Llegó invitado para cocinar en una cena a beneficio en el Windsor. Antes, contó qué define su estilo y cómo logra expresar mucho con pocos ingredientes.


Si le quitáramos el traductor a la conferencia de prensa de Michel Bras en Córdoba, igual entenderíamos la felicidad que le produce hablar de la cocina. Por sus “mmm”, ojos entrecerrados, sonrisas y gestos con las manos, verlo es como estar delante de un bailarín en el escenario: grácil, vivaz, por momentos con palabras que se atropellan de la emoción en un relato.

Michel Bras vino a la ciudad a cocinar en un evento a beneficio de la Fundación Le Sourire, que ayuda a comunidades de Chaco. El link entre el cocinero y Córdoba es una historia de muchos años: es amigo de uno de los dos fundadores de ese espacio solidario que con comidas allá en Francia y en Argentina (Buenos Aires y Córdoba) busca fondos para aliviar la pobreza y la vulnerabilidad en el norte del país.

Las revistas de alta cocina y los geriátricos son escenarios comunes para este chef, conocido como el creador del volcán de chocolate, ese postre que se explota en sabor y temperatura desde hace 30 años.

El coulant fue un trabajo de dos años, con múltilples pruebas y desafíos técnicos, que fue inspirado por un paseo de esquí con su familia y el regreso a casa para compartir un chocolate caliente.

Michel Bras logró tres estrellas Michelin (galardón top de la cocina mundial) durante su carrera y hoy cuenta con igual (o más) entusiasmo que cocina para discapacitados, niños con diabtes y adultos mayores que parecían condenados a comer un “puré” procesado de cualquier alimento.

Las anécdotas fluyen de la boca de este francés un poco rebelde que ubica su cocina entre la del chef y la de mamá. “Yo soy ese cocinero que cocina un poco con nada y eso me destaca”, expresará.

Parafrasea una frase de Pierre Soulages conceptualizando que “mientras más limitados son los medios más fuertes es la expresión”. Así con ingredientes disponibles en la naturaleza y la estación creó hace más de treinta años el Gaourguillou, un plato íntegramente de vegetales que explota en color y sabor.

Entregado a la charla con periodistas locales se “enoja” porque cocineros muy jóvenes quieren dar por establecida su cocina e impronta y en contrapartida valora la experiencia, los años, como base para afianzar un estilo. Dice que “a los cocineros hay que darles tiempo para alimentar su cultura”, y que él no era lo que es hoy ni a los 20 ni a los 30 años.

La presentación que brinda abunda en fotos de la región de Francia donde vive, y mezcla los paisajes con la historia y tradición local. María Barrutia, una de sus discípulas y parte del equipo que lo rodea en esta incursión a Argentina señala que fue uno de los primeros en vincular todo el entorno en un libro de cocina. 

La cena de Michel Bras en Sibaris, el restaurante del hotel Windsor, cuesta 200 dólares y se podrá disfrutar en Córdoba dando a esta plaza el brillo de una luminaria de la gastronomía mundial. O como él prefiere llamar a los de sus profesión: un cocinero es ser un vendedor de alegría. “Somos demasiados serios en la cocina y yo prefiero ser un poco pícaro”, definirá guiñando un ojo.

La cena.  La cena que se realiza el viernes 12 de octubre tiene el mismo espíritu benéfico que los encuentros gastronómicos que se realizan una vez por año en Laguiole, donde está su restaurante, con la presencia de Michel Bras y su hijo Sebastián.

Lo recaudado esta vez, será destinado íntegramente a la Fundación “Le Sourire del Chaco”, que lleva adelante Sergio Calderón, sommelier del Restaurante Bras. La fundación colabora con diferentes escuelas como el colegio aborigen Juan Larrea, que queda en el paraje Tres Estacas a unos 60 kilómetros al oeste de la ciudad de Charata; Pampa Gallegos, Pampa Roldán de Chaco y a la escuela Estación Robersi de Santiago del Estero.

Además, acompañarán esta acción solidaria bodegas de prestigio, que pondrán sus vinos y espumantes de lujo para acompañar cada uno de los pasos.




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