Pablo Rodríguez tiene 44 años y vive en Villa Udaondo, partido de Ituzaingó, Buenos Aires, con su esposa, cuatro hijos y su nuera, que está esperando un bebé. En las últimas semanas vivió una situación complicada cuando le robaron en un asalto su herramienta de trabajo: una moto.

Susana Gimenez (@gimenezsuok)

Susana Giménez, que está viviendo en Uruguay, vio la noticia por televisión y decidió solidarizarse con él. Se comunicó telefónicamente a través de una asistente y le ofreció regalarle otra moto en su reemplazo con la única condición de que no hiciera pública su acción. De alguna manera la noticia se filtró y se conoció el secreto, por lo que Rodríguez quiso agradecerle públicamente su gesto.

“Me llamó una chica y me dijo que era la asistente de Susana, que había visto mi historia y me quería ayudar. Cuando pasó pensé que era una cargada de acá a Luján”, contó en una entrevista. Sólo reaccionó cuando lo volvieron a llamar para pedirle sus datos y combinar la entrega del vehículo. Ahí empezó a entender que todo era de verdad: “Ahora tengo la moto acá enfrente mío y me cuesta creerlo todavía. Es una moto hermosa, y es más linda todavía porque es mi fuente de laburo”, comentó emocionado.

Toda esta repercusión y más sabiendo que venía de parte de la diva de los teléfonos, hizo que mucha más gente se acercara para darle una mano en lo que necesitara Pablo y su familia: “Me llamaron de muchísimas provincias del país, y hasta me contactaron argentinos que viven en Estados Unidos para brindarme algún apoyo”, contó.

“Estoy muy agradecido con Susana, y con toda la gente que salió a ayudar mandando donaciones, comprando espejos… Es muy emocionante el nivel de solidaridad que vi, dije varias veces que si todos fuéramos así en el país, saldríamos adelante”, señaló conmovido.

Antes de la pandemia, Pablo trabajaba como mozo en un restaurante porteño, pero con el cierre de los comercios acordó un retiro voluntario a cambio de una suma de dinero que esperaba que fuese suficiente para mantener a su familia por un tiempo.

Entonces decidió salir a vender espejos, haciendo mensajería y entregas a domicilio con su moto a través de una de las conocidas apps de delivery. Esta moto fue su única fuente de trabajo.

A fin de octubre, cuando iba con su hija en moto haciendo entregas con la aplicación, dos motochorros los abordaron, los forzaron a bajarse del vehículo y se lo llevaron. Pablo consiguió el video del robo que había tomado la cámara de seguridad y decidió publicarlo en las redes sociales. “Sin ninguna intención, solo para que la gente se enterara”, cuenta.

Este video se hizo viral en las redes sociales y de allí lo levantaron los medios, por lo que el caso tuvo repercusión pública. Cuando pudo ver la noticia Susana, rápidamente se puso a disposición y lo ayudó a seguir con su trabajo.