Las guardó por 38 años y en esta fecha tan significativa quiere agradecerles a dos niños, hoy hombres, el aliento que les dieron en el campo de batalla.


A 38 años de Guerra de Malvinas, Víctor Manuel Segundo Maldonado, teniente coronel retirado del Ejército y excombatiente, quiere reunirse con dos santiagueños que en su niñez le escribieron una carta.

Hoy tienen de más de 40 años y sus nombres son Néstor Alberto Paz y Darío .S. Nassif, que por entonces cursaban la primaria en la escuela Sarmiento de la ciudad capital. “Lo que ansío decirles es que esas cartas no cayeron en el mar, sino en mis manos y que las conservo con mucho afecto”, expresó el militar oriundo de Santiago del Estero y que hoy vive en Córdoba.

“Estas cartas las conservé cuando llegaron a mi poder, las tuve mucho tiempo hasta que un día decidí publicar un libro ‘Prisionero de guerra 565’ que fue una catarsis, porque lo hice a lo largo del tiempo, después de Malvinas. Estuve escribiéndolo hasta que en 2007, a 25 años de la guerra, una fecha importante, decidí publicarlo. En ese libro, hay un capítulo ‘Cartas Malvineras’, donde transcribí las cartas de los chicos que tuve la suerte de que algunas cayeran en mi poder, entre ellas dos de chicos santiagueños”.

Víctor tiene 67 años, está casado, tiene tres hijos y dos nietos. Recibió esas cartas que los pequeños en las escuelas escribían para manifestar su apoyo al “Soldado Argentino”. 

Víctor Manuel Segundo Maldonado busca a quienes enviaron cartas a soldados de Malvinas

“Con el tiempo me entró la necesidad de reunirme con ellos. Vi en algún lugar del país, el reencuentro de gente que estuvo en Malvinas con quienes les escribieron, y la carta era el nexo. Se me ocurrió que sería lindo algún día poder verles la cara. Lo que ansío decirles es que esa carta no cayó en el mar, sino en mis manos y que las conservo con mucho afecto”, confesó.

“Como estamos en vísperas del 2 de abril, estas noticias de Malvinas tienen mayor relevancia y creo que esta sería una buena oportunidad para reencontrarnos”, agregó.

“Nunca antes había intentado contactar a estos dos niños, hoy hombres de más de 40 años”, apuntó.

Así decidió acudir al diario El Liberal, de su provincia, para tratar de hallar a estas dos personas. “El cariño y el apoyo de esos chicos, les daba fuerza y valor“, contó. “Hay una pequeña historia en Cartas Malvineras, donde rescato la importancia que tenían las cartas que llegaban a Malvinas. Como ejemplo, recuerda que tenía un suboficial que esperaba cartas de su familia y no le llegaban, y estaba mal anímicamente. Entonces nosotros aprovechábamos que nos llegaban miles de cartas y las repartíamos al azar entre la tropa, y realmente nos motivaban mucho. El leerlas te levantaba el ánimo, y sentías la necesidad de responderles, de hacer una devolución. Algunos lo hicieron, no fue mi caso”, manifestó.

En su diario de guerra, hizo una anotación dolorosa: “Hoy es el día más triste de mi vida. Se rinde la plaza de Malvinas!”. Pero también con un mensaje de esperanza, quizás premonitorio de la historia posterior: “¡Hoy nace una nueva Argentina! Dios quiera que sea así”.

“Ese día fue tremendo, una angustia tan grande, fue muy triste al punto de que se me cayeron las lagrimas, no quería que me vieran llorar los soldados por eso me oculté. Lo hice junto con el oficial que me secundaba, un subteniente de apellido Oliver. No lo podíamos creer, nos pusimos a llorar a ocultas, para que no nos vieran los soldados. Fue muy triste, escribí algo relacionado con eso en el libro y lo titulé ‘Lágrimas de junio’, fue un día muy triste”.

“Lo que falló en este caso, fue la estrategia militar, pero la táctica, trabajaron muy bien. Todo lo que se hizo a nivel táctico fue muy valorable, con mucho sacrificio y esfuerzo, eso es incuestionable. Ahora, las decisiones del más alto nivel, y si uno puede entrar a cuestionar algunas cosas, y es un tema largo para hablar”.




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