La señora se dio cuenta de que estaba siendo estafada, acudió con un gendarme y logró que le dieran el ticket correspondiente.


El local de cobros de impuestos y facturas que estafó a decena de vecinos de zona sur alguna vez estuvo autorizado a prestar esos servicios. Sin embargo hacía rato que había perdido la licencia. Una de las víctimas explicó el modus operandi de esta pareja de delincuentes.

Celia es una docente jubilada que hace changas dando clases de apoyo a alumnos. Hace dos años había acudido al local de Rueda al 1000 a pagar la cuota del colegio de su nieta, sin embargo se encontró con que no le daban el ticket porque “todavía no había impactado el pago”.

Allanaron un local de la cadena Rapipago en Rueda al 1000. (Facebook)

Volvió al día siguiente y tampoco se le dieron. Le pidieron un teléfono para notificarla cuando estuviera el ticket, pero nunca la llamaron. Entonces decidió regresar acompañada de un gendarme que era el padre de uno de sus alumnos. “Recién ahí me lo entregaron, pero entonces me di cuenta que eran unos estafadores y les dije a los que hacían la cola, contó a Radio 2.

Así fue como empezó a prestarle más atención a la pareja que atendía el negocio, ambos de unos 60 años, oriundos de Villa Diego y “con cara de buenos”. De este modo los encontró varias veces yendo a pagar gran cantidad de facturas e impuestos a un Rapipago de la vuelta.

“No es que no pagaban nada, algunas cosas de las gente iban a pagarlas a la vuelta, y otras no”, señaló. De esta forma trataban de levantar menos sospechas y prolongar así su ardid que, según la vecina, funcionó durante más de dos años.






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