Viento Norte en Jujuy: el riesgo no empieza cuando comienzan a soplar las ráfagas
En Argentina solemos decir que todo se puede "atar con alambre". Hasta que llega el viento Norte y nos recuerda que la improvisación también tiene consecuencias. ¿Será momento de mirar las ciudades identificando peligros, antes de que el riesgo se convierta en accidente? Por Mariana Anabel Sánchez*
El temporal de viento y polvo que azotó a la capital jujeña entre el jueves y el sábado dejó secuelas a la vista, como demuestra el estado en que quedó la marquesina de un comercio, que la fuerza de las ráfagas derribó en cuestión de segundos.(Vía Jujuy)
Cuando el Servicio Meteorológico anuncia una alerta por viento Norte, en Jujuy no solo cerramos las ventanas o guardamos las macetas del balcón. También empezamos a mirar hacia arriba. Observamos carteles, chapas, árboles y cables, con una desconfianza que incorporamos con los años.
No le tenemos miedo al viento. Le tenemos miedo a todo aquello que el viento puede hacer volar. Y esa diferencia cambia por completo la manera de entender el problema.
Como arquitecta especializada en Higiene y Seguridad, aprendí a analizar los espacios desde una metodología distinta: el IPER, Identificación de Peligros y Evaluación de Riesgos. Su enfoque consiste en identificar los peligros antes de que ocurra un accidente; luego se evalúa la probabilidad de que produzcan un daño y la magnitud de sus consecuencias; finalmente, se definen las medidas necesarias para controlar ese riesgo.
Las copas de los árboles parecen no poder soportar la fuerza el viento, mientras se desprenden las chapas de las instalaciones del Club Ciudad de Nieva. El temporal dejó sus marcas en la ciudad.(Vía Jujuy)
Ahora bien, ¿qué ocurriría si aplicáramos esa misma metodología para observar nuestra ciudad?
La primera conclusión sería, probablemente, incómoda. Descubriríamos que el viento Norte no es el principal peligro.
El viento, la Pachamama y las responsabilidades
El viento es un fenómeno natural. Es propio de nuestra geografía, previsible y recurrente. Los peligros son otros: una pared medianera ejecutada sin el refuerzo adecuado, una marquesina sin cálculo estructural, un cartel comercial deficientemente anclado, una cubierta mal fijada, un árbol sin mantenimiento o instalaciones que nunca recibieron las inspecciones necesarias.
El viento no crea esos problemas. Simplemente los pone en evidencia.
Árboles de frondoso follaje, marañas de cables y cartelería colgante que infringe las normas de la ciudad, condiciones previas a las inclemencias del tiempo que hablan de que la vulnerabilidad está presente.(Vía Jujuy)
Meses atrás, el colapso de una pared medianera que dejó una persona herida en el barrio Campo Verde de San Salvador de Jujuy volvió a recordarnos esa realidad. Del mismo modo, cada temporada reaparecen situaciones de riesgo vinculadas con cartelería comercial, toldos, ramas y cables caídos en distintos sectores de la capital jujeña.
La arquitectura enseña que ningún edificio responde únicamente a la función para la que fue concebido. También responde al lugar donde se construye. Y construir en Jujuy significa proyectar en un territorio de valles y quebradas, una geografía de montaña, asentada sobre suelos particulares, ubicada además en Zona Sísmica 3 y expuesta periódicamente a vientos intensos. Ese contexto no es un dato turístico: es un factor de diseño.
Por eso, cuando una pared cede, un techo se desprende o un cartel cae, rara vez estamos frente a un hecho aislado. Detrás de cada incidente suele existir una cadena de decisiones: cálculos que no fueron realizados, detalles constructivos que se simplificaron, mantenimientos que se postergaron o controles que nunca llegaron a concretarse. La Pachamama no negocia la improvisación. El viento tampoco.
Sopló el viento Norte en Jujuy y la ciudad quedó cubierta de polvo en suspensión, a causa de un fenómeno meteorológico propio de la temporada pero que esta vez tuvo inusitada fuerza y duración.(Vía Jujuy)
La seguridad no admite ataduras con alambre
En Argentina solemos decir, casi con orgullo, que todo puede resolverse “atando con alambre”. La expresión habla de ingenio, de creatividad y de la capacidad de encontrar soluciones donde parecen no existir. Pero cuando esa lógica se traslada a la construcción, al mantenimiento urbano o a la seguridad de las personas, deja de ser una virtud para convertirse en una debilidad.
La prevención comienza mucho antes. Empieza cuando un proyecto se diseña correctamente, cuando una obra se ejecuta conforme a las normas, cuando el mantenimiento deja de postergarse y cuando cada actor —profesionales, propietarios, organismos públicos y ciudadanía— comprende que la seguridad de una construcción privada también protege el espacio público.
Una cámara de seguridad capta el momento en que el viento Norte arranca con violencia las ramas de los árboles, en un espacio público de la capital jujeña.(Vía Jujuy)
El viento Norte seguirá soplando sobre nuestros valles porque forma parte de la identidad de Jujuy. Lo que sí podemos cambiar es la manera en que convivimos con él.
El IPER enseña que ningún riesgo desaparece por ignorarlo. Solo puede reducirse cuando se identifican los peligros, se evalúan las vulnerabilidades y se actúa antes de que ocurra el accidente.
Tal vez esa sea también la enseñanza pendiente para nuestras ciudades.
Porque el problema nunca empieza cuando sopla el viento. Empieza mucho antes, cuando aceptamos la improvisación donde debía existir la planificación.
(*) Arquitecta. Especialista en Higiene y Seguridad. MP Y-879 M.M.. 2077.