La madre de Ian Cabrera se presentó en el establecimiento educativo apenas escuchó las sirenas y los gritos. Al principio, como tantos otros padres, buscaba desesperadamente información entre la multitud, sin imaginar que el operativo policial se centraba específicamente en su único hijo.
El shock fue total cuando las autoridades le confirmaron la noticia dentro del colegio. Testigos aseguran que los gritos de la mujer se escucharon en toda la cuadra, mientras los médicos intentaban asistirla en medio de una crisis de nervios tras el fatal desenlace del ataque armado.

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Una notificación oficial en medio del horror escolar
La reconstrucción indica que la mujer fue apartada del resto de los padres para recibir el parte médico. Ian tenía 13 años, era hijo único, jugaba al fútbol como arquero en un club local y era fanático de River.

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Su historia, que hasta ese día transcurría entre la escuela, el deporte y su familia, quedó brutalmente interrumpida en cuestión de segundos. El dolor también atraviesa a su papá, Hugo Leandro Cabrera, quien hace un par de días había hecho una publicación sobre un tatuaje con su nombre.

El acompañamiento psicológico: clave para una familia destrozada
La justicia de Santa Fe dispuso acompañamiento psicológico permanente para la mujer y su círculo íntimo. Mientras San Cristóbal intenta procesar la tragedia, el foco está puesto en la contención de esta madre que perdió lo más importante en un lugar que debía ser seguro para él.
