digo, me la guardo, me la fumo.

Tiene que ver con una manera de ser, una cuestión de actitud…

Me siento con espalda para hacerlo, vi muchas veces trabajar a mi viejo, yo llevo 14 películas, pero eso no quiere decir que me las sé todas… Quiero dejarlo claro, por favor.

¿Te sorprende lo que te viene pasando últimamente?

Sinceramente, a mí me sorprende que me llamen para laburar, de verdad, no sé qué me ven, por eso cada propuesta la recibo como una muy grata sorpresa. Aprendí a no dar por sentado que me van a convocar para laburar, por eso con cada trabajo que termino siento un vacío existencial.

CHINO DARÍN. “Con mi viejo teníamos muchas ganas de trabajar juntos. Y ahora, finalmente, encontramos algo que nos cautivaba a los dos”

¿En serio?

Sí, un poco menos que hace unos años, pero soy igualmente neurótico e inseguro. Probablemente entendiendo mejor que nuestra profesión se basa en ese constante resurgir de las cenizas. Es parte de la naturaleza de ser actor.

¿Lo dice el actor que fue elogiado por Penélope Cruz en la película “La reina de España”?

Bueno, Penélope fue una gran compañera de trabajo, es una actriz excepcional y mejor persona, que en cada nota no dejaba pasar la oportunidad para hablar de cómo hice para dejar enterrado mi acento argentino. Sin embargo, nada ni nadie te aseguran continuidad, menos para un extranjero.

¿Cómo fue compartir escenas de cama con Penélope?

Son un garrón, con Penélope o con quien te toque… De todas maneras, ella tiene mucha experiencia y me contuvo mucho a mí, que estaba más nervioso y con menos recorrido, obvio.

¿Qué es lo más importante que te aportó vivir y trabajar parte del año en España?

Especialmente disciplina y reflexión. Mucho espacio para la reflexión –remarca-. Son muchos viajes a Madrid y a Buenos Aires, en los que la cabeza está carburando todo el tiempo, entonces te hacés preguntas con frecuencia.

¿Cómo cuáles?

Cuando dejo Buenos Aires, pienso en mi familia y en mis amigos, a los que no sé cuándo volveré a ver; y cuando dejo Madrid y me ausento varias semanas, extraño mucho a Úrsula. No es nada sencillo congeniar con las distancias y los tiempos, inevitablemente te ponés a pensar y ponerte a pensar mucho es conocerse más a sí mismo.

Este ir y venir entre Argentina y España, ¿tiene una fecha de vencimiento?

Hace un tiempo te hubiera contestado que estoy atravesando un momento idílico, con amor y trabajo, con intereses de uno y otro lado del Atlántico, pero hoy siento que es parte de un ciclo que sí tiene una fecha de vencimiento que ignoro, claro. Pero la mente y el cuerpo ya me piden que afloje un poco, que cambie el estilo…

¿Ayudan estos “separadores” de tanta distancia con tu novia?

La distancia a veces es buena y otras no tanto. Es saludable desapegarse, no despegarse. Por momentos está buenísimo estar solo en Argentina, con mi familia y amigos, y disfrutar de la distancia y alimentar el extrañar al otro, y por otros, no veo la hora de estar con Úrsula. Yo soy así, muy cambiante, me pasa de querer esto, pero también aquello y lo otro…

CHINO DARÍN. “En la vida todo está dado para perder… Por lo general gana uno solo. Y el arte de la derrota es saber asumir la derrota”.

¿Te gustan los grises?

Me gustan sí, también la tibieza, que no tiene buena fama. Para mí la realidad se inscribe en el espacio que hay entre el blanco y el negro.

Siendo un ganador como se supone que sos, ¿te costó interpretar a un perdedor?

Es lo más fácil de todo, si lo más común en la vida es perder. Por otra parte, no coincido con la pregunta, yo he perdido mucho, más de lo que la gente se imagina, eso no significa que no me sienta un privilegiado, pero uno tiene sus propias pérdidas. En la vida todo está dado para perder. Por lo general gana uno solo. El arte de la derrota es saber asumir la derrota.

La película hace foco en las víctimas de un sistema…

Claro, que si bien son perdedores de un sistema nocivo y corrupto, lo importante que tiene “La odisea…” es que habla de la caída, pero sobre todo de intentar levantarse y nunca bajar los brazos.

¿Cómo te llevás con las derrotas?

Muy bien. No me gusta perder porque soy competitivo, quiero ganar hasta una mano de truco, pero digiero perfectamente la derrota, sé aceptarla como buen caballero.

¿Alguna vez te enroscaste con la mirada del otro, con el peso que genera tu apellido?

Me enroscaba, pero ya no, soy más bien descontracturado, de tomarme las cosas con tranquilidad, evito tensiones innecesarias. Tengo mis armas, mis herramientas…

En una época siempre te preguntaban por Ricardo, tu viejo, pero tu familia fue y es un auténtico matriarcado, con figuras femeninas fuertes. ¿Quién es Florencia Bas, tu mamá?

Mi vieja es la capitana, la que tiene influencia en todo. No tengas dudas de que mi papá tiene la carrera que tiene gracias a mi vieja… Ella está al tanto de todo y su opinión es la más valorada.

¿Te ves padre, te gustaría?

Con el tema de la paternidad atravieso por distintos momentos: de más pibe, quería ser padre a los veintipocos… Probablemente tenga que ver con que mi vieja me tuvo a mí a las 21 años, entonces yo repetía con eso de poder ser padre joven y amigo de mi hijo… Pero hoy perdí el apuro, la urgencia, porque la vida me fue llevando por distintos lugares…





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