Desde septiembre del año pasado una abogada y un ingeniero recorren los mares en una nave sin motor. Es una vida simple, pero apasionante cada día, sintetizan para reflejar su aventura.


Ella es Silvina Fernández, tiene 27 años y título de abogada. Él, Wenceslao Trapiella, tiene 29 y es ingeniero. Desde su velero, fondeado en una isla al sur de Cedeña (Italia), dialogaron con Radio Facundo Quiroga y contaron los pormenores de esta aventura que es, sin dudas, el sueño que miles han tenido pero que muy pocos se atreven a llevarlo a la realidad. “Se puede vivir muy felices con mucho menos de lo que uno cree”, comentaron como protagonistas de una conmovedora historia de libertad, coraje y amor.

Wenceslao y Silvina disfrutando su velero, nave y hospedaje para sus sueños.

Estos jóvenes son oriundos de Verónica, una localidad bonaerense distante unos 100 kilómetros de La Plata. Están en pareja hace 11 años y para llegar a esta enorme aventura, antes hicieron otras experiencias como haber viajado de mochileros, o alguna vez recorrer Uruguay en un Fiat 147 a gas. Lo fueron planificando durante varios años hasta que en septiembre del año pasado decidieron lanzarse; soltar amarras.

“Ya llevábamos varios años de habernos recibido y estábamos trabajando bien con buenos ingresos”, cuenta Silvina. “Luego mi papá nos cedió un terreno en donde construimos unas cabañas, en Verónica, que alquilamos y que nos genera el ingreso con el cual vivimos hoy”, agrega y reconoce que “con la devaluación del peso, esos recursos cada vez sirven para menos. Actualmente sólo nos alcanza para lo que comemos”.

Pero no lo expresa con preocupación. “No necesitamos mucho más. Viajamos en el velero que no tiene motor así que nos trasladamos gracias al viento y en él tenemos hospedaje”, explica con naturalidad. Y durante la charla insiste en un mensaje que pretenden transmitir: “La vida es hoy. Así que buscamos estar más conectados al presente. Tener en cuenta las cosas lindas de cada dia y ser agradecidos de ellas”.

Un momento de rélax en el viaje de Silvina y Wenceslao.

Wenceslao comenta que “después de mucho investigar llegaron a España donde pudieron comprar un velero de 31 pies, en muy buen estado, fabricado en los años 70. En Argentina tendríamos que haber pagado el triple por su compra. Aquí nadie ya los usa tan antiguos, pero para nosotros es un lujo, nos da todo lo que necesitamos”. Como ingeniero comenta que disponen de un aerogenerador eólico “para que funcione la heladera. Instalarlo nos costaba 2.500 euros y nosotros lo conseguimos comprándolo por internet desde Alemania por sólo 250 euros y lo instalamos nosotros mismos, como solemos hacer los argentinos, con ingenio”. Luego aclara: “Por más que estudies mucho, solo la experiencia te hace un buen náutico”.

Esa experiencia arrancó el 23 de septiembre del año pasado cuando llegaron a España y en sólo una semana ya habían comprado el velero. “Por el momento el viaje no tiene límites”, explica Silvina y profundiza. “Esto te enseña a hacer todo tranquilo y con paciencia. Nos lleva el viento, literalmente. Nosotros necesitamos cruzar a Túnez y como no hay vientos tendremos que esperar aquí uno o dos días hasta que estén dadas las condiciones para navegar”.

Cuando dice “aquí” se refiere a una pequeña isla al sur de Cerdeña desde donde tuvieron la comunicación vía whatsapp con Radio Facundo Quiroga, de Resistencia. También menciona la exigencia física de navegar, porque “en el Mediterráneo los vientos cambian de dirección con frecuencia” y ellos tienen que estar al pendiente para que el rumbo siga siendo el correcto. “A mí me gusta más navegar de noche, mientras Wenceslao descansa y él retoma el timonel de día. Nos vamos turnando”.

El velero, en definitiva, tiene un camarote, un baño y una cocinita. “Es bastante sencillo, pero para nosotros es más que suficiente, es cómodo”, admite Silvina y da más detalles. Cada uno tiene sólo 4 mudas de ropa. “Es que vas aprendiendo que cuando menos tenés, menos necesitás de algunos objetos que el sistema capitalista te los hace ver como indispensables, como, por ejemplo, un plasma. Nuestros lujos pasan por disfrutar noches estrelladas verdaderamente mágicas o comprar una patita de jamón crudo que no requiere estar refrigerado. Es una vida simple pero apasionante cada día”.

El sueño de dar la vuelta al mundo en un velero, hecho realidad por 2 jóvenes argentinos.

Su travesía la van contando en Facebook, Instagram y You Tube en la cuenta “Navegando por el Globo”. En estos meses ya han encontrado muchos otros argentinos en aventuras similares. También franceses, suecos, ingleses, candienses – por mencionar algunos – que van compartiendo las experiencias gracias a las redes sociales. En el timbre de voz se les escucha cuánta plenitud están experimentando. Profesionales, soñadores y corajudos están haciendo un posgrado con el que miles alguna vez habrán soñado. Una maestría de vida.






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