Adiós a la pirámide clásica: así es la nueva guía alimentaria que lanzó Estados Unidos
La nueva guía alimentaria presentada por el gobierno de Estados Unidos propone una pirámide invertida basada en alimentos integrales, mayor consumo de proteínas y una reducción explícita de los ultraprocesados.
Adiós a la pirámide clásica: así es la nueva guía alimentaria que lanzó Estados Unidos.(Canva)
El gobierno de Estados Unidos presentó una nueva guía alimentaria que redefine por completo la clásica pirámide nutricional. El anuncio fue realizado a principios de enero 2026 por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., junto a la secretaria del Departamento de Agricultura, Brooke Rollins, y propone un cambio de paradigma basado en la consigna de “comer comida real”.
“Los hogares estadounidenses deben priorizar los alimentos integrales y ricos en nutrientes y reducir drásticamente los alimentos altamente procesados. Así es como lograremos que Estados Unidos vuelva a ser saludable”, sostuvo Kennedy durante la presentación, pese a que el funcionario arrastra antecedentes de difusión de desinformación vinculada a la salud.
El anuncio tuvo eco en la Argentina, donde aumentaron las búsquedas sobre la pirámide alimenticia. Así lo da cuenta la herramienta Trends de Google, la cual rastrea tendencias en el popular buscador.
Búsquedas de pirámide alimenticia en Google Trends.(Captura)
El ministro de Salud, Mario Lugones, celebró la medida en redes sociales y afirmó: “Coincidimos con Kennedy en la necesidad de promover ciudadanos más saludables a partir de una mejor alimentación y de una revisión integral de los ingredientes presentes en los productos ultraprocesados”.
Si bien la nueva pirámide no tiene impacto normativo directo sobre las políticas alimentarias argentinas, especialistas advirtieron al medio Chequeado que puede influir tanto en el marketing de la industria como en los hábitos culturales.
Cómo es la nueva pirámide nutricional
La nueva guía reemplaza los esquemas tradicionales por una pirámide invertida, organizada en torno a tres grandes grupos de alimentos. El eje central está puesto en reducir los ultraprocesados y priorizar productos en su estado más natural.
El primer nivel está compuesto por proteínas, que deberían ocupar un lugar prioritario en cada comida. Incluye proteínas de origen animal y vegetal, acompañadas por grasas consideradas saludables.
El segundo grupo corresponde a verduras y frutas, que se recomienda consumir en su forma original, priorizando la frescura y el mínimo procesamiento. La guía sugiere tres porciones diarias de verduras y dos de frutas.
En la base se ubican los granos integrales, ricos en fibra, con una recomendación explícita de reducir significativamente el consumo de carbohidratos refinados y altamente procesados.
La nueva pirámide alimenticia presentada por Estados Unidos(Perfil)
Para Rocío Hernández, nutricionista y directora del posgrado en Nutrición Basada en Plantas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), uno de los principales puntos a favor de las nuevas guías es su claridad: “Es muy explícita en poner el foco en los alimentos naturales, algo clave en un contexto como el estadounidense, donde la mayor parte de las calorías provienen de alimentos altamente procesados”.
En qué se diferencia de la pirámide clásica
La pirámide alimenticia más conocida fue implementada en 1992 y organizaba los alimentos en cinco grupos, con los cereales y derivados en la base y los azúcares y grasas en la punta. En 2011, ese modelo fue reemplazado por MyPlate, que representaba visualmente la proporción de cada grupo de alimentos en el plato.
Según Marianela Aguirre Ackerman, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), mientras que MyPlate reforzaba la idea de equilibrio y predominio vegetal, la nueva pirámide invertida coloca a las proteínas, los lácteos enteros y las grasas como núcleo visual dominante.
Entre las principales diferencias con las recomendaciones anteriores, la especialista destacó:
La proteína pasa a ser el eje central de la alimentación. Se sugiere un consumo diario de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal, entre un 50% y un 100% más que las recomendaciones mínimas previas.
Se promueve el consumo de lácteos enteros.
No se recomienda una cantidad específica de azúcares agregados, aunque se mantiene un umbral operativo inferior al 10% de las calorías diarias, lo que la experta define como una contradicción.
El rechazo a los alimentos ultraprocesados es más explícito, con menciones directas a colorantes, conservantes, sabores artificiales y edulcorantes no nutritivos.
Además del aceite de oliva, se proponen como opciones la manteca y la grasa animal, lo que contradice décadas de énfasis en la reducción de grasas de origen animal.
El debate por el lugar de los alimentos de origen animal
Uno de los puntos más cuestionados de la nueva pirámide es el lugar central que ocupan los alimentos de origen animal. Aguirre Ackerman señaló una incoherencia entre el gráfico y el texto que acompaña la guía: mientras la pirámide jerarquiza proteínas animales, lácteos enteros y grasas, el documento mantiene el consenso de que la grasa saturada no debe superar el 10% del total de calorías diarias.
En la misma línea, la Escuela de Salud Pública de Harvard advirtió que la pirámide agrupa alimentos de origen animal con alto contenido de grasas saturadas —como carnes y leche entera— junto a alimentos vegetales con grasas saludables, como almendras o aceite de oliva, sin diferenciar con claridad cuáles deberían consumirse con mayor o menor frecuencia.
La Asociación Americana del Corazón también expresó su preocupación: “Las recomendaciones sobre sal, condimentos y consumo de carne roja podrían llevar inadvertidamente a exceder los límites recomendados de sodio y grasas saturadas, principales impulsores de las enfermedades cardiovasculares”.
En el caso argentino, Aguirre Ackerman advirtió que “en países con alto consumo histórico de carnes y elevada carga de enfermedad cardiometabólica, una lectura literal del gráfico podría entrar en tensión con los objetivos de salud pública si no se contextualiza adecuadamente”.
El cardiólogo Ariel Kraselnik coincidió en esa mirada y recordó que “los estudios muestran de manera consistente que las proteínas vegetales se asocian con mayor longevidad y menor riesgo de enfermedades crónicas en comparación con las de origen animal”.