VIOLENCIA DE GÉNERO

El feminismo también llegó a los cómics

por Aye Iñigo

El cómic fue durante muchos años un ámbito reservado para el público masculino. Sin embargo, hoy en día cada vez más mujeres historietistas narran y dibujan para repensar temas como la violencia de género, el machismo y los derechos de la mujer. Un repaso por las figuras más importantes de un movimiento cultural que aún tiene mucho para contar.  

Una veinteañera que se siente gorda y fea y necesita ser deseada; una embarazada presionada por la visión social de la maternidad o una mujer violentada por su novio pero al que no sea anima a dejar porque “lo ama demasiado”. Todas estas historias podrían ser nuestras, de una amiga, de una compañera de trabajo, pero son, en cambio, batallas que se pelean en las páginas de libros de cómic. Todavía hoy en pleno siglo XXI resulta difícil barrer con el estereotipo de un género literario que ya dio amplias muestras de ser más complejo de lo que se suele pensar. Los actuales movimientos feministas que luchan por la igualdad de derechos de la mujer, encontraron en el cómic un vehículo para transmitir sus ideas y poner en cuestión los mandatos de la sociedad actual.

Aunque es difícil encontrar el momento exacto del nacimiento del “cómic feminista”, los comienzos de los años 70 son considerados su caldo de hervor. Durante esa década surgió en Estados Unidos el movimiento underground, impulsado por protestas a favor de los derechos civiles, la liberación de la mujer y la defensa de la diversidad sexual. La publicación en 1970 en California de It Aint Me, Babe, considerado el primer libro de historieta producido enteramente por mujeres, fue producto de esos movimientos. En la misma época, la escritora española Nuria Pompeia empezaba a publicar sus primeras viñetas en la revista juvenil Oriflama, donde criticaba el machismo imperante en su país.

Viñeta de Poncho fue, la novela gráfica de la historietista argentina Sole Otero que reflexiona sobre las relaciones violentas.

A unos 40 años de su estadio inicial, el cómic con perspectiva de género está hoy en su punto máximo de expresión, subido a la ola de movimientos políticos, sociales y culturales que reflexionan y luchan por los derechos de las mujeres en diversos países del mundo. Según un relevamiento de la editorial de cómic Maten Al Mensajero, en 2017 se editaron en Argentina historietas de 161 autores hombres y de 24 mujeres, mientras que en 2016 habían sido 157 hombres y tan sólo 9 mujeres. “Durante muchos años las mujeres tanteaban el campo de la historieta casi de manera furtiva, como invitadas. La cosa fue cambiando en los últimos años, pero sigue siendo un campo dominantemente masculino y machista en varias dimensiones”, explica Laura Vázquez Hutnik, Doctora en Ciencias Sociales e investigadora del CONICET. Y agrega: “Discursiva, estética y narrativamente la historieta sigue siendo territorio de hombres. Lo que está pasando, sin embargo, es tan fuerte que no sólo avizora el cambio sino lo que es aún más alentador, la transformación de las condiciones de producción del medio y del propio lenguaje. La historieta está cambiando sus modos de decir y de narrar, sus modos de representar y de contar. Y eso en gran parte es porque cada vez hay más y más mujeres sentadas frente al tablero”.

Lo que empezó como un movimiento individual de autoras jóvenes dibujando y contando situaciones de injusticias propias o ajenas, derivó en la conformación de colectivos donde se unieron para hacer que sus voces se escucharan más fuerte. Así, nacieron agrupaciones como Tetatstristes Comics, fundada en Chile en 2015 o Lady´s Comic en Brasil. En la Argentina, el grupo Chiks on Comics surgió en 2008 y continua hasta hoy día reuniendo a historietistas de diferentes nacionalidades que tienen como meta visibilizarse, producir historietas, organizar muestras e intercambiar opiniones. Una de sus fundadoras es la historietista ecuatoriana PowerPaola, cuya novela gráfica Virus tropical acaba de adaptarse al cine. En la película -que llegó este año a las pantallas del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici)- se cuenta la autobiografía de Paola y sus reflexiones sobre la infancia, la familia, los amigos, la adolescencia, el amor y la búsqueda de la identidad personal.

A estas agrupaciones de autoras se sumaron también editoriales independientes de cómic y encuentros internacionales como #comiqueras –que reúne a dibujantes de Latinoamérica– o Vamos las Pibas, un festival de autoras de historietas que comenzó en Buenos Aires en 2017 y que este año tendrá dos nuevas ediciones con publicaciones, charlas, presentaciones de libros e intervenciones. La revista argentina Clítoris, pensada para la divulgación del feminismo queer en forma de cómic, se suma también como otro ejemplo tangible de que las conversaciones sobre feminismo se mudaron a espacios públicos abiertos, autogestionados, donde las hacedoras de cómics encontraron un lugar de encuentro y creación.

Viñeta de la novela gráfica El último día del resto de tu vida, de la autora austríaca Ulli Lust.

Contar lo propio a través de la historieta

En el ring opuesto al estereotipo del superhéroe musculoso que salva a mujeres en peligro y destruye villanos, las autoras de cómic feminista eligen contar historias de mujeres protagonistas que son (o podrían ser) reales. Tal es el caso de la dibujante argentina Sole Otero. Nacida en Buenos Aires en 1985, se formó en la Escuela Argentina de Historieta y trabajó durante muchos años como ilustradora infantil. En 2017 publicó en España y Argentina su novela gráfica Poncho Fue en la que se anima a contar con alta dosis de contenido autobiográfico los pormenores de una relación tóxica, donde el maltrato psicológico y la búsqueda del poder se confunden con amor.

“Es un libro súper catártico de una relación que tuve que fue muy mala. Nunca me había pasado y cuando se terminó me costó muchísimo superarla, me había dejado muy traumada. En el medio de la recuperación hacer el libro fue una manera de hacer terapia. Lo ficcionalicé un poco para no exponerme tanto. Nunca me había pasado de experimentar violencia de género en una pareja. Fue muy sorprendente como yo que siempre había estado segura de elegir bien a mis parejas, de repente salí de la relación y me di cuenta de todo lo que había pasado y como mi personalidad había quedado tan disminuida”, se confiesa la autora.

Revista Clitoris.

De un tenor similar es la novela gráfica El último día del resto de tu vida, de la escritora y dibujante austríaca Ulli Lust. En este cómic –también autobiográfico– la protagonista decide emprender un viaje de rebeldía adolescente por Italia, pero termina sufriendo una violación y dándose de bruces con una sociedad machista donde su cuerpo se convierte en un objeto en función del placer del otro. O Gravidez, de Julia Barata, que ahonda en el estigma de la maternidad, el parto y la familia desde el punto de vista de una embarazada.

¿Por qué el cómic se convirtió en un espacio para debatir sobre feminismo? Según Delius, historietista y dibujante oriunda de Buenos Aires y una de las fundadoras de Chicks on Comics, “las historietas son llamativas porque manejan el dibujo, la escritura y el tiempo; son varias artes puestas en una misma obra narrativa. El discurso visual en estos momentos del mundo en donde los tiempos de lectura son inmediatos y dinámicos puede utilizarse a favor de lo que se quiera decir. Si el contenido del trabajo es feminista se favorece mucho a su comprensión, difusión, a generar preguntas y reflexiones en el lector”.

Inclusiva y comprometida pero alejada de textos demasiado formales o académicos, la historieta se convierte cada día en en una forma más amena de leer sobre temas universales. “Hoy en día hay novelas gráficas que exponen, que denuncian, que levantan la voz. La historieta feminista vino para quedarse y plantar bandera. Para revolucionar desde adentro del campo un orden de las cosas ya fagocitado y enrarecido”, reflexiona la investigadora Laura Vázquez Hutnik. “Hacía falta que suceda este cambio. Desde adentro y hacia afuera, un movimiento consciente que no sólo visibiliza la violencia de género sino que lo pone en jaque. Fue mi propia consciencia la que se vio transformada con este proceso. Así que no puedo estar más que agradecida y en deuda con la lucha que emprendieron colegas y compañeras. Están haciendo historia. ¿Cómo no pensar que el cambio vino para quedarse? Apenas estamos construyendo los cimientos de ese futuro promisorio”.