El canciller argentino Santiago Cafiero y su par chileno Andrés Allamand escribieron en forma conjunta una columna de opinión en la que destacan la “profunda hermandad” entre ambos países, con la intención de descomprimir la tensa situación de los últimos cuatro meses.

La relación política bilateral sufrió un sobresalto el 28 de agosto pasado cuando la administración chilena de Sebastián Piñera publicó un decreto que pretende proyectar la plataforma continental de ese país sobre una zona reconocida a la Argentina desde 1984.

Esa tensión subió otro escalón el 22 de noviembre por críticas declaraciones del embajador argentino en Santiago, Rafael Bielsa, sobre los resultados que arrojaron las elecciones de ese país y la eventual victoria en segunda vuelta del derechista José Antonio Kast.

Ahora, en diarios de las capitales de sus países, los cancilleres resaltaron que Argentina y Chile “comparten lazos de fraternidad desde sus orígenes como repúblicas, en los albores del siglo XIX”.

El jueves, Alberto Fernández habló con el presidente de Chile, Sebastián Piñera (Telám).

Cafiero y Allamand señalan también que la historia que hermana a los dos países se forjó en las luchas de independencia encabezadas por Bernardo O’Higgins y José de San Martín, cuyos destinos se unieron en las gestas de Chacabuco y Maipú y en el Ejército Libertador del Perú.

Indican también que ya en el siglo XX, un gran hito fue el Tratado de Paz y Amistad de 1984. El 29 de noviembre pasado se cumplieron 37 años de ese instrumento que permitió cimentar la paz entre Argentina y Chile.

Y sostienen que la conmemoración cobra más relevancia aún si se recuerda que los dos países llegaron al Tratado de Paz luego de momentos álgidos que nos acercaron al abismo de un conflicto armado.

“Desde entonces la Argentina y Chile consolidaron un proceso de integración sin precedentes. Pasamos de garantizar la convivencia a ejercer una voluntad sostenida de configurar una relación de naturaleza estratégica”, dice el texto.

El presidente Alberto Fernández con Sebastián Piñera.

En el siglo XXI, el Tratado de Maipú de 2009 representó otro eslabón central en la estructura de la relación bilateral. Reflejó la decisión firme de ambas naciones de avanzar hacia una mayor integración binacional, con nuevos mecanismos y espacios de cooperación.

Los cancilleres también afirmaron que la Argentina y Chile tienen hoy una vinculación de notable diversidad y densidad en distintas áreas bilaterales. “Es una base sólida para proyectar el futuro”, dijeron.

Y citaron, por ejemplo, los avances registrados en los últimos 30 años en materia de infraestructura física y conectividad. La facilitación fronteriza. El aumento del comercio y las inversiones. La integración subnacional entre las provincias argentinas y las regiones chilenas.

Asimismo, la cooperación en ciencia, tecnología y cultura. O los circuitos turísticos integrados. Otro tanto podemos señalar en el ámbito de la seguridad y la defensa.

En el continente antártico los dos países también cooperan intensamente. Las Fuerzas Armadas llevan adelante todos los años una Patrulla Combinada y promovemos la creación de un área Marina Protegida en la península antártica, una de las iniciativas más relevantes en materia de protección de la biodiversidad a nivel mundial.

También indican que la visita de Estado del Presidente Alberto Fernández a Chile, en febrero de este año, representó otra instancia relevante de nuestras relaciones. Los gobiernos acordaron un trabajo conjunto para reactivar las economías y mitigar los efectos de la pandemia.

También firmaron acuerdos para facilitar la vida cotidiana, el comercio y el turismo, como el de Reconocimiento Recíproco y Canje de Licencias de Conducir y controles integrados de frontera. Y se convino en impulsar el Proyecto Humboldt, primer cable submarino que unirá a América del Sur con Asia y Oceanía.

En ese contexto, indicaron que “cualquier controversia que pudiere existir entre uno y otro país debe ser solucionada en el marco del diálogo y la solución pacífica de las controversias, tal como lo dispuso, justamente, el Tratado de Paz y Amistad de 1984″.

Y remarcaron que “ninguna desavenencia ocasional puede alterar la amistad profunda entre nuestros países: se apoya en un macizo entramado que fuimos construyendo paso a paso durante décadas. Ese entramado es la garantía de nuestra relación futura en beneficio de nuestros pueblos”.