Jesús Aguilera (21) estaba a cuatro meses de quedar libre. Había dicho que tenía problemas con otros presos. Su mamá y su hermana dieron detalles.


La familia Jesús Emanuel Aguilera, el chico de 21 años de General Pico, La Pampa, que murió en un confuso episodio en la cárcel de San Luis, asegura que lo mataron y exige justicia. 

“Es imposible que mi hijo se ​haya suicidado. Él estaba muy contento porque faltaban cuatro meses para que recuperara la libertad. A mi hijo me lo mataron”, dijo segura Gloria Ponce, la mamá de Jesús, y agregó que va a luchar hasta que se haga justicia. 

Hay un indicio que es clave: Jesús recibió la visita de su papá y su hermana el domingo, ese día, él -en confidencia- le contó a su hermana, Noemí Aguilera, que había tres internos de su pabellón con los que tenía problemas. 

Jesús falleció el lunes 9 de enero en terapia intensiva del hospital de San Luis. Tenía el 80% de su cuerpo quemado. Oficialmente se informó que el joven había prendido fuego el colchón de su celda el domingo cerca de las 21, lo que le había provocado las heridas, sin embargo, la familia descree totalmente esta versión. 

“Tengo muchos motivos para estar segura que lo mataron”, dijo Gloria en una charla exclusiva con Vía País. “Primero, por lo que le dijo a su hermana. Segundo, estaba contento porque ya salía, me había llamado unos días antes y me había dicho que estaba bien porque lo habían pasado a un pabellón Cristiano, que es lo que yo quería, y que pronto íbamos a estar juntos fuera de la cárcel. En el pabellón Cristiano me lo mataron”, dijo. 

Tercero porque cuando le pedí explicaciones al Jefe de la penitenciaría no supo qué decirme, agachó la cabeza y se fue custodiado por dos policías. Ya le hicieron la autopsia y no me dieron los resultados, tampoco el Acta de defunción”, agregó Gloria. 

Cuarto, otros internos nos contaron que lo habían matado“, siguió con firmeza la mujer. Y reveló que personal de Derechos Humanos del penal también desconfía de la versión oficial. 

Otra cosa que llamó poderosamente la atención de la familia es que  cuando fueron a verlo a Jesús al hospital estaba tapado hasta los hombros con tres frazadas. En el momento, por el dolor y porque su piel estaba tan frágil que casi no se animaban a tocarlo, no lo destaparon para ver si tenía más heridas que las del fuego, pero después del fallecimiento, se dieron cuenta de que eso tampoco “cierra”. “¿Cómo puede ser que si está todo quemado haya estado tapado con colchas?”, se preguntó la hermana, “debería haber estado vendado”, arrojó. 

Jesús cumplía una condena de dos años por hurto. 

La última visita a su hermano 

Noemí contó a Vía País cómo fue la visita a su hermano. “Fue rara, estábamos tensos. Antes de irse Jesús me contó en confidencia que había tres presos con los que tenía problemas”. Ella no recuerda exactamente las palabras que usó él, pero “fue como que los otros tres querían marcar territorio, que lo querían pasar por arriba a mi hermano“, dijo. 

La joven recordó que Jesús le dijo que había tres adentro que lo estaban esperando. Es por eso que la familia está segura que lo mataron. 

Antes de despedirse se dieron un abrazo fuerte, se pidieron que se cuidaran y se encomendaron a Dios. 




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