Lo que ocurre actualmente en la industria de los fertilizantes a nivel mundial, es un efecto dominó que comienza con el aumento de la actividad económica post pandemia. Las menores restricciones y la mayor confianza de la población generaron una recuperación de la actividad económica. Esto inspiró una suba en el costo de la electricidad y el gas, que son insumos clave para la extracción y producción de petróleo.

Dado que este es determinante para la producción de fertilizantes nitrogenados, se retrajo la producción, y finalmente los fertilizantes subieron a niveles máximos de una década. Algunos fabricantes de fertilizantes no han llegado a su cantidad habitual de producido lo que genera el desabastecimiento y la consecuencia suba de los valores por la demanda sostenida que se impulsa desde la producción agrícola.

Por otro lado, el aumento del consumo a nivel mundial generó mayor demanda logística, que también lidia con costos energéticos mayores. Todo ello hace que la disponibilidad de mercadería se vea reducida, aún con precios tan elevados como los actuales.

Los granos en tanto, que venían en alza, se lateralizan primero y luego comenzaron a bajar, ante una mejora en las relaciones stocks/consumo esperadas. Sin embargo, la suba de la energía permitió traccionar, vía biocombustibles, los valores del maíz y los aceites (el de soja incluido).

APLICACIÓN. Las restricciones cambiarias amenazan con provocar desabastecimiento de agroquímicos y fertilizantes, según las empresas del sector. (Clarín)

En definitiva, en el último mes los precios de los granos no lograron acompañar la suba de los insumos, deteriorando las relaciones Insumo/Producto.

Por el lado del maíz, la relación más perjudicada resultó UAN/Maíz, que desmejoró 48% respecto al mes anterior y 92% frente al promedio histórico. La relación con la UREA, empeoró un 22% respecto al mes anterior y un 80% frente al promedio.

Como el trigo estuvo más firme, la relación con el MAP registró una muy leve mejora versus el mes anterior, pero continúa por encima de la media de 8 años, mientras que en relación a la UREA desmejoró 19% respecto al mes anterior. El bajo uso de estos productos en soja hace que sea irrelevante la comparación, y también que este cultivo no se vea tan perjudicado.

Puede ser que parte del impacto de esta subas de los fertilizantes para el agro argentino en el ciclo 21/22 resultará menor, porque una gran parte de los productores locales ya se aseguraron el fertilizante necesario para sembrar maíz tanto temprano, que ya está avanzando a buen ritmo, como tardío, siendo muy sentido por aquellos que no tomaron sus previsiones a tiempo y donde seguramente aparecerá en forma letal en los bolsillos de los productores cuando haya que planificar la próxima campaña.

Ampliando el análisis al mercado internacional, comienza a ponerse en discusión el impacto que podría tener esta situación sobre la decisión de siembra de los productores en Estados Unidos, que a esta altura del año se plantean si apuestan al maíz o a la soja. El aumento de costos podría retraer la producción de maíz, pero los precios relativos ayudan a compensar la balanza para el cereal. Sin lugar a dudas, el mercado de granos seguirá muy de cerca esta discusión.