Empezó de cero en plena pandemia y hoy vende más de 100 tortas por mes: la historia de una cordobesa que se reinventó
Flavia Milanesio quedó sin trabajo y con un bebé de pocos meses en pleno 2020. Sin experiencia en pastelería, comenzó vendiendo productos caseros desde su casa.
La historia detrás del emprendimiento Alto Empacho.(Gentileza)
En diciembre de 2019, Flavia Milanesio terminó su carrera vinculada al turismo. Tenía 28 años, un hijo de apenas unos meses y la expectativa de comenzar una nueva etapa laboral. Pero pocos meses después, la pandemia cambió todos sus planes. Una separación la dejó, según sus propias palabras, “básicamente en la calle”.
Sin trabajo y con un bebé a cargo, necesitaba encontrar una manera de generar ingresos. Así nació, casi por necesidad, Alto Empacho, un emprendimiento que comenzó con productos sencillos preparados en su casa y que hoy se transformó en una fábrica y una escuela de pastelería.
La particularidad es que Flavia nunca se imaginó como pastelera. De hecho, reconoce que no le gusta cocinar. Su talento estaba en otro lado: las redes sociales, el marketing, la administración y, sobre todo, la capacidad de construir una comunidad alrededor de una marca.
El emprendimiento que empezó con unas galletitas
Alto Empacho comenzó a tomar forma en las Pascuas de 2021. Flavia no tenía formación profesional en pastelería y sus primeros productos eran elaboraciones simples, incluso con galletitas comerciales. Pero encontró rápidamente una herramienta que sabía utilizar: Instagram.
La historia detrás del emprendimiento Alto Empacho.(Gentileza)
“Lo que empezó a moverse mucho fue darle bola al tema de las redes. En realidad, ahí es cuando yo la pego”, contó en diálogo con Vía Córdoba. El salto llegó de una manera inesperada. Flavia le llevó una caja de alfajores a Natalia Jiménez, hija de La Mona Jiménez. Ese mismo día, ella llevó los productos a la casa de su padre y el cantante cordobés grabó un video probándolos.
Su reacción quedó registrada en una frase que terminó bautizando definitivamente al emprendimiento: “Wow, realmente esto es Alto Empacho”. “En un día subí 5.000 seguidores y se me explotaron los pedidos. Tenía algo así como 100 solicitudes de mensajes de gente pidiendo ese postre que probó La Mona”, recordó Flavia.
La pastelera que no quería cocinar
Con el crecimiento llegó una decisión fundamental. Flavia entendió que, si quería convertir Alto Empacho en una empresa, no podía hacer todo sola. “Lo que hice fue contratar una chica que sea pastelera y me quedé con el tema de las redes”, explicó.
La división de tareas le permitió concentrarse en aquello que mejor sabía hacer: comunicar, vender, administrar y generar estrategias para hacer crecer el negocio. Con el tiempo, además, comenzó a ofrecer asesorías para otros emprendedores sobre marketing, costos y herramientas digitales como Canva e Instagram. El emprendimiento dejó de depender exclusivamente de sus manos y empezó a funcionar como una estructura empresarial.
Casa Foa, el gran salto profesional
La reinversión de las ganancias fue otro de los pilares del crecimiento. Con cada fecha comercial, Flavia destinaba parte de los ingresos a comprar equipamiento: hornos, heladeras y herramientas necesarias para aumentar la producción.
El salto más importante llegó el año pasado, cuando Alto Empacho obtuvo la concesión de la cafetería de Casa Foa, en Argüello. Durante un mes, junto a un equipo de cinco personas, el emprendimiento llegó a despachar entre 300 y 400 porciones individuales de pastelería por día.
La historia detrás del emprendimiento Alto Empacho.(Gentileza)
La experiencia no solo significó un importante volumen de ventas. También le permitió poner a prueba la capacidad productiva de la marca y reinvertir las ganancias. Con ese dinero, Flavia decidió concretar otro proyecto: transformar el quincho de su casa en una escuela de pastelería.
Actualmente ofrece talleres de decoración de tortas, repostería clásica y propuestas como las llamadas “tarteras de pintura”, en las que los alumnos decoran sus propias tortas con pinceles y paletas.
El día que sus clientes decidieron ayudarla
La historia de Alto Empacho tuvo otro capítulo inesperado en diciembre de 2025. En ese momento, Flavia sufrió un violento robo en su vivienda. Los delincuentes se llevaron una importante suma de dinero que había retirado del banco para afrontar aguinaldos, vacaciones y la matrícula escolar de su hijo. También se llevaron pertenencias personales y hasta ropa del niño.
Flavia decidió contar lo ocurrido en sus redes sociales. Lo que sucedió después terminó convirtiéndose en una de las experiencias más significativas de su recorrido como emprendedora.
La historia detrás del emprendimiento Alto Empacho.(Gentileza)
Sus seguidores comenzaron a ofrecerle dinero mediante transferencias para ayudarla a recuperarse, pero Flavia decidió no aceptar donaciones. “No voy a pasar alias porque yo sé que hay gente que no tiene para comer.Háganme pedidos para la fecha que quieran y con esa plata yo pago”, recordó haber dicho.
La respuesta de sus clientes fue inmediata. Algunos compraron productos con meses de anticipación, mientras que otros pagaron mucho más de lo que costaba el pedido para colaborar con la recuperación del emprendimiento.
Alto Empacho: mucho más que seguidores
Para la emprendedora, aquel episodio cambió incluso su manera de entender las redes sociales. “Por más que sea digital todo, hay gente atrás que venía a buscarme los pedidos y me ayudaba”, reflexionó.
Esa comunidad se convirtió en uno de los principales activos de Alto Empacho. Una relación que había comenzado con publicaciones, videos y pedidos online terminó transformándose en una red de clientes dispuestos a acompañar a la marca en uno de sus momentos más difíciles.
Hoy, el emprendimiento produce más de 100 de tortas personalizadas por mes y cuenta con espacios propios de producción y capacitación. Lo que comenzó con una joven sin trabajo, un bebé de seis meses y unas primeras elaboraciones caseras se convirtió en un negocio que combina pastelería, educación, marketing y comunidad.
La historia detrás de Alto Empacho es la de una emprendedora que encontró una forma de reinventarse en medio de una crisis y descubrió que, en un negocio construido alrededor de las redes, detrás de cada “seguidor” puede haber una persona dispuesta a sostenerte cuando más lo necesitas.