Santiago “Tatu” García, el fotógrafo argentino que creció entre cámaras y está entre los 200 mejores del mundo
Desde sus primeros pasos en el mundo audiovisual hasta las campañas para grandes marcas internacionales, construyó una carrera que lo llevó a ser reconocido a nivel mundial. En diálogo con Vía País, repasó su historia, los desafíos que atravesó y los proyectos que sueña concretar.

Santiago “Tatu” García nació para estar detrás de una cámara. Su historia con el mundo audiovisual comenzó incluso antes de que pudiera recordar: cuando tenía apenas seis meses, participó accidentalmente de una filmación y terminó frente a las cámaras porque faltaba el bebé que debía formar parte de la producción.

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La fotografía y el cine forman parte de su historia familiar desde hace generaciones. Tatu creció en un ambiente donde las imágenes eran parte de la vida cotidiana. Desde chico comenzó a acercarse a ese universo: primero como extra y luego como meritorio en las áreas de producción, arte y dirección.

Sin embargo, fue a los 17 o 18 años cuando descubrió cuál sería su verdadero camino. Santiago estudió Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y luego continuó su formación en Motivarte, donde se especializó en fotografía. Sus primeros años estuvieron marcados por el aprendizaje junto a reconocidos profesionales de la industria.
Las figuras que pasaron por su cámara y el reconomiento internacional
Uno de los capítulos más particulares de su recorrido llegó cuando tenía 24 años. En ese momento decidió viajar a Nueva Zelanda, donde durante nueve meses realizó distintos trabajos de campo y juntó kiwis para ahorrar dinero. Con lo que consiguió durante esa experiencia pudo comprar su primera cámara profesional.
Hoy, a los 40 años, Santiago "Tatu”García trabaja desde Argentina para distintos mercados del mundo. Su fotografía se mueve entre la publicidad, el lifestyle, los automóviles, las bebidas, la fotografía de autor y el retrato. Su cámara también estuvo detrás de producciones de figuras reconocidas del deporte, la música y el entretenimiento argentino, como Sergio “Kun” Agüero, Migue Granados, Miranda! y Damián Betular.

Uno de los hitos más importantes de su trayectoria llegó de la mano de Lürzer's Archive, una de las publicaciones internacionales de referencia en creatividad y fotografía publicitaria. Su trabajo fue seleccionado en tres ediciones consecutivas, 2021, 2023 y 2025, para integrar la lista de los 200 mejores fotógrafos publicitarios del mundo.
Su historia y los desafíos de su carrera, en primera persona
En diálogo con Vía País, Santiago “Tatu” García repasó los momentos que marcaron su recorrido profesional, desde sus primeros pasos en la fotografía y los viajes que cambiaron su carrera hasta el reconocimiento internacional.
-¿En qué momento decidiste que la fotografía era tu profesión?
Creo que la decisión la tomé desde el principio, cuando agarré una cámara por primera vez, a los 17 o 18 años. Me acuerdo de sentir que había encontrado algo que realmente me apasionaba. Empecé a estudiar, a dedicarle tiempo, a experimentar. En ese momento era un juego, una forma de expresarme, pero ya tenía bastante claro que quería dedicarme a eso.
Después tuve la suerte de trabajar como asistente de grandes fotógrafos argentinos. Verlos trabajar, entender cómo miraban el mundo y cómo construían sus imágenes fue una inspiración enorme. Me hicieron dar cuenta de que esa pasión también podía convertirse en una profesión. Pero una cosa es querer ser fotógrafo y otra es sentir que realmente podés vivir de eso. Entrar en el mundo de la moda y la publicidad no es fácil. Fueron muchos años de aprender, trabajar, insistir y tratar de encontrar mi lugar.
Creo que el momento en que terminé de sentirme fotógrafo profesional fue cuando las grandes marcas empezaron a apostar por mí. Ahí pensé: 'Bueno, parece que esto que empezó como un juego ya no es joda y también puede ser mi manera de vivir'.
-Con tu formación y trayectoria, ¿cuál creés que fue el momento en que tu carrera dio un salto?
Creo que mi carrera no fue tan lineal como puede parecer cuando ves los trabajos que hice. Cuando tenía unos 26 o 27 años, tuve que dejar la fotografía durante casi dos años por una situación personal. Fue un momento difícil porque tuve que poner mi energía en otras cosas y alejarme de algo que realmente me apasionaba. Pero nunca dejé de pensar en la fotografía. Seguía imaginando proyectos y visualizando cómo retomar mi carrera.
Después de ese parate decidí tomarme un año sabático y salir a recorrer el mundo. Y lo curioso es que, en medio de ese viaje, empezaron a surgir oportunidades para trabajar con Heineken y Perros de la Calle, fotografiando festivales de música en distintos países. Ese fue el verdadero punto de inflexión.
Empecé a encarar la profesión con otra cabeza y entendí que no alcanzaba solamente con sacar buenas fotos. También hacían falta disciplina, constancia, organización y aprender a construir relaciones, pero al mismo tiempo tomarlo con liviandad. A partir de ahí fueron llegando distintos proyectos que me llevaron a recorrer países. Cada viaje me permitió conocer gente, generar vínculos y ampliar mi cartera de clientes fuera de Argentina.

-¿Cuál creés que es el detalle que marca tu trabajo o tu esencia y te distingue de los demás?
Creo que hay una contradicción bastante interesante en mi manera de trabajar. Me encanta armar grandes producciones, pensar cada detalle de una escena, la iluminación, el arte, el vestuario, los colores. Pero al mismo tiempo me fascina la espontaneidad de la fotografía documental.
Haber fotografiado festivales de música, autos en movimiento y situaciones donde todo sucede en una fracción de segundo me enseñó a estar muy atento. Hay momentos que, si no estás en el lugar indicado, simplemente te los perdés.
Y creo que eso lo llevo también a mis producciones. Puedo tener una escena completamente armada, pero cuando llega el momento de fotografiar busco que las personas se sientan libres, que aparezcan gestos, movimientos y emociones que no estaban previstos. Me gusta mucho hacer retratos y conectar con las personas. Encontrar esa sensibilidad o vulnerabilidad que aparece cuando alguien se suelta frente a la cámara.

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Estéticamente me atrae mucho el lenguaje cinematográfico, el uso del color y la iluminación. También me interesa cierta mirada surrealista: mezclar universos opuestos, poner personajes en situaciones donde parecen estar fuera de lugar. Creo que mi esencia está en combinar esos dos mundos.
-Estar entre los 200 fotógrafos publicitarios del mundo, ¿qué significa para vos?
La verdad que es un mimo al corazón. Más allá de que sea un reconocimiento a mi trabajo en fotografía publicitaria, siento que también hay un reconocimiento al artista, a una mirada propia que fui construyendo a lo largo de los años. Y que Lürzer’s Archive me haya seleccionado tres veces me hace sentir que todo ese recorrido, las decisiones y los años de trabajo me están llevando por un buen camino. Es algo que me da mucha energía para seguir.

-¿Qué expectativa o sueño tenés por cumplir en tu carrera?
Creo que estoy en una etapa en la que quiero hacer crecer mi carrera como artista. Siempre desarrollé proyectos personales en paralelo a la publicidad, pero muchas veces quedaron relegados entre producciones, viajes y trabajo.
La publicidad me dio muchísimo: conocer el mundo, trabajar con grandes marcas y vivir experiencias increíbles. Me siento muy afortunado y quiero seguir haciéndolo. Pero también siento que llegó el momento de dedicarle más tiempo a mi propia obra, a ese artista que durante años estuvo esperando un poco más de atención. Hay algo que descubrí haciendo proyectos personales: a veces me llena más la experiencia que se genera alrededor de una fotografía que la imagen final.
Ahora estoy empezando a desarrollar nuevos proyectos. Uno que me entusiasma especialmente es viajar a los carnavales del norte argentino para retratar a sus protagonistas, conocer sus historias y explorar sus tradiciones e identidad cultural. Mi objetivo para los próximos años es concreto: seguir trabajando en publicidad, pero reservar más tiempo para producir, desarrollar y exhibir mi obra personal.
