De vender medialunas en el tren a crear el primer alfajor vegano del país: la increíble historia de Lucía Mariño
La joven emprendedora inició su proyecto con apenas 18 años y un capital mínimo. Hoy, su marca familiar produce más de un millón y medio de unidades anuales.
De vender medialunas en el tren a crear el primer alfajor vegano del país: la increíble historia de Lucía Mariño(Instagram)
La industria de las golosinas en Argentina tiene un rey indiscutido: el alfajor tradicional de dulce de leche. Sin embargo, los hábitos de consumo se transforman y abren paso a historias de nicho que logran escala masiva. En 2014, el panorama era diferente. Con solo 18 años y una inversión inicial de $700, Lucía Mariño recorría el trayecto desde Berazategui hasta la Capital Federal empujando un carrito de compras repleto de medialunas caseras de origen vegetal. Cuando las ferias de fin de semana no alcanzaban para liquidar el stock, los vagones del tren se convertían en su último recurso para recuperar el costo de la mercadería.
Doce años después de aquellas jornadas de venta ambulante, la cocina de su hogar se transformó en una planta de producción equipada con dos líneas de montaje independientes. Su empresa, Un Rincón Vegano, se consolidó como una pyme familiar que ya elabora 1,6 millones de alfajores al año, diversificó su catálogo con galletas propias y logró enviar sus productos al competitivo mercado de los Estados Unidos.
Lucia Mariño, la creadora detrás de Un Rincón Vegano.(Instagram)
¿Cómo comenzó Lucía a vender alfajores?
La motivación detrás del emprendimiento fue, en primera instancia, una necesidad personal. Mariño optó por una alimentación libre de derivados animales a los 10 años y, al crecer, chocó contra la falta de alternativas dulces en las góndolas locales. Al ingresar a la carrera de Bellas Artes, identificó que esa carencia representaba una oportunidad comercial concreta.
Un rincón vegano, la marca de la joven.(Instagram)
Los primeros pasos con el alfajor no fueron sencillos. En los inicios de la marca, las tiendas de alimentos saludables mostraban cierta reticencia a incorporar estos productos debido a que el consumo vegano todavía no se había instalado como una tendencia masiva.
La estrategia para revertir esa desconfianza se basó en el contacto directo: a través de la participación en ferias gastronómicas, los clientes comenzaron a recomendar el producto boca a boca. Ante la respuesta del público, la fundadora decidió discontinuar el resto de los panificados para enfocar la marca en un formato masivo y profundamente arraigado en la cultura local.
El nacimiento de su emprendimiento
El salto de la producción artesanal a la escala pyme se dio de manera gradual y mediante la reinversión de las propias utilidades del negocio. Al principio, los lotes eran de apenas dos docenas de unidades y se distribuían utilizando cajas de empanadas como embalaje. Cuando la capacidad manual de Lucía y su madre llegó al límite, la familia incorporó la primera maquinaria automatizada para el sellado y el bañado de chocolate.
Un rincón vegano, la marca de la joven.(Instagram)
La expansión física también requirió un esfuerzo logístico importante: la casa de la familia se fue adaptando por etapas para dar forma a los galpones actuales. En la actualidad, el núcleo operativo de la empresa está compuesto por cinco integrantes de la misma familia. Para dar el siguiente paso en la escala comercial, la firma se encuentra en la fase final de instalación de un horno túnel de tipología industrial, lo que permitirá incrementar significativamente el volumen de horneado diario.
Uno de los principales retos que enfrenta la marca es la falta de una categoría específica y reconocida para este tipo de productos dentro de los certámenes e instituciones tradicionales de la industria del alfajor, donde suelen competir bajo las mismas reglas que las opciones lácteas tradicionales.
Algunas de las variedades de alfajores.(Instagram)
A esto se suma un cambio en la conducta del consumidor actual. Según el análisis de la emprendedora, el mercado ya no busca únicamente productos que se identifiquen bajo la etiqueta de veganos, sino que la demanda se está desplazando hacia alimentos de perfil más saludable e integral. En respuesta a esta tendencia, el último desarrollo de la pyme es un alfajor integral, elaborado con harina de algarroba y mix de semillas, libre de octógonos de advertencia nutricional y con valores reducidos en azúcares y grasas saturadas.
Además de coordinar el planeamiento estratégico, Mariño capitalizó sus estudios artísticos para diseñar la identidad visual, los envoltorios y la fotografía de la empresa. Tras hacer público su diagnóstico de autismo grado uno, una condición que durante años la llevó a mantener una postura de extrema reserva frente a los medios, la empresaria resalta que el entorno familiar fue el pilar fundamental para sostener el proyecto y anima a otros jóvenes a perseguir sus propias metas comerciales sin temor a los obstáculos iniciales.