"Sabían que era mentira": el oscuro trasfondo detrás del joven que apareció ahorcado en una celda de Córdoba
La investigación por la muerte de Tomás Orihuela dio un giro clave en las últimas horas.


El caso de Tomás Orihuela dejó de ser una muerte bajo custodia para transformarse en una causa que sacude a la Policía de Córdoba. Este viernes, el fiscal Andrés Godoy imputó a seis efectivos policiales y sostuvo que la detención que terminó con la muerte del joven fue una privación ilegítima de la libertad basada en información falsa.

La reconstrucción judicial de los hechos apunta a un operativo irregular ocurrido el 26 de abril. Según la investigación, Tomás fue detenido por policías que sabían que las órdenes de captura en su contra estaban vencidas o directamente no tenían validez.
Apenas dos días antes, el joven había recuperado la libertad tras un juicio abreviado en el penal de Bouwer. Pese a eso, los efectivos avanzaron con el procedimiento y ordenaron su traslado. Para la fiscalía, los agentes conocían perfectamente la situación judicial de Orihuela.

La causa también incorporó chats y testimonios que sugieren un hostigamiento reiterado contra el joven, oriundo de barrio Bajo Pueyrredón. La familia sostiene que Tomás era perseguido por patrullas policiales desde hacía tiempo y que vivía con miedo a ser detenido nuevamente.
Entre los seis imputados hay una mujer policía que permanece detenida y es considerada una de las principales involucradas en la maniobra. Según consta en la causa, ella habría tenido un conflicto previo con Tomás meses antes de la detención.

Los investigadores aseguran que, incluso después de ser advertida en la Unidad Judicial de que la orden de captura no estaba vigente, decidió continuar con el procedimiento.
El expediente también complicó a un comisario imputado por encubrimiento agravado. La sospecha es que le habría facilitado su teléfono celular a la principal acusada para que pudiera borrar mensajes que la vinculaban directamente con la detención ilegal.
Uno de los elementos más sensibles de la investigación es un mensaje de voz que Tomás le envió a su madre días antes de morir. “Tengo miedo de que me frenen en algún control y me lleven por nada”, decía el joven en el audio que ahora forma parte de la causa.

Para la familia, ese mensaje demuestra que Tomás sentía que era vigilado y perseguido por efectivos policiales de la zona. Tras permanecer más de cuatro horas dentro de un patrullero, Orihuela fue ingresado a una celda de la Comisaría 6ª alrededor de las 21. Apenas media hora después, fue encontrado muerto, ahorcado con su propio buzo.
Pese a las irregularidades detectadas en la detención, la fiscalía continúa sosteniendo la hipótesis del suicidio. Según trascendió, la autopsia no encontró signos de golpes ni indicios de participación directa de terceros.

Sin embargo, la imputación por “privación ilegítima de la libertad con resultado fatal” representa un cambio clave en la causa. Para los investigadores, aunque Tomás se haya quitado la vida, los policías podrían ser responsables de haberlo colocado en una situación de encierro ilegal que terminó en tragedia.