DÍA 15

En la ruta hay un gato muerto. Es negro con manchas blancas. Tiene todas las patitas estiradas como si estuviese buscando un poco de sol. Lo vi a la mañana cuando salí a caminar, está a unos metros de la garita donde venden leña. Todavía no hay olor, me pregunto cómo habrá muerto. Si lo pisaron, si lo envenenaron o si lo atacó algún perro del barrio. No se ve sangre sobre su cuerpo, igual no me quedo a mirarlo mucho. Sigo. Las imágenes del animal muerto justo al borde de la ruta vuelven como fotos a lo largo de la caminata. No sé qué es lo que me da tristeza, pero cuando vuelvo giro la cabeza para el otro lado.

El martes pasamos con mamá, el gato seguía ahí. Ella directamente cerró los ojos, ya empezaba a sentirse el olor. Le digo que tendríamos que llamar a la municipalidad o enterrarlo. ¿Te animas a enterrarlo? Le pregunto.

Le pedimos una pala al del vivero de la esquina y él nos dijo que dejáramos al gato tranquilo, que no nos preocupáramos. Mamá le responde que está muerto, que más tranquilidad que esa no va a encontrar. Mientras caminamos con la pala en mano y gorros en la cabeza por el sol, pienso en lo que dijo mamá sobre la muerte.

Andando por Ruta II

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Todas las cosas que vi en la ruta II

Dos nenas que andaban en bici, se bajaron en el parque Liquidambar a hacer abdominales.
Un tenedor.
Un chico fumando porro en un sillón hecho de cemento que está al lado del club Los Yaros.
El atardecer.
Un nene que le dijo al papá: mirá papá, las semillas son de oro.
Un cartel que decía: vendo lombrices cebo azul, $ 140
El carnet de conducir de Omar González Fierro
Una familia en bicicleta
La entrada de un camping que se llama: Luz y fuerza.
El cielo rosa
La estatua de una tortuga gigante con una caña de pescar.
Pavos reales y carpinchos cruzando la calle como si hubiese semáforo
El amanecer
​Un gato muerto