El asesinato de la nena en manos de sus tíos llevó a que las autoridades deban decidir la suerte de los otros menores de la familia.


El hallazgo del cadáver de Sheila Ayala en el predio donde vivía su papá y sus tíos el pasado 18 de octubre, además de sorprender a los investigadores, llevó a que las autoridades deban decidir el destino de los otros menores de la familia.

La niña de 10 años desapareció un domingo mientras jugaba en la puerta de la casa de su papá, ubicada en el barrio Trujui, en el partido de San Martín, a dos cuadras de la casa de su tía Leonela Ayala. Una vecina contó que la niña gritó: “Ya voy tía”. El padre no creyó esa versión, estaba seguro de que se la había llevado la madre. La interna de la pareja llevó a que los encargados del caso pusieran su atención en los problemas entre ambos y les quitaran la tenencia de sus hijos antes de descubrir la verdad.

A pocos metros de donde se reclamaba la aparición con vida de la pequeña, yacía su cuerpo entre la basura. Sus tíos, Leonela y Fabián González la habrían asesinado y, luego, arrojado desde la ventana de su casa. Al ser detenidos por la policía, confesaron el crimen. “Nos drogamos y no sabemos qué pasó”, le dijeron a los oficiales pero después se quisieron despegar del crimen.

El cuerpo de Sheila Ayala fue encontrado el 18 de octubre en el barrio Trujui, en el partido de San Martín.

Leonela estaba embarazada y dio a luz al otro día de la detención. Ahora, los funcionarios judiciales decidieron trasladar a los hermanos de Sheila, de 7y 3 años, a un hogar de niños. Mientras que los primos, de 8, 7 y 1 año, fueron destinados a un hogar del interior del país.

Por su parte, el bebé fue entregado a una familia solidaria hasta que la justicia decida si lo da en adopción o se lo revincula con su familia biológica.





Comentarios