La vara del éxito es individual y uno debe medirse con esa propia vara, jamás en función de la mirada ajena.


Mucho se habla del éxito en estos tiempos. ¿Pero qué es en realidad? Socialmente se relaciona con la fama y la fortuna: como si se tratase de una fórmula aplicable a todos, se tiende a creer que allí reside la medida del éxito.

Sin embargo, nuestro propio éxito no tiene por qué tener que ver con un mandato social. Por lo tanto, puede que alguien alcance la fama y la fortuna, pero aún así se sienta vacío. O bien, que quien tenga logros en apariencia menores, sienta una enorme satisfacción. ¿Qué sucede entonces? Que la vara del éxito es individual y uno debe medirse con esa propia vara.

Para algunos, ser exitoso consiste en lograr ser realmente bueno en su trabajo cotidiano; para otros, ser buen padre o buena madre, obtener determinado título universitario o encontrar la pareja de sus sueños. En todos los casos, no es prudente ni saludable valorarnos en función de la mirada ajena.

Si hiciéramos tal cosa –dado que el mandato social que perseguimos no coincide con el que deseamos–, podríamos llegar incluso a boicotearnos inconscientemente, no logrando éxito alguno: ni el impuesto por los otros ni el que se alinea con nuestro deseo particular.

Por lo tanto, cuando se trata de “triunfar”, lo primero a develar será cuál es nuestra propia medida del éxito. Si no sabemos lo que en verdad buscamos, perseguiremos los deseos de los otros. Y está claro que no será relevante si los alcanzamos o no, puesto que no nos harán felices. Es esencial, entonces, preguntarnos cuáles son esas cosas que en verdad más deseamos.

Una vez determinado esto, también será prudente evaluar cómo cambiaría nuestra vida una vez alcanzadas estas metas. ¿Por qué? Porque, muchas veces, una persona no es consciente de que teme a las consecuencias de aquello que persigue. Y quien tiene miedo a las consecuencias de su éxito, también puede inconscientemente boicotearse.

Por ejemplo, una persona que por años deseó tener un ascenso en su trabajo, puede que al momento en que le ofrezcan el ascenso, empiece a dudar de su capacidad o a sentir temor por cómo impactará eso en otras áreas de su vida. Y si duda o teme, tal vez su inconsciente la lleve a tener problemas de salud o con compañeros de trabajo o con el mismo jefe que le ofreció el ascenso. Finalmente, sin proponérselo conscientemente, terminará logrando que dicho ascenso se esfume. Sí, y todo porque su propio inconsciente quería evitarle el mal trago de enfrentar sus dudas y sus miedos.

En resumidas cuentas, sólo es posible el éxito cuando sabemos lo que este significa para cada uno. Por eso, es imprescindible que nos apartemos de los mandatos sociales y nos interroguemos acerca de nuestros deseos. Pero recordemos también estar pendientes de las posibles consecuencias negativas de que estos se concreten. Será preciso que reconozcamos conscientemente nuestros temores, para que estos, desde un nivel inconsciente, no vayan a tendernos una trampa.





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